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Alberto Darias Príncipe: “La ULL es una de las instituciones más ingratas de nuestro mundo intelectual”

Darias Príncipe es catedrático de Historia del Arte
Alberto Darias Príncipe: "La ULL es una de las instituciones más ingratas de nuestro mundo intelectual"

Alberto Darias Príncipe (San Sebastián de La Gomera, 1945) es un todoterreno de la enseñanza, un investigador riguroso y un hombre que lo sabe todo del arte y la arquitectura en Canarias. Cursó el bachiller entre La Gomera y Gran Canaria y en 1966 ingresa en la Universidad de La Laguna (ULL) para estudiar la carrera de Filosofía y Letras, con especialidad en Geografía e Historia.

Se graduó con el proyecto “Los monumentos de la isla de La Gomera” y posteriormente se doctoró con el tema “Arquitectura de la renovación urbana de las Canarias occidentales”, tesis que obtendría el premio de investigación Agustín de Bethencourt, convocado entonces por la Caja General de Ahorros de Canarias.

Le concedieron el premio extraordinario de doctorado de la ULL (82-83 y 83-84). En la docencia ha recorrido todos los tramos que suelen ir unidos a ella (profesor de clases prácticas, profesor ayudante, profesor titular y finalmente catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna). En lo que se refiere a su labor investigadora, las líneas de trabajo fueron evolucionando según avanzaba su vinculación con la ULL, en arquitectura más que nada: primero, La Gomera; y a continuación, Canarias, España, Iberoamérica y, finalmente, el Magreb norteafricano, además de otras materias como iconografía y patrimonio.

Hace dos años, el Cabildo de La Gomera, en colaboración con la ULL, editó un interesante volumen, escrito por varios autores, ponderando su trayectoria vital y sus trabajos de investigación, como homenaje a un profesor imprescindible en el estudio y en la divulgación del arte, la arquitectura y la cultura en Canarias.


-Pero yo voy a empezar hablando de música. Un día se te cae la casa abajo con tanto disco.
“La música, es verdad, ha sido mi eterna compañera y ha estado presente en algunos de los acontecimientos más importantes de mi vida. Desde muy niño compartí la vida con la música porque mi madre fue una excelente pianista y mi esposa estudió con la concertista Rosa Sabater, en Barcelona. Siempre hay una música para cada momento”.


-¿Clásica?
“Yo me siento más identificado con ella y me cabe el orgullo de que mi proselitismo en los años universitarios consiguió conversiones que nunca esperé que se pudieran llevar a cabo. Durante muchos años compartí la docencia con un programa de difusión de la música clásica en RNE y las páginas de crítica musical en El Día. Me gusta mucho el jazz clásico, la copla, el rock, el country, pero a lo que no he podido acceder es al reguetón, no sólo por su falta de musicalidad sino por el mensaje machista que ofrecen algunos de sus textos”.


-Alberto, ¿existe un arte canario o un arte hecho en Canarias?
“Creo que se trata de una sutileza llevada a extremos”.


-¿Por qué lo dices?
“Hay un arte canario producto del sentimiento sincrético que animó a los artistas a servirse de las múltiples influencias que durante los primeros siglos recalaron en las islas procedentes de diversos lugares de Europa y América. Pero a medida en que las Canarias se insertan más en las corrientes internacionales, las peculiaridades artísticas se diluyen y el Archipiélago pasa a ser un eslabón más en la cultura universal”.


-Tú fuiste miembro del equipo organizador del Simposio del Arte en la Calle. ¿Qué significó aquello?
“Mira, fue un acontecimiento que me cambió”.


-¿Por qué?
“Porque yo, un pardillo con la carrera recién terminada, tuve la ocasión de departir con las mentes pensantes de primera línea como Aranguren, Roland Penrose, Rubert de Ventós, Oriol Bohigas y tantos otros. Cuando los organizadores se distribuyeron las respectivas áreas de acción, pedí el departamento de relaciones públicas, lo que me permitió un trato asiduo con artistas y pensadores que enriquecieron mis parcos conocimientos artísticos y estéticos. Cuando la exposición y el simposio acabaron yo tenía una idea muy clara: era necesario salir de las islas si quería tener una mente más dúctil y siempre renovada”.


(Hablamos del art-decó, que a mí me apasiona. Le pregunto al profesor por lo que queda de él en Canarias y me dice que este movimiento tuvo una representación muy escasa en la arquitectura canaria. Y que algunos arquitectos, como Domingo Pisaca, se apropiaron de ciertas formas decó (curvaturas en los balcones, el uso de antepechos conformados con tuberías, etcétera), “como lo podemos ver en la vivienda número 10 de la calle General Ramos Serrano”. Y sigue el profesor:).


“En consecuencia, las demoliciones no han sido tantas. Podríamos poner algunos ejemplos bastante definidos, como la casa de la Viuda de Fernández del Castillo, en la calle del Castillo de Santa Cruz, o el edificio Regidor, también en esa calle, en el número 55. Pero, siendo más concretos, podemos afirmar que aquí, en Canarias, se trata de un lenguaje epitelial ya que de decó sólo tienen la fachada. Las formas y distribuciones interiores mantienen las pautas tradicionales”.


-Algunos dicen que Italia es la cuna del arte. ¿Es cierto?
“En absoluto. El arte y la cultura occidental tienen sus fundamentos en el mundo greco-latino. Eso no quita para que la renovación estética del mundo moderno se llevara a cabo en Italia, donde durante cuatro siglos (1400 a 1700) se fraguaron los fundamentos estéticos y formales de ámbito europeo”.


-Alberto, la Universidad de La Laguna no fue justa con tu maestro, el profesor Jesús Hernández Perera. ¿Lo compartes?
“Completamente”.


-¿Y tienes algo más que decir?
“Claro que sí, yo diría que la Universidad de La Laguna es una de las instituciones más ingratas de nuestro mundo intelectual. Le entregas treinta o cuarenta años de tu vida y cuando te vas, te ignora. Pasas a ser un desconocido al día siguiente. Con el profesor Hernández Perera la ingratitud fue mayor, pues mayor fue su aportación a la ULL. No olvidemos que durante el periodo rectoral de Hernández Perera fue cuando La Laguna obtuvo su gran expansión, logró nuevas titulaciones –sólo había tres cuando él llegó–, el alumnado se cuadruplicó y con ello las infraestructuras. En su entierro, la ULL no estuvo ni siquiera presente con una delegación”.


-Marruecos ha sido tu debilidad. ¿Existe alguna relación entre el arte marroquí tradicional y el que se hace en Canarias?
“Si exceptuamos algunas concomitancias entre el mundo prehispano y los aborígenes bereberes, desde que las islas Canarias se incorporaron al Reino de Castilla no hubo apenas relaciones entre estos dos mundos”.


-¿Y en cuanto a la arquitectura?
“No negaremos algunas formas similares en la arquitectura, pero estas son producto de la cultura mudéjar importada desde el mundo peninsular. Llevé a cabo varios proyectos de investigación, en colaboración con la Universidad de Guimaraes y la de Rabat, así como con el Instituto Cervantes de Tetuán y de Marraquesh. Los temas a desarrollar fueron la arquitectura y el urbanismo de España en el Protectorado Marroquí. Y la puesta en valor de las fortificaciones hispanoportuguesas en la costa atlántica”.


-¿Qué papel ha desempeñado la Iglesia Católica en la conservación de nuestros tesoros?
“Mira, la Iglesia ha sido la institución gracias a la cual el rico patrimonio religioso ha llegado bastante completo hasta nosotros”.


-A pesar de todos los avatares de la historia.
“A pesar de los cambios litúrgicos, administrativos, sociales, etcétera, sus bienes fueron guardados, consiguiendo con ello ser la institución con mayor tesoro patrimonial del país. La mala interpretación del Concilio Vaticano II marcó una época bastante negativa por una cierta iconoclastia en algunos jóvenes párrocos, pero pasados aquellos años de confusión la política de la Iglesia Católica ha sido la de colaborar con el Estado y con ello dar a conocer tanto sus bienes muebles como inmuebles y archivísticos. Yo tuve la suerte de dirigir el patrimonio de nuestra diócesis como delegado. Durante más de diez años, el Ministerio de Cultura y el de Educación me encargaron la dirección de los inventarios de los bienes muebles de la diócesis de Tenerife”.


-Tus obras, profesor, son también una referencia para el estudio de la arquitectura en Canarias. ¿Es verdad que los arquitectos isleños tienen un don especial en cuanto a estética e innovación?
“No lo creo. Forman parte de un colectivo profesional con un periodo de aprendizaje prolongado. Partiendo de esta base, cada uno va desarrollando su propia expresión, tanto técnica como estética. Durante una etapa, el entorno obligaba a que la arquitectura tuviera ciertas peculiaridades, pero desde que se imponen técnicas como el hormigón armado, todo se homogeneiza”.


-¿Qué aporta la Cátedra José Aguiar, que tú dirigiste?
“Ha sido un buen maridaje entre el Cabildo Insular de La Gomera y la Universidad de La Laguna. Creada en 1992 tiene como base el poner en valor el patrimonio de La Gomera y de manera especial revalorizar la obra de José Aguiar, en estos últimos años frívolamente devaluada por los contactos con el régimen franquista. La comencé dirigiendo yo, pero fue en el periodo tutelado por Jonás Armas Núñez cuando alcanzó una madurez más plena, labor que sigue la misma dinámica con su actual director, Ángel Dámaso Luis León. A través de conferencias, publicaciones y cursos ejerce una labor de difusión, no sólo de la propia isla sino en su aportación a la cultura canaria”.


(Era imposible reflejar aquí toda la extensa labor de este hombre, enamorado del arte, de la arquitectura y de la música. La charla se prolongó hasta la hora del fisio, me parece. Alberto conserva una lucidez fantástica y todavía sigue trabajando y escribiendo, con publicaciones recientes, incluso. No sólo ha sido un profesor extraordinario, sino un hombre dotado de una gran sensibilidad, que ha investigado mucho fuera de España, pero que lleva Canarias en el alma. Y La Gomera, mucho más. Fue una charla en la que hablamos de todo, además de lo que ustedes tienen aquí, que es un resumen. Y, como ven, sin pelos en la lengua. Siempre lo he admirado).

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