Conocer y reconocer. Descubrir, evaluar, apreciar y, en definitiva, levantar esa especie de velo que a menudo, de manera incomprensible, se coloca sobre un gran artista y su obra. Uno como Óscar Domínguez (La Laguna, 1906-París, 1957), que ocupa un lugar privilegiado, determinante, en la vanguardia internacional del siglo XX. Lugar que, sin embargo, en demasiadas ocasiones ha sido obviado.
En ese objetivo de divulgación se sitúa Óscar Domínguez, la retrospectiva que desde el 20 junio albergó el Museo Picasso de Málaga, clausurada el lunes. Y de otra manera, como reflejo de la relevancia del artista tinerfeño, la reciente subasta celebrada en Londres por Sotheby’s, en la que dos de sus obras, Le piano (1934) y Exacte sensibilité (1935), pertenecientes a la colección de Pauline Karpidas, fueron vendidas por 2.304.000 y 1.024.000 euros, alcanzando así un importe global de más de 3,3 millones de euros.
Comisariada por Isidro Hernández, conservador de la colección de TEA Tenerife Espacio de las Artes, la de Málaga ha sido la tercera retrospectiva de gran calado dedicada al artista fuera de la Isla, casi 30 años más tarde de la que organizó en 1996 el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Óscar Domínguez. Antológica. 1926-1957, con Ana Vázquez de Parga como comisaria. Vázquez de Parga también fue responsable de la muestra que pudo contemplarse en 2005 en el Musée Cantini de Marsella, la primera de estas características que acogía Francia, en la que, asimismo, colaboró Isidro Hernández.

TEA TENERIFE ESPACIO DE LAS ARTES
Alrededor de la mitad de las piezas exhibidas en el Museo Picasso fueron cedidas en préstamo por TEA para dar forma a un discurso estético al que contribuyeron, además, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, la fundación gallega Abanca, el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), la Fundación Telefónica, la Fundación CajaCanarias, la Fundación Mapfre, la colección LM de La Laguna, la Fundación María José Jove (A Coruña) y la colección del Gobierno de Canarias. También ha colaborado la Fundación Canaria de Formación y Mecenazgo, de Gran Canaria.
Entre las instituciones internacionales que aportaron obras figuraron el Musée Cantini; la colección alemana Ulla y Heiner Pietzsch de Berlín, depositada en la Berlinische Galerie, y la Henie Onstad Kunstsenter de Oslo. A la muestra se sumaron colecciones privadas y galerías como las madrileñas Leandro Navarro y Guillermo de Osma, o la Applicat-Prazan, de París.
“Ha sido un itinerario muy completo -apunta Isidro Hernández en una charla con DIARIO DE AVISOS-, que parte de las primeras obras de Óscar Domínguez, de 1928, sobre todo, y luego se adentra en su etapa capital, las de los años 30”. “Hemos tenido la suerte de contar con piezas de 1934, 1935, 1936…, que dan cuenta de momentos muy importantes en su trayectoria, con trabajos como Maquina de coser electrosexual (1934-1935, Henie Onstad Kunstsenter)”, destaca. “Es considerada su obra cumbre. Posee un planteamiento simbólico, una representación excesiva y ritual del deseo y la sexualidad, fundamental para el surrealismo porque, de alguna manera, es la traducción de la imagen poética surrealista que proponía Lautréamont: ‘El extraño encuentro entre una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección”, señala Hernández.

El comisario de la muestra menciona también, entre otras muchas obras singulares, Abrelatas (1936), “que fue la cubierta del catálogo de la muestra en el Reina Sofía de 1996”, y la composición surrealista sin título, de 1935, de la colección Ulla y Heiner Pietzsch. “Hemos conseguido préstamos muy relevantes de instituciones privadas y museos internacionales, lo que resulta cada vez más complicado. Son obras que viajan solo en contadas ocasiones, cuando se trata de un proyecto importante, y este lo ha sido”, asevera.

ÁMBITOS
La exposición malagueña se vertebró en siete secciones: L’amour fou: Óscar Domínguez, surrealista; En la cima de lo imaginario; Casi el azar: el juego de la decalcomanía; La imagen subversiva: tendencias en la pintura surrealista; Nostalgia del espacio, Bajo el signo de la ocupación y Esquematismo y triple trazo.
“En ellas se abordó, por ejemplo -explica el conservador de TEA-, el periodo cósmico del artista. A ese apartado lo llamamos Nostalgia del espacio, en alusión a la emblemática pintura del mismo título que se muestra en el MoMA de Nueva York”.
“También dedicamos una sección a la decalcomanía, que es la gran aportación de Óscar Domínguez, y en otro apartado lo pusimos en relación con sus contemporáneos, con creaciones muy importantes de artistas como Jacques Hérold, Victor Brauner, Kurt Seligmann, Dora Maar o Roberto Matta, para mostrar el contexto en el que se movió”, detalla Isidro Hernández, quien asimismo alude a la sección que ilustra la vida y la práctica artística de Domínguez durante la ocupación nazi en Francia y su implicación en la Resistencia, a través del grupo La Main à Plume, antes de abordar los últimos años de su biografía.

DIÁLOGO CON EL MALAGUEÑO
La exposición Óscar Domínguez recreó, de igual modo, un diálogo estético entre el pintor canario y Pablo Ruiz Picasso en el museo que recibe su nombre. “Es una relación casi paternofilial”, argumenta Hernández. “Picasso (Málaga, 1881-Mougins, 1973) le llevaba 25 años a Óscar Domínguez y en la década de los 40 ejerce una gran influencia sobre él, algo que es visible en muchas de las obras del artista tinerfeño en ese periodo”. “En aquel tiempo, Domínguez visita casi a diario a Picasso, por el que siente una gran cercanía”, agrega.
“Lo poco que sé se lo debo en el 80% a Picasso. Es una persona que constantemente te abre los ojos y te muestra horizontes nuevos”. “¿Mi posición frente a Picasso? Cien por cien con Picasso, que es el genio de la edad atómica y un entrañable amigo”, escribía el canario en dos cartas, de 1949, al también tinerfeño Eduardo Westerdahl, crítico de arte, escritor y pintor.
“A su vez -afirma Isidro Hernández-, Picasso siente una comedida predilección por Óscar Domínguez, ese artista venido de Canarias, y lo acoge, lo arropa. Esa relación, como hemos dicho, se convierte en influencia durante los años 40”.

Todos los miércoles de octubre, el Museo Picasso de Málaga celebra las jornadas El surrealismo y su doble, un programa de conferencias codirigido por Eugenio Carmona, catedrático de la Universidad de Málaga, y Miguel López-Remiro, director artístico del centro.
Isidro Hernández y Emmanuel Guigon, director del Museo Picasso de Barcelona, abrieron el ciclo con sendas ponencias dedicadas a Domínguez (Óscar Domínguez en la cima de lo imaginario) y Lichtenberg (Las zapatillas de Lichtenberg). Además, el 18 de septiembre se proyectó en el Cine Albéniz de Málaga la película Óscar, una pasión surrealista (2008), de Lucas Fernández.





