tribuna

Don Ramón José Álvarez Colomer

En la mañana del miércoles 5 de noviembre recibí, a través de la lectura de su necrológica en este periódico, la triste noticia del fallecimiento de don Ramón José Álvarez Colomer. Resumir los rasgos de su extenso y destacado perfil profesional sería tarea imposible en el limitado espacio de estas líneas, por lo que solo apuntaremos algunos aspectos esenciales. Licenciado en Derecho y funcionario del Cuerpo Técnico de Vivienda, desempeñó numerosas responsabilidades a lo largo de su vida. Fue jefe de los Servicios Territoriales de Arquitectura y Vivienda, Esclavo Mayor de la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna, presidente de la Asamblea Local de la Cruz Roja y pregonero en actos tan representativos como las Fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna. Tuve la fortuna de conocerlo hace ya algunos años gracias a nuestro común y recordado amigo, el padre José Siverio Pérez (1928-2019). Desde entonces, tanto en encuentros personales como a través de frecuentes conversaciones telefónicas, mantuvimos un contacto constante. Siempre fue plenamente consciente de la trascendencia de su labor y del legado que construía, vinculado estrechamente a la figura del polifacético sacerdote realejero, de quien fue quizá su amigo más cercano desde los años de Seminario. Don Ramón solía compartir conmigo recuerdos de su juventud, sus inquietudes profesionales y su inquebrantable vocación de servicio. Hace algunos años me obsequió con varios ejemplares de la revista Canarias Gráfica, publicación que consideraba un referente de su tiempo, junto a otros apuntes y libros que conservo con especial cariño. En nuestras conversaciones reflexionaba con frecuencia sobre el valor de la amistad, insistiendo en que, llegado el mes de noviembre, no dejáramos de recordar y reivindicar ese concepto tan amplio y, a la vez, tan complejo, coincidiendo con el aniversario y natalicio del padre Siverio. En más de una ocasión me propuso iniciativas para mantener viva la memoria de quienes habían formado parte de su trayectoria vital. Sus llamadas telefónicas, siempre cercanas y oportunas, eran una muestra de afecto y compromiso. En cada una de ellas encontrábamos en don Ramón una voz amiga, un apoyo constante y una figura de referencia. Fue, sin lugar a dudas, un observador lúcido y protagonista de numerosos acontecimientos que despertaron nuestro interés y reconocimiento. A su esposa, hijos, hermanos, demás familiares y numerosos amigos, trasladamos nuestro más sentido pésame. Descanse en paz, don Ramón.