El pasado mes de enero la investigación biomédica latinoamericana perdía a uno de sus insignes figuras, Manuel Elkin Patarroyo, que desarrolló la vacuna sintética contra la malaria y que había desafiado a los grandes laboratorios y farmacéuticas multinacionales, dejando atrás Estados Unidos para trabajar comenzando desde cero desde Colombia, su país natal. “Se empeñó en que la ciencia tiene que estar al servicio de la humanidad”.
Tanto en Tenerife, como en distintos lugares de España y América, hay un profundo respeto y devoción por la figura de Manuel Elkin Patarroyo, por todo lo que ha significado para la ciencia y también por su influencia y mentoría en distintos equipos de investigación y laboratorios de todo el mundo, entre ellos el Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, donde veneraba su figura, fraguó grandes amistades y siempre manifestó que se sentía acogido como en su segunda casa. Campus África ha rendido un homenaje a la excelsa figura del investigador colombiano, que acudió como ponente en múltiples ocasiones, al igual que su hijo Manuel Alfonso, reuniendo a varios amigos científicos.
Basilio Valladares señaló sobre Patarroyo que “científicamente fue un rompedor, porque la idea de hacer vacunas sintéticas, y de estudiar el sistema inmune con los receptores, lo inició él y ahora hay mucha gente que gracias a esa iniciativa están trabajando en líneas parecidas. También fue el primero que elaboró una vacuna sintética con prácticamente nulos efectos secundarios, una cosa extraordinaria, y era baratísima. Además esa vacuna funcionó en los años 80 con mejores resultados de protección que las que se utilizan ahora”.
Admiración
Valladares reconoció que “fue una persona que nos ayudó científicamente, nos apoyó públicamente, nos relacionó internacionalmente con otros grandes científicos y ese empujón fue fundamental para empezar el Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública. Como dice el refranero Es de bien nacido ser agradecido y nosotros tenemos que estar agradecidos a ayuda, trabajo, esfuerzo y a su amistad. Y yo se lo digo, sobre todo a los más jóvenes, nos ayudó desinteresadamente y que de nosotros recibió la admiración, el cariño y la amistad”.
Basilio Valladares también destacó la figura humana del investigador colombiano. “Era una bellísima persona. Todos los problemas que ha tenido, que ha sido muchos, fueron porque siempre se empeñó en que la ciencia tiene que estar al servicio de la humanidad y no para que las multinacionales ganen tanto dinero, y eso le llevó a tener muchísimos problemas. Era muy humano, defendía sus ideas y sus principios hasta el final. Pudo haberse quedado en Estados Unidos con todos los medios que le ofrecieron en el Instituto Rockefeller y otros laboratorios pero, en cambio, prefirió partir de cero trabajando desde Colombia. La ciencia no tenía que estar en manos de tres países, también los países pobres tenían derecho a tener y hacer buena ciencia. Era muy amigo de sus amigos y muy enemigo de sus enemigos y, lo peor es que eran muy poderosos”.
Manuel Elkin Patarroyo, al que le faltó coronarse con un Premio Nobel, pese a estar nominado en dos ocasiones, también fue un hombre familiar y que disfrutó de la vida. “Era una persona que vivía la vida como si fuera el último día. Disfrutaba con sus amigos, era muy alegre y aquí disfrutó lo más grande junto a su familia pues le encantaban los Carnavales, y ver el respeto que había y que la gente podía salir sin ningún peligro a la calle a divertirse, cantar y bailar”.
Valladares recalcó que pudo ser rico y vivir una vida más cómoda pero eligió seguir sus ideales. “Cambió vivir cómodamente por el esfuerzo, la lucha y el bienestar de los demás. Simplemente con que la vacuna que creó la hubiera vendido a alguna multinacional y no la hubiera donado la OMS”. Sin embargo, ese gesto le creó más enemigos y pesaron más las presiones de los intereses privados. “Me dijo más de una vez que fue una pena que hicieran eso, porque creía que la OMS entendería que esta vacuna contra la malaria era para la gente más necesitada”.
Ahora su hijo Manuel Alfonso “trabaja por mantener su legado, sacar las investigaciones y ponerlas al servicio de la humanidad. Deseamos que le salga bien, tiene grandes amigos que estamos dispuestos a ayudarle”.





