Si hay un síntoma que confirma que playa Jardín ha sido abierta al baño es la dificultad para encontrar aparcamientos, algo que no sucedía hace dos semanas atrás, cuando la principal zona de baño de Puerto de la Cruz todavía permanecía cerrada por contaminación de aguas residuales.
La espera por los resultados de las analíticas se hizo larga, demasiado quizás para los vecinos y vecinas y los comerciantes y empresarios del barrio de Punta Brava, los principales afectados por una situación que se extendió once meses. Los primeros, por los malores olores y la “impotencia” de ver una una playa que forma parte de la idiosincracia de todos los portuenses y no se podían bañar por el mal estado de sus aguas. Los segundos, por las importantes pérdidas económicas que sufrieron en todo ese tiempo.
Desde el 17 de junio, cuando las analíticas realizadas por la dirección general de Salud Pública del Gobierno de Canarias confirmaron que el agua era apta para el baño y el Gobierno municipal anunció la apertura oficial de la playa, la imagen del barrio comenzó a cambiar. Hay quienes lo notan más y otros menos, pero la gran mayoría coincide en que desde entonces, Punta Brava vuelve, poco a poco, a recuperar la normalidad.
“Desde el mismo día que quitaron el precinto fue un antes y un después, porque aunque el baño nunca estuvo prohibido, te echaba para atrás. Incluso clientes que el año pasado no vinieron, han vuelto en estos días a comer y a bañarse”, asegura Yanira Hernández, encargada del restaurante Casa Julián, situado a pie de playa.
Fue uno de los pocos establecimientos que resultó beneficiario de las subvenciones que otorgó el Ayuntamiento aunque no fue suficiente. “El verano fue muy duro, hubo que despedir a una persona, y tuvimos que ampliar horario, cambiar turnos y adaptarnos”, añade.
Situado a la entrada del barrio, la Papelería Hernández -más conocida como la librería de Yoya- también sufrió importantes perjuicios por el cierre de la playa. “Logramos sobrevivir a duras penas y nos dimos plazo hasta enero-febrero a ver qué pasaba”, confiesa su encargada, Rosi Yanes.
Ella todavía no nota “mucho movimiento” pero sí “un ambientillo más fiestero y parece que el barrio empieza a volver a la normalidad, por eso tenemos esperanzas”, recalca.
En su caso no pidió las ayudas del Ayuntamiento “porque era mucho papeleo para que lo poco que te daban”, una afirmación con la que coincide Isaac Ceballos de León, responsable del resturante Alhambra.
Su negocio “se ha salvado” porque trabaja con una clientela fija que visita la Isla en invierno. No obstante, la plantilla la componen siete personas de la misma familia y eso es una ventaja y un inconveniente al mismo tiempo “porque cuando hay, hay para todos, y cuando no, alguno se tiene que quedar a comer en casa”, bromea.
El Alhambra lleva 14 años ubicado frente a playa Jardín, en una zona que antaño era uno de los epicentros de ocio de la ciudad, y donde actualmente se localizan cerca de una veintena de tiendas de souvenirs, supermercados, bares y cafeterías.
Isaac confirma que en los últimos diez días “ha habido más afluencia de gente si se compara con el año pasado, pero es verdad que son de aquí, no turistas. Estamos esperando que comience julio, que será el termómetro para saber que si la gente vendrá o no a la playa”.
Próximo a su local se encuentra Nema As Shop, cuyo encargado, Omar Butt, también se muestra cauteloso respecto a la situación. “Estamos saliendo de una racha muy mala, y recién ahora vamos un poco mejor, pero todavía hay que esperar”, certifica.
En la misma línea se expresa Ángel Conesa, propietario de la bodega La Era. “Se nota el ir y venir en la gente, sobre todo los fines de semana. Nos hacía falta que se abriera la playa, era necesario para el barrio y para la mente de los vecinos”. No obstante, añade que hay personas que siguen con miedo y dudando de la calidad del agua. Lo considera lógico, “porque casi de un día para otro nos dijeron que era apta para el baño, es verdad que los vecinos del barrio hemos cogido más confianza”.
V creativa Shop es la tienda que Marina Cuccarolo abrió hace siete años y que tuvo en los últimos doce meses un 70% menos de clientela. En su caso, no ha notado la diferencia pero espera que julio y agosto cambien, ya que todavía es pronto.
Dunia, camarera de la cafetería La Estrella, ha apreciado más movimiento los dos últimos fines de semana. “Ya vemos pasar mochilas y paraguas” y además, los jóvenes les encargan bocadillos y sandwichs para llevar a la playa. Lo mismo comenta Alicia, que trabaja en el bar cafeteria Canaria.
Todos se muestran precavidos con la situación “porque es un proceso lento” y creen que aún no ha llegado la información suficiente, pero tienen esperanzas que la recuperación que comenzó días atrás con la reapertura de la playa, sea la vuelta a la normalidad definitiva del barrio de Punta Brava y del Puerto de la Cruz.
“Se presentaron muy pocos en las dos convocatorias de ayudas”
Para paliar la situación del comercio de Punta brava por el cierre de la playa, el Ayuntamiento lanzó una línea de subvenciones dotada con 100.000 euros y se establecieron diferentes tipos de ayudas en función del número de trabajadores, 10.000, 3.000 y 1.000 euros, con unas bases que se regían con unos criterios y que tenían como objetivo llegar al máximo de beneficiarios. “Hicimos dos convocatorias para trasladar la información, antes, durante y después, pero al final se presentaron muy pocos”, remarca el concejal de Hacienda, Pedro Antonio Campos.





