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El héroe

Supongo que alguien le concederá una medalla a Pedro López, el camarero portuense que se lanzó al agua, cuando la desgracia del otro día, y sacó a tres personas del mar. Lo digo porque en España se reparten medallas como programas de mano, pero a la hora de la verdad quienes las merecen pocas veces las reciben. Pedro López es un héroe, que debe ignorar a los políticos que se le acercan para hacerse fotos con él. Se jugó la vida después de aliviarse de ropajes y lanzarse al mar, a cuerpo limpio, con la intención de sacar a flote a quienes habían sido arrastrados por las olas en el muelle portuense, que no es muelle ni es nada. Se reparten medallas entre las propias autoridades, que no han hecho nada por nadie: en este caso, grandes cruces. Y a quien salva tres vidas le concederán, si acaso, la medalla de ínfima clase al Mérito Civil. Es la incongruencia de los premios, tan injustos en la mayoría de las ocasiones. Pedro López está en la historia de la isla, se quiera o no, aunque pasado mañana sólo recordarán su hazaña los compañeros del bar donde trabaja. ¿Dónde está la felicitación pública de las autoridades? ¿Ha sido recibido por el alcalde, por la presidenta del Cabildo, por el delegado del Gobierno, por el presidente del Gobierno de Canarias? ¿Ha recibido telegramas de La Moncloa o de La Zarzuela? Yo creo que no, al menos en la mayoría de los supuestos. Este sencillo ciudadano, que supongo que tendrá -como todos- virtudes y defectos, verá que la memoria de su acto heroico se irá diluyendo en el tiempo, a medida en que la ingratitud y el olvido vayan agigantándose. Se trata de la historia de siempre, a mí no me sorprende nada de esto.