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El fenómeno Labubu: cómo unos muñecos ‘feos’ se han convertido en objetos de culto y enfado viral

Los muñecos Labubu han pasado de ser desconocidos a protagonizar una auténtica fiebre coleccionista en redes sociales. Su éxito impulsa a la marca Pop Mart y deja a muchos frustrados por no conseguir la figura del color deseado
El fenómeno Labubu: cómo unos muñecos 'feos' se han convertido en objetos de culto y enfado viral

Los muñecos Labubu, criaturas de ojos grandes, dientes prominentes y aspecto entre adorable y grotesco, se han convertido en los nuevos protagonistas de una fiebre global. Nacidos del universo artístico de The Monsters, creados por el artista Kasing Lung y producidos por la empresa china Pop Mart, estos juguetes coleccionables no solo arrasan en ventas, sino que han transformado la forma en que miles de personas consumen arte, cultura pop y hasta frustración.

El auge de Labubu: de rareza asiática a fenómeno mundial

Aunque comenzaron como una propuesta de nicho, los Labubu se popularizaron gracias a su inclusión en las cajas sorpresa (blind boxes), una estrategia comercial que ha disparado su viralidad. Cada figura viene envuelta en misterio: no sabes cuál te va a tocar. Y esa incertidumbre, lejos de desanimar, ha sido clave para enganchar a coleccionistas, influencers y compradores ocasionales.

En TikTok e Instagram, se multiplican los vídeos de unboxing de muñecos Labubu. Los hashtags como #LabubuUnboxing, #LabubuCollector o #PopMartSpain suman millones de visualizaciones. El formato ha calado especialmente entre el público joven, que los ve como una mezcla entre juguete, obra de arte y objeto de estatus.

El éxito dispara el valor de Pop Mart

El auge de Labubu ha impulsado notablemente el valor de Pop Mart, compañía especializada en diseño y distribución de arte coleccionable. Fundada en 2010 y con sede en Pekín, la marca ha visto cómo sus ingresos se disparaban tras lanzar colaboraciones con artistas como Kasing Lung, Skullpanda o Dimoo.

En los mercados bursátiles, Pop Mart cotiza desde 2020 y se ha revalorizado como símbolo del nuevo consumo cultural en Asia. En 2024, sus ingresos superaron los 1.000 millones de dólares, con Europa y América como mercados en crecimiento.

¿Por qué hay tanta gente frustrada?

El atractivo del formato ciego también tiene su lado oscuro. La distribución aleatoria ha provocado una oleada de enfado en redes sociales, especialmente entre quienes compran repetidamente sin conseguir el modelo o el color deseado.

Una de las versiones más buscadas es el Labubu dorado, presente solo en algunas series limitadas. Otras variantes, como el Labubu blanco o rosa pastel, se han agotado en segundos y se revenden por cientos de euros en plataformas como Wallapop, eBay o Vinted.

En TikTok se han viralizado vídeos de compradores indignados: “Otra vez me tocó el marrón, no puede ser” o “Cinco cajas y ni rastro del que quería”, acompañados de lágrimas o arrebatos cómicos. Algunos incluso denuncian haber gastado más de 300 euros sin lograr su objetivo. El fenómeno ha llevado a Pop Mart a emitir comunicados recordando que el formato es parte de la “experiencia coleccionista”.

De juguete a activo emocional y de lujo

Más allá del enfado, el fenómeno Labubu plantea preguntas sobre el consumo contemporáneo. ¿Por qué estos muñecos generan tanto apego? ¿Qué los convierte en objetos de deseo? Para muchos, no se trata solo de tenerlos, sino de coleccionarlos todos, un comportamiento reforzado por la gamificación y el mercado de reventa.

Cada lanzamiento se convierte en evento, y la escasez intencionada crea una sensación de urgencia. El muñeco, que en tienda cuesta entre 12 y 20 euros, puede alcanzar valores de hasta 500 euros si es raro o exclusivo.

Un fenómeno en expansión

En España, tiendas especializadas y grandes cadenas como El Corte Inglés o Fnac ya cuentan con secciones dedicadas a Pop Mart. La compañía también ha abierto sus propias máquinas expendedoras en centros comerciales, una experiencia que ha llevado a largas colas y vídeos virales.

Todo apunta a que los Labubu seguirán creciendo en popularidad, al menos mientras dure la fiebre por lo misterioso, lo raro y lo “mono-feo”. Eso sí, quien quiera completar su colección deberá armarse de paciencia, suerte… y quizá, algo de dinero extra.