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Los Finados, así es la tradición canaria que lucha contra la moda de Halloween

La ocasional moda de Halloween amenaza con apagar la riqueza de costumbres y tradiciones que los canarios hemos ido consolidando a lo largo de nuestra historia
Los Finados, así es la tradición canaria que lucha contra la moda de Halloween

Las costumbres y tradiciones canarias que rodean el inicio de noviembre, fechas dedicadas a Todos los Santos y a los Fieles Difuntos, se engloban popularmente bajo una misma palabra: Finados. Estas celebraciones, que durante generaciones sirvieron para recordar a los que ya no están, han tenido que adaptarse a los nuevos tiempos y a la influencia de costumbres foráneas.

En las últimas décadas, el fenómeno del Halloween —con su marcada orientación comercial— ha ganado terreno. Las calabazas, los disfraces y los zombis han invadido los espacios públicos y escolares, desplazando en parte el sentido original de estas fechas. Desde la infancia, los más pequeños asocian el comienzo de noviembre a fiestas y disfraces, mientras las tradiciones locales de Finados se ven relegadas a un segundo plano.

Sin embargo, la celebración de Finados en Canarias tiene un profundo significado espiritual y comunitario. Antiguamente, las familias se reunían al caer la noche para recordar a sus seres queridos, encendiendo tantas luces o mechas como difuntos había en la familia. Según la creencia popular, el comportamiento de las llamas revelaba el estado del alma del finado: si se apagaban, significaba que descansaba en paz; si titilaban con fuerza, pedían oraciones.

El médico e historiador Juan Bethencourt Alfonso recogió en su obra Costumbres Populares Canarias de Nacimiento, Matrimonio y Muerte numerosas descripciones de estos rituales. En algunos municipios, como La Victoria o El Sauzal, se hablaba de apariciones de ánimas en procesión, con velas en las manos, o de costumbres protectoras como rociar las casas con agua bendita para alejar el mal. Estas historias, transmitidas de generación en generación, conforman el imaginario popular de las Noches de Finados.

En la antigüedad, la velada del 1 de noviembre era un momento de encuentro vecinal. Los niños recorrían las casas con talegas al hombro preguntando “¿hay santos?”, a lo que las familias respondían con dádivas de frutos secos, higos pasados o castañas. En los hogares se preparaban postres tradicionales como frangollo, pelotas de gofio o queso de almendras, acompañados de vino, licores y mistelas para compartir.

Un papel fundamental en la tradición de los Finados lo tuvieron las Cofradías de las Ánimas Benditas del Purgatorio, precursoras de los actuales Ranchos de Ánimas en islas como Gran Canaria, Lanzarote o Fuerteventura. Estos grupos de hombres recorrían los pueblos entonando coplas y recogiendo limosnas para sufragar las novenas dedicadas a las almas. En Tenerife, en localidades como Barranco Hondo de Candelaria, se mantuvo viva esta costumbre durante décadas, con cantos como:

“Su padre y su madre / les viene a decir / que en el Purgatorio / es malo vivir.”

A pesar de los cambios sociales y culturales, muchas de estas manifestaciones se conservan en la actualidad. En municipios como San Juan de la Rambla, los niños continúan participando en el Pan por Dios o en la tradición de los Santitos, y cada año se representan obras como Una Noche de Finados, de Domingo Pérez Navarro, que rescatan el espíritu de esta festividad.

También el teatro mantiene su guiño a la fecha con representaciones clásicas como Don Juan Tenorio, que vuelve cada año a los escenarios tinerfeños. Pero más allá del folclore y las artes escénicas, Finados sigue siendo un momento para la reflexión, el recuerdo y la conexión con nuestras raíces.

En este tiempo de flores y memoria, los crisantemos, que florecen en noviembre, se asocian tradicionalmente a los Finados. En culturas orientales simbolizan sabiduría o nobleza, y en Canarias su cultivo fue introducido por Bruno Beese en su finca de El Monturrio, donde estas flores marcaron para siempre el paisaje del otoño isleño.

Así, mientras el bullicio de Halloween llena las calles, las Noches de Finados siguen invitando al silencio y al recogimiento. Son un recordatorio de que, más allá del disfraz o la diversión, esta fecha nos enfrenta con la memoria, el respeto y el ciclo inevitable de la vida.