por qué no me callo

Pedro Hernández y un sueño noble y generoso

La vieja costumbre de rendir tributos a destiempo requiere retoques urgentes, decirle a la gente en su presencia lo orgulloso que estamos de sus méritos, que les deseamos lo mejor y nos congratulamos de sus logros y éxitos.

A Pedro Hernández Guanir, discípulo de José Luis Pinillos, la resiliencia no le abandona como una fiel compañera de viaje. Este hijo de San Juan de la Rambla, curtido como psicólogo clínico en el País Vasco durante el franquismo, ha enfrentado mil y una batallas. Y ahora, al fin, puede tomar aliento.

Estamos hablando de alguien que ha sido un faro psicológico y cultural para esta tierra, un visionario que se ha topado, en ocasiones, con las astas del destino. Últimamente, la vida le ha dado muy duro, pero, por suerte, los achaques a los 84 le tratan bien, guarda la estampa del joven catedrático pionero de psicología en Canarias que empezó a hacer ruido en los 70 cuando las Islas se desentumecían en aquellos años agitados.

Pronto hará medio siglo de la obra que mejor le identifica, el Natura y Cultura de las Islas Canarias, un libro peligroso, fruto de un equipo de autores valientes, que deslumbró a su prologuista Juan Marichal, como si fuera la llave de “la nueva conciencia canaria”, y al legendario Agustín Millares Carló, que lo publicó en el Cabildo de Gran Canaria. Conviene recordar estas cosas, porque siempre hay olvidadizos.

Ahora, Pedro ve la luz al final del túnel de su lucha por la supervivencia de GEVIC, al convertirse en patrimonio público de la mano del Gobierno canario. La enciclopedia virtual que él concibió y dirigió con un pelotón de innovadores incondicionales desde hace más de veinte años. No era moco de pavo esa aventura digital que trasplantaba el Natura y Cultura al siglo XXI. Costó y acortó vidas. Y era uno de los sueños más nobles y generosos que se recuerdan por estos lares. Brindaba al pueblo el acceso libre y gratuito al caudal histórico y cultural de esta tierra.

Muchos vimos nacer con entusiasmo GEVIC en 2002, un año que comenzó en martes. El año del euro. GEVIC era la Wikipedia canaria, vino al mundo cuando el salto de la tecnología digital, enseguida se popularizó el primer iPhone de Apple. Pero pronto vinieron mal dadas y las hipotecas subprime nos quitaron el sueño a todos, en la triste Gran Recesión, el primero de los apocalipsis contemporáneos.

La aparición este domingo de Pedro Hernández en las páginas de DIARIO DE AVISOS contiene la confesión de los años de dolor con el viento en contra. En la entrevista de Juan Carlos Mateu cuenta la exégesis del proyecto, cómo nadó a contracorriente cuando se le complicó la vida y los que fueron quedando por el camino, su socio Pedro Félix y una saga de afines a GEVIC, como Joxean Coya, Pedro Molina o Manolo Vieira. Sin duda, a Pedro le noqueó, en lo personal, la muerte de su esposa Edurne, víctima de la misma racha de cánceres que arrasó al colectivo de esta enciclopedia numantina.

El Gobierno canario se anota un tanto y hace lo justo. Es un gesto de desagravio para las familias de quienes ya no están para verlo. Pedro, el decano valedor de la canariedad, las ha pasado canutas. Este hombre y su hija Adey han sufrido demasiado, y quienes como ellos han soportado una loza de deudas y acuerdos incumplidos.

Que los árboles no nos impidan ver el bosque. A Pedro siempre se le aplaudían fuera de Canarias los hitos del investigador que escribía libros como Los moldes de la mente, que Amenábar incluyó en Mar adentro. Y habíamos sido testigos de su vertiente literaria, de sus psiconovelas y su mirada divulgativa con un pie en la actualidad. Ha sido para varias generaciones un pilar de referencia.

A Pedro se le suele citar al hilo de las muchas aportaciones que ha hecho en distintos campos. Es un observador muy influyente y precoz de la canariedad. Una vez me contó que su primer artículo, a los once años, lo había dedicado a la transmisión del linaje guanche.

Este paisano respetado y querido merece ahora tener un periodo feliz y sanar las heridas. En pocas comunidades de España hay un Pedro Hernández, un científico desacomplejado que haya buceado como él en la psicología de la identidad.

Las buenas nuevas le den fuerza y vitalidad para seguir sembrando y recogiendo cosechas. No es casual, Pedro. Nada es casual. Edurne ha tenido mucho que ver.

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