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El artículo y los Taburiente

Dice Umbral que en el artículo parece importante una cierta improvisación y una frescura de primera mano, de cosa no corregida, y mucho menos reelaborada, pues entonces quizá el artículo gane perfección, corrección, responsabilidad o sentido común (con lo cual seguramente se lastra), pero sin duda pierde la ráfaga de tiempo, ese aroma del cuarto de hora en que fue escrito. Justo tardo ese tiempo. Artículo, que vuelve, y premios, los Taburiente, que trascienden esta noche a la sociedad de su ámbito natural para convertirse, desde hace un tiempo ya, en internacionales. Noche de fiesta, pero también de responsabilidad colectiva y de belleza institucional. Lo siente uno, que es viejo y que tiene como horizonte más próximo las noches que le va ganando a la vida. Porque para los viejos, y los veteranos cronistas somos igualmente viejos, el horizonte visible de cada día es la noche y esta noche es especial por muchas razones. Vuelvo motivado, porque ya no sé hacer otra cosa que escribir y tampoco sé si lo hago bien o mal. Aunque en realidad nunca me fui porque aquí quedan miles de artículos diarios y cientos de entrevistas que se publican cada lunes con puntualidad germánica y que seguirán, si tengo salud. También cito a Umbral cuando hablaba del entierro del gran Ramón (Gómez de la Serna): “Si has trabajado toda tu vida en libros que nadie ha leído y no has sido mal chico, ni has dado disgustos políticos, el Ayuntamiento te pone guardias de gala en el entierro”. Yo no pienso morirme todavía y menos con el incentivo de la crónica, el puto folio, en el bolsillo, así que vamos a andar con tiento y a disfrutar de lo agradable que le queda a esta profesión, que no es que sea demasiado. Y rechazo a los guardias, cuando toquen.

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