Hace un mes, las patronales de la construcción en Canarias anunciaron que contratarán a 2.000 trabajadores migrantes de América Latina (peruanos y chilenos, de manera preferente), ante la dificultad de encontrar mano de obra local.
En Torre Pacheco, la cacería de migrantes hace de España un país desconocido. Es algo que se ha normalizado en EE.UU., donde Donald Trump no solo organiza deportaciones espontáneas de padres de familias por el color de la piel, sino que se jacta de tener una cárcel en Florida, en medio de humedales, rodeada de cocodrilos (Alligator Alcatraz) para “crueles” latinos, como símbolo del sado-populismo que postula el republicano.
El rechazo al de fuera es la musa favorita de la ultraderecha, el repudio a la horda anónima, a los bárbaros que noveló Coetzee. Y a Torre Pacheco, en Murcia, le ha salido el cazador recolector de hace millones de años. La paliza grabada con móvil a un vecino mayor de edad, bajo la sospecha de magrebíes entre los agresores, desató la montería ultra. El odio al migrante es una nueva teoría del pensamiento político, que exalta esta suerte de pogromos del siglo XXI, con las bendiciones de la Casa Blanca para baduleques. La manosfera y el racismo son dos armas en boga del nuevo poder.
El PP cruzó esa raya con ocasión del reparto en la Península de los menores africanos tutelados por Canarias, incluido el plantón a la ministra Sira Rego (“indecente, un desprecio”, según Clavijo). Pero basta que Vox toque a rebato, para que el voto se vaya con él. En Murcia apoyó los presupuestos con esa condición. Y el PP de López Miras y Feijóo le hizo el rendibú.
Es triste que los disturbios xenófobos salgan más rentables en las urnas que los casos de corrupción. Vale más un Torre Pacheco que Ábalos, Cerdán y Koldo juntos, y lo mismo pasa con la banda de Montoro y la jarca de imputados de los gobiernos impolutos de Aznar y Rajoy, que tanto abochorna a Feijóo justo cuando fardaba de partido sin mácula frente a Sánchez (“aquí no hay mordidas -y vaya si las hay- ni prostitutas”, se defiende torpemente el PP, consternado por sus tragaldabas de cuello blanco). Con todo, lo que hunde la moral en Génova es que Abascal te pinte la cara en Murcia.
Vox está sobrado, es el puto amo del discurso del odio. Y al PP se le nota demasiado el quiero y no puedo. Torre Pacheco es un aviso a navegantes para Canarias, a dos pasos del Magreb. La cultura de buena vecindad de las Islas es mal vista por PP y Vox. Nada les agradaría más que un Torre Pacheco canario contra la invasión marroquí.
¿Por qué julio y por qué Torre Pacheco? Por la disputa del voto racista entre las derechas. El congreso de Feijóo negó a los irregulares el derecho a ayudas, como hace Le Pen (la prioridad nacional), en un desafío ridiculín a su socio consorte. Vox se picó, y saltó con las deportaciones de millones de extranjeros con sus hijos españoles (la remigración), exigiendo el pódium: ser el más radical en la materia. Según la teoría conspirativa del gran reemplazo, la población blanca cristiana será sustituida por musulmanes. Esa es la espoleta.
La primera ración de odio estaba prevista en El Ejido (Almería), en el 25 aniversario de ciertos incidentes racistas. Pero a la nostalgia se impondrían las vehementes algaradas de Torre Pacheco, un nido de migrantes magrebíes en los cultivos de regadío. Dos bandos encapuchados y armados, y asaltos a los restaurantes de kebab. No hay color. La cacería es cosa de grupos ultras en Telegram. El pulso Vox-PP es el primer peldaño de una peligrosa escalada de violencia. En Portugal, la derecha y la extrema derecha pactan estas cosas. Y en Alemania, ¡equilicuá! España no será menos, pero los votos eligen al original, no a la copia. Y de aquí a 2027, el PP puede llevarse un susto demoscópico con Vox.
¿Es buena la idea de Feijóo? ¿Condenar al migrante “que no respeta las costumbres españolas”? ¿Y con la boca chica, la cacería? Los migrantes aportan diez veces más a la Seguridad Social que lo que gastan en servicios, y contribuyen con el 25% del aumento del PIB. En España cae la tasa de criminalidad, pese al mensaje en las redes. Hasta Rajoy consiguió en Europa la exención de visados con Perú y Colombia. ¿Cuándo se jodió este país?
Como decíamos, Canarias recurre a mano de obra peruana y chilena para la construcción. Y los empresarios contratan, pero no contraatacan el racismo. El Banco de España cifra en 25 millones los migrantes necesarios hasta 2053. El odio no trabaja.
A Feijóo se le olvida el origen. Le encanta asociar emigrar y delinquir. ¿Los gallegos en Cuba y Argentina también? Mientras ardía Torre Pacheco, Sánchez viajó a Mauritania, la distante base de esta ruta de cayucos. Más alejados aún, los canarios emigrábamos a América. Y, como recordaba el americanista Julio Hernández García, se le cedía el paso en la acera al retornado: “Pase usted, que estuvo en La Habana”, decían.
