conversaciones en los limoneros

Raquel de la Cruz Modino: “Cualquier trabajador del sector primario es un ser especial”

Modino es profesora titular de Antropología y ocupa la dirección del Departamento de Sociología y Antropología de la ULL
Raquel de la Cruz Modino
Raquel de la Cruz Modino es antropóloga y profesora titular de la ULL. / Sergio Méndez

Raquel de la Cruz Modino (Santa Cruz, 1979) es profesora titular de Antropología y ocupa la dirección del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna (ULL), conjuntamente con los profesores Josué Gutiérrez Barroso y Grecy Pérez Amores. Estudió Filosofía en la ULL y cursó sus estudios de doctorado en un programa interdepartamental de Geografía e Historia. Realizó un Master en Gestión de Empresas Turísticas. Obtuvo el premio de Investigación Cultural Marqués de Lozoya, que otorgaba el Ministerio de Cultura, en 2009. Posteriormente cursó estudios en la Memorial University, en Newfoundland, Terranova, y en el Norwegian College of Fishery Science, en Tromso, Noruega, gracias a un programa de movilidad posdoctoral y contratada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología. Es autora y coautora de numerosos artículos especializados en revistas nacionales e internacionales. Ha sido una conversación muy agradable con una mujer apasionada del mar, que obtuvo su plaza de profesora titular en la ULL hace tres años. En un momento de la conversación, Raquel se para y me dice: “Es que el mar me tocó y no quiero desligarme nunca de él”.

-¿Y por qué el mar?
“Pues nada más y nada menos que porque forma parte de mi casa, de mi territorio, de mi patrimonio, del paisaje con el que me identifico. El mundo cuenta con mayor porción de mares que de tierras emergidas”.

-Hay algo muy interesante en tu trabajo. Estás estudiando los comportamientos sociológicos de la Villa y Puerto de Garachico, frente a la amenaza del mar. ¿Tienes ya conclusiones?
“Estamos estudiando, gracias a un proyecto europeo, cómo los vecinos de este municipio tinerfeño interpretan y conviven con los mares de leva”.

-Me parece apasionante. Yo quiero mucho a Garachico.
“Pues mira, algunas de las primeras conclusiones se relacionan con la enorme capacidad que tienen las poblaciones locales para convivir con la incertidumbre y los ingentes esfuerzos que, por ejemplo, el empresariado local realiza para reconstruirse cada vez que el mar los golpea”.

-Que es con frecuencia, ¿o no, Raquel?
“Hemos valorado los umbrales sobre los que esta convivencia es posible y esperamos que las mejoras en los sistemas de alerta temprana y otras intervenciones proyectadas, los amplíen. Ahora bien, sin el compromiso de todas y cada una de las administraciones involucradas y sin una comunicación constante y adecuada, esa convivencia puede resultar insoportable en un escenario o en un contexto cambiante, en términos de recurrencia y de previsión de inundaciones”.

-¿Son los pescadores una gente especial? Lo digo en cuanto a sus comportamientos?
“Creo que cualquier trabajador del sector primario es especial, en tanto que mantiene lo poco que nos queda de producción local en las islas, ofreciéndonos una mínima soberanía alimentaria”.

-Pareces triste cuando lo dices.
“Es que me apena que existan enormes confusiones, y muchos prejuicios sobre la pesca profesional y los hombres y mujeres que trabajan en torno al mar. Yo trabajo con profesionales de toda la cadena de producción pesquera artesanal o de bajura. Donde se incluyen desde las mujeres que administran las cofradías de pescadores, las que aún llevan la comercialización del producto, hasta pescadores que salen a faenar, empleando artes de pesca enormemente selectivas y que cuentan con un conocimiento ecológico increíble”.

-Lo dices con admiración…
“Lo bueno es que todos estos profesionales mantienen un contacto y un monitoreo continuo sobre el estado de los recursos marinos. Son imprescindibles para investigadores como yo y para una buena parte del sector de la restauración en las islas. Además, proveen a la población en general de alimentos altamente nutritivos, como las distintas especies de pelágicos y semi-pelágicos (chicharros, especies de túnidos…) que llegan a Canarias”.

(Raquel añade a su respuesta que “no puedo decir nada malo de quien se levanta cada día a las cinco de la mañana para traer comida a casa. Pero quizá deberíamos centrarnos en otro tipo de usuarios de nuestras costas que se dedican a enguarrar el mar y a destruir la vida marina”. Y yo añado que no puedo estar más de acuerdo con la antropóloga).

-Yo te confieso que jamás había escuchado hablar de una ciencia social frente al mar. Para mí es inédito.
“Y yo te digo que por eso es muy difícil explicar a lo que me dedico. Sin embargo, me siento enormemente afortunada por trabajar con esa diversidad de profesionales, entre pescadores, empresarios turísticos, compañeros y compañeras biólogos, geógrafos, ingenieros…”.

Raquel de la Cruz Modino
Raquel de la Cruz Modino es antropóloga y profesora titular de la ULL. / Sergio Méndez

-¿Qué fue lo que investigaste en el Mar de las Calmas?
“Llegué a las costas de La Restinga en el 2003, interesada en conocer cómo la declaración de la reserva marina había podido cambiar las estrategias de trabajo de los pescadores artesanales que faenan en el Mar de las Calmas. Además de su relación con unos recursos que ahora estaban protegidos; y también me interesaba el desarrollo de las actividades de turismo marino en la zona y cómo éstas podrían impactar en el tejido económico local. Además, esta reserva marina había sido creada y era gestionada con una importante participación del sector pesquero artesanal. Era un ejemplo de colaboración entre pescadores, agrupados en torno a su cofradía, las administraciones y mi universidad. Aprendí muchísimo”.

-¿Volviste tras tu primera estancia?
“Sí, para conocer en profundidad cómo las familias, tanto vinculadas al sector de la pesca como al turismo marino, se estaban recuperando tras la erupción volcánica del 2011”.

-¿Cuál fue tu trabajo en Canadá y Noruega, además de casi morirte de frío?
“Pues tuve tiempo de hacer un poco de todo, sí, a pesar del frío. Pero sobre todo me centré en el análisis de la gobernanza de los espacios marinos protegidos, que no es una cuestión que se limite a la gestión, sino que remite a la política misma y a la forma en la que se articula el diálogo entre el Gobierno, el mercado y la sociedad civil, dadas unas necesidades o retos, que pueden ser ambientales o de conservación”.

-Raquel, ¿se puede hablar de una antropología del mar?
“Sí, existe una antropología de la pesca, interesada en estudiar los cambios socioeconómicos y socioculturales en las poblaciones costeras o litorales; y una antropología marítima, desde la que investigamos con una vocación eminentemente aplicada, tratando, por ejemplo, de mejorar la comercialización de los productos de la pesca artesanal y de avanzar en términos de esa soberanía alimentaria que mencionaba anteriormente”.

-Me dijiste antes que a veces es difícil entender tu trabajo. ¿Cuáles son sus aplicaciones prácticas?
“Pues además de asesorar en el diseño de políticas de conservación y gestión pesquera, realizamos multitud de proyectos de sensibilización ambiental y ciencia ciudadana”.

-¿Cómo por ejemplo?
“Mira, con Patricia Aznar y Natacha Aguilar de Soto, hace unos años registramos una APP para reportar avistamientos de cetáceos. Con el grupo de investigación PESCATUR –pesca, turismo y gestión de recursos naturales–, con el que trabajo desde hace más de dos décadas, hemos elaborado planes de desarrollo sostenible de productos o actividades turísticas marinas. Y hemos puesto en marcha varias iniciativas para mejorar la comercialización de los productos de la pesca artesanal o de bajura. Por ejemplo, con el Cabildo de Tenerife trabajamos en la creación de la marca “Pesca Artesanal” que se puede ver ya en algunos mercados y cofradías”.

-Sigues con lo de Garachico, ¿no?
“Sí, pero al margen de ello gracias a la implicación de las doctorandas con las que trabajo actualmente, investigamos sobre características de las interacciones entre distintos usos y usuarios del mar y la megafauna marina para, por ejemplo, dar mejor respuesta ante varamientos de especies como las tortugas marinas”.

-¿Por qué te enamoraste del mar?
“Supongo que haber veraneado toda la vida en Los Cristianos tuvo algo que ver”.

-Y supongo yo que por vivir en una isla, claro.
“Reconozco que me gusta vivir en islas. De hecho, Terranova y Tromso lo son. Hay a quien le encanta visitar grandes ciudades y a mí me apasiona conocer las diversas formas de adaptación, expresiones culturales y apropiación de medios, recursos y posibilidades de vida en los entornos insulares”.

-A veces las islas no despiertan tanto interés como los continentes. O esto me parece.
“Me sorprende la poca atención que reciben los estudios sobre islas, aunque se haga un uso instrumental del hecho insular en determinadas políticas sectoriales. El mar da motivación a nuestra existencia, en un sentido amplio. Así que más que una cuestión de enamoramiento yo creo que hablar del mar implica referirnos a una dimensión constitutiva de nuestro pueblo. ¿Cómo no prestar atención a quienes tienen algo que ver con el océano que nos rodea?”.

(Durante la conversación en los Limoneros hablamos del sentido de comunidad, de que a veces nos olvidamos de las ciencias sociales aplicadas a cualquier aspecto de la vida, de que ella trabaja con gente muy sana y muy sincera, de su estancia en las Islas Solomon, donde intensificó su relación con el mar y con sus gentes. Es una pena que tuviera el tiempo limitado esta mujer que sí está enamorada del mar y de la antropología del mar, que existe y está muy viva. Un día me mostrará sus investigaciones sobre los riesgos, que es algo apasionante, para poblaciones como Garachico y qué es lo que piensan sus gentes. Garachico, atacada por un lado por el volcán y por otro por el mar, como dos amenazas tan peligrosas. Confieso que fue una conversación muy grata, que se prolongó más de la cuenta y que Raquel, incluso, tuvo que salir pitando porque llegaba tarde a una cita con alumnos).

TE PUEDE INTERESAR