opinión

El muro de la Ley Electoral Canaria y el sistema D’Hondt

El mejor argumento para desmovilizar a la gente y lograr que nada cambie en Canarias es la Ley Electoral Canaria y el sistema D’Hond. Ese ha sido siempre el muro invisible que protege a quienes llevan décadas tejiendo redes clientelares. No se trata de democracia, se trata de blindar privilegios. Se trata de que si la alternativa no se une no puedan convertirse en llaves de gobierno, y para que nada altere el equilibrio que tanto conviene a quienes llevan años ocupando las instituciones.

Por eso tiemblan ante la idea de una unidad ciudadana real y de una participación que alcance el 90%. Porque saben que el verdadero peligro no está en que gane un partido u otro, sino en que la gente se una, de izquierda y de derecha, contra los que llevan demasiado tiempo desgobernando.

Canarias no necesita más trincheras. Necesita puentes entre quienes hoy no tienen acceso al poder.

La gente no quiere guerras de egos. La gente necesita una opción fuerte y única en cada isla que haga frente, de verdad, a los que hoy gobiernan. Necesita creer que el destino de esta tierra puede ser guiado por quienes nunca han tocado las palancas que deciden nuestro futuro. Porque a la ciudadanía le da igual el nombre propio, lo que quiere es ver que una Canarias diferente es posible.

Lo que de verdad ayudaría a nuestra gente es abandonar discursos partidistas y ponerse de acuerdo en lo esencial: Que no puede ser que unos ganen muchísimo mientras la mayoría apenas sobrevive a fin de mes. Que el turismo es importante, pero no debe ser un monocultivo que devore todas las demás oportunidades. Que no puede ser que se entreguen sectores enteros de la economía a monopolios que exprimen a todos los demás. Que no puede ser que vivamos atrapados en una Canarias de chiringuito para unos pocos, mientras la mayoría seguimos jodidos.

Si no son capaces, por su ego, de darnos una alternativa, quizás sea la sociedad civil la que deba organizar en las redes una primera vuelta ciudadana. Una forma de poner a buen recaudo los egos políticos y no tirar el deseo de cambio a la basura. Porque si no cambiamos esto nosotros, nadie lo hará y entonces seremos responsables de seguir sufriéndolo.

TE PUEDE INTERESAR