tribuna

Esperando a Godot y el silencio ante la barbarie

En cuestión de horas hemos visto las dos orejas al lobo: Rusia e Israel. Los drones de Putin cayendo sobre Polonia. Los misiles de Netanyahu atacando a Hamás en Catar. Y el vaciado de Ciudad de Gaza por las tropas israelíes para borrar del mapa a los palestinos. Son escenas de septiembre.

Nunca antes nos hemos podido sentir más concernidos por esta doble guerra y el horror de los muertos y el hambre. Una revolución juvenil exprés -no fascista- aupó al poder a una jueza gandhiana en Nepal. Y en Brasil, Bolsonaro fue condenado a 27 años de cárcel por golpista. Las guerras ultras y la libertad, las dos caras de la moneda simultáneamente.

Porque tales hechos sucedieron a las mismas horas. Esa especie de asteroide cayó con gran impacto, mientras en España se ha vuelto crónico que una parte de la sociedad lleve anteojeras para no distraerse con lo de afuera en las guerras intestinas. Optan por ignorar. Ignorar que, estos días, en la cumbre de Shanghái (la mitad de la población mundial y la cuarta parte del PIB del planeta), se forjaba la mayor alianza de potencias nucleares: China, Rusia, India y Corea del Norte. Que, en el desfile de Pekín, sus inmortales líderes se llenaron los pulmones de aire. Y que ya estamos viendo el principio de esa película, con el caótico Trump aislado y acaso enfermo, víctima de sus propios errores, uniéndolos a todos contra él con su infame guerra arancelaria. El ruso y el israelí, los dos jabalíes, no han hecho sino oler la debilidad de Trump y bombardean sus ansias de paz y Nobel.

Conviene saber qué ha pasado en el mundo en las últimas horas. Que a esta Europa a la defensiva, con Francia al borde del desgobierno, le urge levantarse y andar, llevarse bien con China, tentarla con su inmenso consumo y bazar, un mercado en paz, porque es la única capaz de pararle los pies al ruso. Moscú obedece el diktat de Pekín. El señor Jinping, nuestro huésped del Teide, es el nuevo puto amo.

Sentada en la puerta, Europa espera a Godot, como Beckett hacía creer a dos vagabundos tras la Segunda Guerra Mundial. Pero Godot no llegará a la cita. Y Europa no puede seguir sentada.

De la alerta a la guerra hay solo un paso. Del artículo 4 de consultas al 5 del Tratado Atlántico sobre la defensa mutua. El fantasma de la guerra entre Rusia y Europa cobra cuerpo con los drones de Putin, más allá de las sospechas que se albergaban. Seguidos de maniobras conjuntas de Rusia y Bielorrusia, como las que en 2021 precedieron a la invasión de Ucrania. ¿Nos ha puesto Putin a prueba con el espíritu de Pekín y el fiasco de Alaska? Trump ya declina, desbordado bajo su propio tiberio y sin reputación exterior. A los dos les place lo mismo: joder a Europa. Trump ya dijo que “la UE se creó para joder a EE.UU.”

España siempre fue un país acomplejado ante la auctoritas del yanqui. Feijóo marró criticando a Sánchez por rechistarle a Trump, que lo echó del paraíso con cajas destempladas. Reflejaba baja autoestima y falta de sentido de Estado del jefe de la oposición. Ya pasó cuando Milei insultaba al presidente en Madrid. Ahora, envuelto en la corrupción y derrotado en Buenos Aires, no se dice ni mu de Milei en el Oso y el Madroño.

El silencio ante la barbarie de Gaza. Que lo haga Vox es su coherencia, pero ¡que lo haga el PP! ¡Hasta Vox podríamos llegar! Feijóo rechazó con desgaire las medidas de Sánchez contra la compra de armas a Netanyahu, y, 48 horas después, sufrió un desengaño por la sintonía de la conservadora Ursula von der Leyen con el socialista español. La presidenta de la Comisión Europea propuso en la Eurocámara, en el discurso del estado de la Unión, suspender el acuerdo comercial de Europa con Israel. Viendo reconstruido el puente entre Leyen y Sánchez, el líder de la derecha salió con el rabo entre las piernas. Leyen no esperó por el consenso entre los socios (roto un dogma). Dio un golpe sobre la mesa, necesitada de reafirmarse tras las críticas por el pacto arancelario con Trump.

El clamor entre la juventud contra la barbarie israelí (como en la vuelta ciclista a España) y el eco de la flotilla internacional hacia Gaza agitan los ejes políticos. Sánchez lidera una causa socialmente predominante, una protesta generacional, en que la historia juzgará a cada cual por sus actos, mientras el PP niega el genocidio, calla y otorga.

Ese silencio administrativo, al parecer, es selectivo. Tras el detestable atentado mortal de Utah (en el mismo saldo de estos días) contra un activista partidario de Trump, el portavoz popular Miguel Tellado elaboró este argumento revelador, digno del veredicto de Jung, el mejor forense del inconsciente: “¿Qué pasaría en España si una persona de ultraderecha asesinara a tiros a un activista de izquierdas? ¿Qué pasaría si un ciudadano español de piel blanca asesinara a una mujer de procedencia extranjera y otro color de piel? El silencio ante la barbarie es lo que prende la llama de la crispación y la polarización”. El silencio ante la barbarie, subrayo, estupefacto.