cultura

Gustavo Salmerón: “Es la acción la que hace al carácter, pero también las palabras que decimos pueden explicar cómo somos y condenarnos”

El actor y director coprotagoniza 'Encuentros breves con hombres repulsivos', que se escenifica los días 12 y 13 de junio en el Espacio Cultural CajaCanarias de la capital tinerfeña
Jorge Bosch y Gustavo Salmerón, en una puesta en escena de 'Encuentros breves con hombres repulsivos'. / DA

El escritor estadounidense David Foster Wallace (1962-2008) publicó en 1999 Entrevistas breves con hombres repulsivos, un conjunto de 23 relatos entre los que figura el que da título al libro. En ese texto, una suerte de transcripción de entrevistas en las que no figuran las preguntas, y en toda la obra, el humor negro, la parodia, los personajes de algún modo grotescos y de algún modo reconocibles, y una escritura que se aparta conscientemente de cualquier tentativa taxonómica, sirvieron a su autor para mostrar algunas de las miserias de las relaciones humanas. Sobre todo, la misoginia y el machismo. Modelos de masculinidad contemporáneos que vienen de antiguo.

El Espacio Cultural CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife programa el próximo jueves y el viernes, 12 y 13 de junio (20.00 horas), Encuentros breves con hombres repulsivos en su ciclo Primavera en la Fundación. Se trata de una adaptación teatral de Daniel Veronese, que antes presentó en Argentina, Chile e Italia, en esta ocasión interpretada por Jorge Bosch y Gustavo Salmerón. Con este último conversó DIARIO DE AVISOS.

-‘Encuentros breves con hombres repulsivos’ puede ser entendido como un cuestionamiento de patrones masculinos, donde entran el micromachismo o el machismo a secas. ¿Pero cómo definiría usted esta obra que comparte con Jorge Bosch?
“David Foster Wallace ofrece en Entrevistas breves con hombres repulsivos una mirada ácida, un retrato de comportamientos masculinos que se han reproducido toda la vida. Los de hombres que tienen poca conciencia del otro, en este caso, del género femenino. Esos comportamientos están tratados con sentido del humor, con mucha dureza y con mucho realismo, al tiempo que nos resultan muy actuales. Pasa el tiempo y esas actitudes se repiten, se repiten y se repiten…”.

-La obra se caracteriza por presentar situaciones incómodas que no han dejado de estar vigentes en la sociedad. ¿Donde se halla realmente esa incomodidad? ¿En lo que se dice o más bien en lo que se revela de la personalidad de quien lo dice?
“En el teatro se suele afirmar que la acción hace al carácter, algo que, si no me equivoco, ya lo expresaba Aristóteles. Es decir, son los comportamientos de los personajes los que revelan su forma de ser. Una persona puede decir una cosa y, sin embargo, hacer otra completamente distinta. Ahí sería donde se muestra su carácter. Pero, evidentemente, en este caso se da en las dos vertientes. También la palabra condena y explica mucho de las personas. Hay personajes que en apariencia hablan con un discurso feminista, por decirlo de alguna manera, pero sus acciones muestran claramente todo lo contrario. Esa es la riqueza que posee el teatro: los subtextos, los comportamientos que señalan algo que se contradice con el punto de vista que un personaje cree que tiene… Esas contradicciones hace que los personajes sean más poliédricos, más interesantes. Y es evidente que los que más conflictos presentan dan más juego. En este caso, esos tipos, que son tan despreciables en numerosos aspectos, también resultan patéticos hasta el punto de que incluso te puedes reír de ellos, porque son muy extremos. Y es cierto que son actitudes en las que todos nos podemos sentir identificados. Unos con unas partes y otros con otras. La obra se compone de ocho piezas, con personajes distintos, y nos ocurre mucho que, cuando la gente va al teatro a verla, incluso mujeres se sienten identificadas. Esto, claro, es incómodo, porque a lo mejor, en algún momento de alguna relación, tú obraste de una manera parecida a eso que te parece reprobable, criticable. Ahí radica el interés del texto que escribió Foster Wallace”.

“La obra presenta a unos tipos despreciables que pueden hacernos reír, pero también identificarnos con sus actitudes”

-Durante esos ocho encuentros, van encarnando a los personajes A y B, y alternativamente son un hombre y una mujer. ¿Qué posibilidades les permite este desdoblamiento?
“Son pequeñas escenas en las que A, que es el hombre, se expresa de tal manera que ofrece una radiografía de ese machismo y de esa mirada acerca del mundo tan arcaica y tan reaccionaria, y B, que es la mujer, permite que A se muestre tal y como es realmente. Se ha planteado de esa manera porque la adaptación de los textos se concibe como una conversación entre ambos, pero realmente parten de unos monólogos”.

-¿Cómo está siendo trabajar junto a Jorge Bosch?
“Está siendo una delicia, porque Jorge es un actor maravilloso, muy versátil, con mucha verdad. Trabaja siempre desde un lugar orgánico, nada impostado. Además, somos amigos, disfrutamos, nos lo pasamos bien, nos angustiamos con estos tipos tan desagradables, pero a la vez nos reímos de ellos y de nosotros mismos… Está siendo fácil. Llevábamos muchos años queriendo trabajar juntos, porque habíamos coincidido en una serie de televisión [Hay alguien ahí, 2009-2010], y ahora hemos encontrado este hueco para hacerlo”.

“Daniel Veronese plantea un montaje intimista para que el público no sienta la distancia con el hecho teatral”

-Daniel Veronese es el responsable de la adaptación del texto de David Foster Wallace y también el director de la obra. ¿Qué camino les planteó al comenzar a montarla y cómo ha sido ese itinerario?
“Daniel ya la había presentado en Argentina, en Chile y en Italia. Es una propuesta que le apasiona. Un día se encontró con Entrevistas breves con hombres repulsivos en Madrid, en la librería La Central, y el texto de Foster Wallace le atrapó. Casi inmediatamente se puso a pensar en cómo llevarlo al teatro y, tiempo después, tras las anteriores producciones y como le gusta tanto, quiso montar la obra también en España. Con esas experiencias anteriores, tenía muy claro en qué consistía la apuesta, por lo que ha sido fácil poder llegar a la idea de la obra y a entender qué es lo que él quería hacer. Todo ello, desde un lugar muy intimista, para que el espectador no sienta que hay una distancia entre lo teatral y la propuesta en sí. Es decir, que la interpretación sea muy naturalista, muy cercana, sin grandes escenografías… Simplemente, dos sillas y una mesa. En suma, buscar que con muy pocos elementos el espectador logre entrar en el universo de estos tipos que plantea Veronese”.

-¿Qué es lo que busca como actor en un papel? ¿Qué es lo que le hace decidirse a implicarse en un proyecto de teatro, de cine o de una serie?
“Lo primero de todo, la historia. Que me parezca que esa historia merece la pena ser contada y que me guste ser parte de ese elenco. Sentir que puedo aportar a ese personaje y que soy el actor adecuado para encarnarlo. Los errores de casting existen: a veces lees un texto, un guion, y te das cuenta de que tú no eres la persona más idónea para dar vida al personaje. Así que, salvo que lo necesites mucho, que no tengas otros proyectos a la vista, en ocasiones es preferible decir: ‘Creo que este no es un papel al que yo puedo aportarle algo’. Pero, como digo, el primer paso es que el guion o el libreto, la historia, sea contundente y esté bien armado; que te modifique, que te remueva en su lectura y sientas la necesidad de contar ese relato o de ayudar al director a contarlo. Después, también busco que el personaje tenga aristas, un desarrollo en el que yo pueda colaborar para que brille. Hay roles que son muy planos y percibes que el esfuerzo que te va a demandar no vale la pena, porque no se va a plasmar todo ese trabajo de preparación. Lo que busco son personajes que tengan contradicciones y resulten interesantes. También me implico cuando me gusta la visión del director y me interesa colaborar con él, cuando entiendo lo que quiere contar, cuando me siento cómodo trabajando con él. Y lo mismo con los compañeros. Influyen muchos factores”.

“Para asumir un proyecto busco que la historia me remueva y que el papel posea aristas que me permitan hacerlo brillar”

-Como director de cine ha abordado el corto y el largometraje documental. ¿Hay algún proyecto en camino, alguna idea más o menos definida?
“Los proyectos de cine son siempre de largo recorrido. Por ejemplo, desde que se te ocurre la idea hasta que consigues escribir el guion pasa mucho tiempo. Porque, claro, escribir un guion tiene que ver con un oficio, y lo has de ejercer tú mismo o buscar a otros profesionales. Todo el proceso requiere una implicación muy grande. Debes zambullirte completamente en la escritura y en el desarrollo del proyecto, y luego buscar financiación, una productora… En fin, siempre son iniciativas a largo plazo. Sobre todo, cuando se trata de propuestas de carácter independiente como las mías, vamos a decir experimentales”.