La Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, situada en el corazón histórico de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), es uno de los templos más emblemáticos de Canarias. Más allá de su valor arquitectónico y espiritual, este edificio del siglo XVI guarda un secreto que fascina a locales y visitantes: en su interior reposan los restos del legendario corsario Amaro Pargo, una de las figuras más misteriosas y controvertidas del Archipiélago.
El corsario canario que inspiró leyendas
Amaro Rodríguez Felipe, conocido como Amaro Pargo, fue un marino y comerciante nacido en La Laguna en 1678. Alcanzó fama en los mares del Atlántico gracias a sus expediciones y a su participación en el comercio con América, aunque su nombre quedó envuelto en historias de tesoros escondidos, piratería y generosidad hacia los más pobres.
La relación entre Amaro Pargo y la Iglesia de Santo Domingo fue estrecha. El corsario fue benefactor del templo, al que donó obras de arte, retablos y piezas de orfebrería, como la urna de plata del Señor Difunto. En reconocimiento, fue enterrado en el propio templo, en una tumba que hoy sigue atrayendo a curiosos y estudiosos.
La tumba de Amaro Pargo: un símbolo de misterio y devoción
Nada más entrar en la iglesia, a pocos pasos del altar mayor, se encuentra la lápida de mármol de Amaro Pargo. En ella puede verse grabado su escudo familiar y una calavera con dos tibias cruzadas, el símbolo de los corsarios.
Este detalle ha alimentado el aura de leyenda que rodea al propio Amaro Pargo, asociado a mapas secretos, cofres perdidos y una relación espiritual con Sor María de Jesús, conocida como la Siervita de Dios de La Laguna.
Durante siglos, la tumba de Amaro Pargo fue lugar de devoción y curiosidad histórica, y hoy sigue siendo uno de los puntos más fotografiados del templo. Muchos visitantes acuden movidos por el interés en la vida del corsario, considerado el “pirata bueno” de Canarias, un hombre de fe y fortuna que combinó la aventura con la filantropía.
Un templo cargado de historia
La Iglesia de Santo Domingo de Guzmán se construyó en 1527 junto al convento dominico del mismo nombre. El conjunto arquitectónico es un ejemplo destacado del arte renacentista y barroco canario, con su característico claustro de piedra roja y su colección de pinturas murales de Mariano de Cossío.
Entre sus tesoros destacan:
- El camarín de la Virgen del Rosario, patrona del templo, con un trono baldaquino de plata del siglo XVIII.
- La pila bautismal atribuida a San José de Anchieta, el misionero tinerfeño que fundó São Paulo y Río de Janeiro.
- Y una colección museística inaugurada recientemente, donde se exponen esculturas, textiles y retablos históricos.
Restaurado en la iglesia el Retablo de la Virgen de la Soledad en La Laguna
El Cabildo de Tenerife presentó este viernes la finalización de las obras de restauración del Retablo de la Virgen de la Soledad, una destacada pieza barroca ubicada en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en La Laguna, que ha recuperado su aspecto original tras una rigurosa intervención técnica y artística.
La directora insular de Patrimonio Histórico, Isabel de Estaban resalta que con esta actuación se recupere el valor estético del retablo y su autenticidad histórica, recordando a su vez el compromiso insular de que piezas de gran valor “sigan formando parte viva de la identidad cultural de la isla”.
El proyecto, dirigido por el restaurador Marcos Hernández Moreno, ha contado con la colaboración de un equipo multidisciplinar de especialistas en historia del arte, restauración y conservación patrimonial, entre ellos profesores y expertos de la Universidad de La Laguna (ULL).
Esta intervención, con un presupuesto total de 56.924 euros, ha sido financiada mayoritariamente por el Cabildo de Tenerife, que aportó 43.624 euros, junto con la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, que contribuyó con 13.300 euros.
En concreto, se ha logrado recuperar la policromía ocre original del retablo, eliminando añadidos posteriores y devolviendo unidad y coherencia al conjunto.
Según detalla la corporación insular, los análisis estratigráficos e históricos confirmaron que el retablo –de estilo barroco, con dos cuerpos y tres calles– fue concebido originalmente con una capa de preparación blanca sobre la que se aplicó un tono ocre, empleado como sustituto económico del dorado en épocas de penuria, probablemente posterior a la desamortización de Mendizábal.
El proyecto también abordó el tratamiento del frontal del altar, donde se hallaron motivos marmoleados y un Sagrado Corazón. A recomendación del equipo asesor de la ULL, se optó por una solución reversible que mantiene la lectura unitaria del conjunto sin perder el testimonio de los elementos originales.






