tribuna

“No te pido que me lo mejores, iguálamelo”

Si España no fuera esta olla a presión, una sociedad incendiada por la política, el racismo y la desinformación, sería un caso de laboratorio por su envidiable pujanza económica. Pero, dado el clima crispado, los árboles no dejan ver el bosque y, en nuestra realidad deformada, poca gente de buena fe está al corriente de cómo marcha económicamente su país. El tema no está en la conversación.


Este año seremos la economía desarrollada que más crezca (no a causa del turismo, lo explicaré). Y en diciembre de 2026, vísperas de elecciones, España encabezará de nuevo el ranking, por cuarto año consecutivo, o quedará al lado de EE.UU. Una parodia electoral, entre las imaginables, sería Sánchez dirigiéndose a Feijóo, como José Mota: “No te pido que me lo mejores, iguálamelo”.


En la vieja política, Clinton ganó a Bush en 1992 con aquel latiguillo tan manido, “¡es la economía, estúpido!”. Pero si oímos hablar a los líderes del PP, este Gobierno debe caer por haber hundido España, una economía no solo a flote, históricamente poco productiva, sino con el crecimiento más acelerado de Europa y su entorno: el 3,2% en 2024 y el 2,5% que se prevé para este año, holgadamente, por encima de la zona euro, de Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y EE.UU., los grandes colosos. Ya en 2023, el año fáustico, septuplicó el PIB de la media europea, que se dice pronto. Canarias es un ejemplo formidable de este auge.


En el último septenio, tras la censura del PSOE a Rajoy, España no ha parado de crecer. ¿Por qué el FMI, el Banco Mundial y la OCDE la ponen de ejemplo y en casa nos rasgamos las vestiduras? Es el consabido derrotismo español. Pero, como citaba El País, Goldman Sachs (el faro de Wall Street) titulaba un reciente estudio: Cómo España se convirtió en la economía de mayor crecimiento de Europa.


El secreto de los últimos años no reside en el récord de turistas, sino en el mayor consumo de los hogares, la inversión empresarial y -lo que menos agrada a PP y Vox- la afluencia masiva de mano de obra migrante. El milagro español es migratorio, en contra de la ola racista de calado conservador. No es, por tanto, el voto del bienestar lo que invoca esta última, sino el de la revancha y el odio. Calcado al de EE.UU., que ha supuesto, socialmente, el triunfo de la derrota.


Comprobar el prestigio económico de la inmigración desconcierta a la oposición española, pero al New York Times no le pasa inadvertido este experimento socialdemócrata, que “desafía las tendencias occidentales” y demuestra que “una política migratoria generosa no es una amenaza para una nación ni para una economía próspera”.


Lo más meritorio es el escenario, que esté sucediendo ahora, con una guerra en Europa y un tragicómico presidente americano que juega a la ruleta rusa y obliga a las economías del mundo a una travesía con los ojos vendados sobre un campo de minas. A España, menos, porque la cuota de exportación no es muy relevante. (Lo apunto para lo que viene después.)
Dos cosas del sanchismo admiraban en silencio a la derecha española: el liderazgo europeo de Sánchez, tan cercano a la presidenta Von der Leyen, y el crecimiento económico incontestable tras una pandemia. Feijóo, un político no políglota, mordía ese polvo del brillo europeísta español. Pero lo que más duele en el PP, con razón, es el éxito de la receta económica de Sánchez, con Nadia Calviño o Carlos Cuerpo de ministros. Y es que está reciente el mal recuerdo de la etapa de Rajoy en la Gran Recesión por la escalada de impuestos y el empobrecimiento de las familias españolas.


Esas dos balas de plata eran la doble espina clavada del sanchismo en la cultura conservadora que ansía recuperar la Moncloa cuanto antes. La amnistía y la corrupción consumen el resto del duelo. El Match Point al estilo de Woody Allen del 23J de 2023 rizaba el rizo del malabar de la censura con un alarde de funambulismo. Entonces, la derecha se echó al monte con una política de tierra quemada, con el trasunto doloroso de este agosto.
Una de esas dos coronas de laurel del sanchismo ha hecho feliz a la oposición, viendo a Sánchez ausente de las cumbres de Trump con Ucrania y Europa como un socio cancelado.

El réprobo del no a Trump por el gasto militar en la OTAN y los contratos con China permanece en la retaguardia. Pero Lagarde (BCE) le da la razón en la apertura comercial hacia “otras jurisdicciones”, más allá de EE.UU. Y los líderes europeos de la foto del rendibú en la Casa Blanca a la traición de Trump en Alaska pasarán a la historia como la clac de un candidato al Nobel de la Paz que merece el de la Guerra si existiera.


En cambio, es el fulgor económico español, el cénit del empleo, de las bolsas, del consumo, del turismo, de la inversión y de ¡la inmigración! lo que hace de este un momento único. Los americanos deportan y España acoge y crece. Lleva la contraria a todos, pero ya Góngora decía que, en tales circunstancias, valga un refrán: “Ande yo caliente, y ríase la gente”.