“La más memorable y alta ocasión que vieron los siglos, ni esperan ver los venideros”, con esta frase, Miguel de Cervantes inmortalizó la mítica batalla de Lepanto. Cervantes (encarnado por Imobach Herrera) es uno más de los históricos personajes que vuelven a cobrar vida gracias a la incansable labor del pueblo vallero, que cada año representa el auto sacramental de la Librea de Valle de Guerra, que incluye la escenificación de la mítica batalla de Lepanto.
A las 19,30 horas del pasado sábado 18 de octubre, los intérpretes del auto sacramental de la Librea de Valle de Guerra se empiezan a preparar para salir a escena en el pabellón deportivo anexo a la plaza de la iglesia de Nuestra Señora de El Rosario.
El nutrido grupo de infantes que participa en la Librea se entremezcla con intérpretes experimentados como Juan José Gutiérrez (que encarnó este año al Dux de Venecia), que lleva desde 1982 (año en el que se recuperó esta tradición tras un periodo sin celebrarse).

“A principios de los 80 solo éramos 14 actores (7 cristianos y 7 otomanos), que escoltábamos a la Virgen y hacíamos la procesión. Esto ha evolucionado a lo largo de los años. He hecho casi todos los personajes principales. Yo solo quiero participar y que la gente joven coja las riendas para mantener este legado”, comentaba minutos antes de salir a escena.
Uno de los aspectos que concita más la atención es el cuidado vestuario, que llevan a cabo tres personas: Encarna Reyes, Alexis González y Juani Hernández, que cuentan con la ayuda de otras 19 personas. “Este año hemos confeccionado 10 trajes nuevos. Ten en cuenta que reutilizamos los trajes de años pasados para vestir a los 102 intérpretes de la Librea, les hacemos arreglos para adaptarlos a los tamaños de cada persona. Hemos dedicado cuatro meses para tener los trajes listos para la representación”, explica Encarna Reyes, que lleva desde la década de los 80 con la aguja y el dedal en la mano.

“La Librea es una familia. Es un espectáculo muy grande que hacemos gente amateur con mucha ilusión, resalta Laly Dávila, una de las integrantes de la corte cristiana poco antes de sumergirse en el siglo XVI.
Repletas las 1.200 sillas dispuestas por la organización, los alrededores de la plaza se abarrotaron con otras 1.300 personas que vieron el espectáculo de pie, a pesar de la fina lluvia que hizo acto de presencia en los 10 primeros minutos y al final del auto sacramental, coincidiendo con la salida de la Virgen de El Rosario.
Uno de los aspectos que concita más la atención de la Librea es su cuidado vestuario
La Librea conmemora la célebre batalla de Lepanto de 1571, donde participaron soldados canarios liderados por el capitán palmero Francisco Díaz Pimienta (que vuelve a interpretar Derimán Alonso). No faltaron al acto el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, y la presidenta del Cabido de Tenerife, Rosa Dávila.
La Librea ha ido evolucionando con el paso del tiempo, pero siempre preservando la tradición. Una de las novedades de este año fue la recuperación de la escena del martirio de Marco Antonio Bragadin (Aarón Santana). Uno de los momentos que más conectó con el público fue el canto de un arrorró durante la escena del pueblo pesquero. Casi al final del auto, Vanessa Rodríguez Cairós recitó una loa (una poesía) en honor a la virgen de El Rosario, que aprendió de su madre y esta de su abuela Nelida Falero Hernández, que la recitó en 1940.

La Librea se acompañó de la intervención en directo de la banda de Nuestra Señora de Lourdes, que contó con la dirección de Unai Jacob Marrero Simón, que alcanzó su cenit musical en la confrontación entre los navíos de La Real y La Sultana, lideradas por Juan de Austria (Guillermo López) y Alí Bajá (José Luis López).
El colofón lo puso el Ave María interpretado por Chago Melián y una vistosa exhibición de fuegos pirotécnicos. La salida a escena de todos los intérpretes propició el aplauso mutuo entre intérpretes y el público puesto en pie.
Unas 2.500 personas se congregaron en la plaza anexa a la iglesia vallera y correspondieron al final de la representación con un largo aplauso el esfuerzo llevado a cabo por las 250 personas que la hacen realidad y los vítores fueron unánimes: “¡Viva la Virgen de El Rosario!, ¡Viva Valle de Guerra!, ¡Viva la Librea!”. La emoción embargó a todos los asistentes, incluyendo al que suscribe estas líneas.

La Librea de Valle de Guerra cuenta con el respaldo de las áreas de Cultura, Patrimonio Histórico y Turismo del Ayuntamiento de La Laguna, el área de Cultura del Cabildo de Tenerife, la Obra Social Fundación La Caixa y la aportación de los socios de la Asociación de Amigos de la Librea de Valle de Guerra.



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