De aparcar el deportivo en la puerta del local de moda donde invitaba a champán a los amigos y amigas a tener que responder desde el banquillo de los acusados por una petición de hasta 12 años de cárcel tras huir del país y ser arrestado en Emiratos Árabes Unidos. Es la historia de Mukesh Daswani, un chicharrero al que la Fiscalía pide tan relevante pena privativa de libertad como la citada en un juicio que tendrá lugar la semana que viene en la Audiencia Provincial, y en el que se juzga a tres personas por una presunta estafa piramidal a los que se acusa de estafar a, al menos, 120 clientes por un importe de varios millones de euros y con cantidades que oscilaban entre un mínimo de 2.000 euros y hasta 78.000.
En realidad, la estafa podría ser muy superior en cuanto a la cantidad, pero hay que tener en cuenta que para reclamar dinero en una causa como esta hay que demostrar primero la legítima procedencia del mismo. Sea como fuere, en caso de ser condenados deberán devolver a los perjudicados una cifra que ronda los 2,5 millones de euros.
El señuelo de Mukesh Daswani
Tal y como recordó ayer Efe, los encausados (Mukesh Daswani, su socio principal y su pareja) se presentaban como gestores y asesores financieros independientes y de esta manera captaban dinero a cambio de altas rentabilidades, que a veces llegaban hasta el 50% del capital entregado, en un plazo de dos meses, además de ofrecer otro tipo de operaciones, garantizando la devolución de lo invertido.
Una vez ganada su confianza los clientes realizaron aportaciones formalizando contratos de préstamos o efectivo, mediante transferencias bancarias. Mukesh Daswani les iba informando periódicamente de que sus fondos obtenían los beneficios prometidos enviándoles supuestos reportes en los que así lo demostraría. Al principio, cumplía con las altas rentabilidades prometidas, que eran satisfechas a clientes que volvían a invertirlas y a los que se sumaban otros nuevos.
Su socio, siempre según el relato de la Fiscalía, estaba al tanto de la operativa del primero y por ello comenzó a colaborar con este en la captación de clientes, de manera que para aparentar mayor solvencia y seriedad alquilaron unas serie de oficinas en Santa Cruz y se publicitaron por medio de las redes sociales. Juntos constituyeron una sociedad mercantil de la que eran administradores solidarios pero cuyo fin era igualmente dar mayor credibilidad a la empresa.
Como consecuencia de lo “insostenible” del sistema que exigía nuevos clientes para cumplir con las obligaciones de los anteriores, comenzaron los incumplimientos de pagos, “provocando que todo el entramado quedara al descubierto”, relata la Fiscalía.
Mukesh Daswani incluso huyó a Emiratos Árabes Unidos, donde finalmente fue detenido.







