cultura

Una residencia artística explora en La Esperanza los nexos con el territorio y la memoria campesina

La Pinochera, Cine Rural de Canarias, reúne en El Rosario a Elia Estévez, Verónica Perales, Laura Sam y Kinewa, en un diálogo inspirado en las ecologías del cuidado y la vida agrícola
La quinta edición de La Pinochera se desarrolla hasta el sábado. / DA

La Pinochera, Cine Rural de Canarias, celebra hasta el sábado su quinta edición. La iniciativa que vincula la creación audiovisual contemporánea al medio rural plantea este año en su programación una pausa simbólica: habitar el barbecho, ese tiempo de espera que permite a la tierra -y a quienes la trabajan- regenerarse antes de volver a florecer.

Investigación artística y mediación cultural con una mirada ecofeminista y comunitaria se unen en esta experiencia que impulsa proyectos que conectan la creación audiovisual con la memoria campesina y los saberes locales de las Islas.

En esta línea, La Pinochera 2025 ofrece la residencia artística Barbecho en el monte de La Esperanza, en El Rosario. Durante 10 días, las artistas Verónica Perales, Elia Estévez, Laura Sam y Kinewa han compartido un proceso de convivencia, investigación y creación inspirado en las ecologías del cuidado y la vida rural. Para Estévez, la experiencia tuvo una fuerte carga emocional: “En el mural de La Pinochera no se trataba solo de pintar, sino de rendir homenaje a personas reales, con nombres, historias y vínculos familiares”. Su obra se realizó con arcillas y pigmentos naturales junto a vecinas y familias de La Esperanza.

Las propuestas de las artistas dialogan en torno a los cuerpos, el territorio y el descanso. En Sueños de un solo cuerpo, Verónica Perales plantea un paralelismo entre el barbecho y el sueño regenerativo, mientras que Laura Sam explora la idea de una voz colectiva en Idiorritmia, reflexionando sobre identidad, lenguaje y cuidados.

CONVIVENCIA COMUNITARIA

La Pinochera teje una red entre artistas, agricultoras, docentes y vecinas, convirtiendo la cámara en herramienta de memoria y empoderamiento. Un ejemplo de esto fue la convivencia comunitaria en la que, gracias a La Furgoneta Fantástica, se reflexionó colectivamente sobre el futuro de la iniciativa: qué se busca que sea, cómo trabajar en grupo y qué valores deben sostenerla para seguir siendo un proyecto rural, ecofeminista y canario, hecho con las personas.

Durante el fin de semana se celebró también una comida comunitaria abierta, un homenaje a las mujeres pinocheras, donde entre música, comida y risas se fortalecieron los lazos y el espíritu colectivo de esta propuesta que se asienta en tres ejes: la creación situada, la mediación comunitaria y la sostenibilidad cultural. El proyecto entiende el arte no como espectáculo, sino como práctica de vínculo y cuidado.