¿De qué hablarán en privado los líderes del mundo cuando aparcan los asuntos de la guerra o la economía y se sientan distendidamente a departir? Sin descartar que hablen de sexo, como hacía Trump en aquella explosiva grabación, o que cuenten chistes verdes, esta semana tuvimos al menos pruebas de que, no sentados, sino andando, cotillean sobre la inmortalidad.
Justo cuando el más bocazas, Donald Trump, acaba de ser noticia por su mala salud y un bulo en EE.UU. llegó a darlo por muerto, paralelamente, a 11.000 kilómetros, en la cumbre de Pekín, camino del desfile del 80º aniversario del final de la II Guerra Mundial, Xi Jinping le dejó caer a Putin, “oye, que hoy a los 70 años eres un niño”. Y la conversación derivó hacia la posibilidad de ser inmortales. Es la primera vez que el subconsciente los traiciona.
Había un micrófono abierto y nos hemos enterado todos. Lo que parecía un simple chascarrillo entre septuagenarios (ambos han cumplido los 72) se volvió una charla un tanto apasionada sobre cómo sortear la muerte, mientras aligeraban el paso para asistir a la exhibición de drones, misiles y toda una variopinta gama de armas ideadas para matar, justo lo contrario de lo que hablaban.
Al ruso, bastó sacarle el tema y fue como si le dieran cuerda. Estiró el cuello, por la diferencia de estatura, y le soltó al chino un speech de carretilla sobre los avances de la biotecnología que hacen posible que “los órganos humanos puedan ser trasplantados constantemente”.
Después, al preguntarle los periodistas, se sintió azorado, vimos a un Putin cogido en un renuncio, saliendo del paso con que “los medios de curación modernos y las cirugías para el reemplazo de órganos permiten a la humanidad abrigar la esperanza de que la vida activa se prolongará de una manera diferente a la actual”, como si lo tuviera grabado en el disco duro.
También le vino a la mente su amigo Berlusconi, que murió en 2023, fan del tema. Ya octogenario, frecuentaba la cirugía plástica para aparentar más joven y alimentar su leyenda de bonvivant.
Pero la anécdota de Pekin, a mi juicio, no es tan inofensiva; revela que el inquilino del Kremlin confía en gobernar hasta 2036 (“y más allá”, como decía Buzz Lightyear), tras cambiar la Constitución con un cuarto de siglo en el poder. Y, por lo que se ve, está en la onda antienvejecimiento de Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y toda una jarca de millonarios imperecederos que se construyen búnkeres fantasiosos en Nueva Zelanda, el país fetiche de estos simios del Apocalipsis.
¿Tiene ahora más motivos Europa para preocuparse con la famosa amenaza rusa tras la invasión de Ucrania? En Francia, los hospitales ya funcionan como si aguardara una guerra pasado mañana, y Putin avisa que, si envían tropas de paz de la OTAN a apoyar a Zelenski, serán “objetivos legítimos”.
El diálogo sobre la longevidad de los líderes en Pekín da para mucho. Los humaniza hablar tácitamente de la muerte, pero resultan inquietantes sus ínfulas de inmortalidad. Rompió el fuego el chino: “En el pasado, la gente rara vez vivía más de 70 años. Pero hoy se dice que a los 70 todavía se es un niño.” A su izquierda, el norcoreano Kim Jong-un, con tan solo 41 años, permanecía en silencio. Su séquito borraba todo lo que tocaba para no dejar restos biológicos. O era una paranoia o está enfermo y no abrió la boca porque le daba yuyu el tema. A Putin, no. “Cuanto más se vive, más joven se es”, siguió explayándose. Y entonces se vino arriba: “Incluso, se puede alcanzar la inmortalidad”.
Ese es el Santo Grial de los transhumanistas californianos, fanáticos de las tecnologías, que están convencidos de que acabarán con el envejecimiento y los ataques al corazón, el Alzhéimer y el cáncer. Uno de cuyos arietes es un polémico ingeniero español, José Luis Cordeiro, autor del best seller Muerte a la muerte, el grito de guerra de este gremio futurista, que espera exclamar ¡eureka! contra la parca en 2045 con ayuda de la inteligencia artificial. La siguiente parada sería una nueva civilización poshumana. Así está el patio.
Esta gente puede delirar, pero dos líderes de potencias nucleares parecían estar en el ajo. El chino quiso conformarse con que “las predicciones apuntan a que este siglo se pueda vivir hasta los 150 años”, antes de mostrar sus juguetes para la guerra tras aquella conversación en defensa de la vida.
Faltaba Trump, que, entre los reyes del mambo, representa una gerontocracia unipersonal por tener 79 años, insuficiencia venosa crónica y los tobillos hinchados. Y porque el maquillaje no disimula los moretones de la mano derecha. ¿Regresan los fantasmas de Biden a la Casa Blanca? Trump reapareció para devolverle cínicamente al Pentágono su antiguo nombre: Departamento de Guerra.
Ahora que los líderes se privan por saltar las vallas del tiempo, regresa un viejo conocido, el biólogo británico Aubrey de Grey, el verdadero pionero de la matraquilla del elixir de la vida. Para que no lo olviden, asoma la cabeza con cola de caballo y anuncia que ya ha nacido la persona que vivirá ¡1.000 años! Si te coge…

