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Unos 43 millones de menores de cinco años de edad sufren desnutrición aguda

Con motivo del Día Mundial de la Infancia, Acción contra el Hambre recuerda que la que padecen los más pequeños continúa siendo una de las crisis más invisibles y menos financiadas del planeta

Con motivo del Día Mundial de la Infancia, que como cada año se celebra tal jornada como hoy, la Organización No Gubernamental (ONG) Acción contra el Hambre ha presentado su nuevo informe Desnutrición Infantil 2025, en el que advierte que millones de niños y niñas siguen atrapados en un ciclo de hambre y pobreza que compromete su futuro y el desarrollo de sus países: a nivel global, se estima que casi 43 millones de menores de cinco años padecieron desnutrición aguda el año pasado. A pesar de décadas de avances, la desnutrición infantil continúa siendo una de las crisis más invisibles y menos financiadas de la agenda internacional. El mundo se encuentra lejos de cumplir los objetivos de nutrición infantil acordados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para 2030, recuerda la ONG.

La desnutrición infantil no solo amenaza la supervivencia inmediata de la infancia, sino que también limita sus oportunidades futuras y perpetúa un ciclo de pobreza que se transmite de generación en generación. “La desnutrición infantil es una pesada hipoteca de futuro para las nuevas generaciones. Amputando su potencial de crecimiento y desarrollo, los desnutridos de hoy serán los pobres de mañana”, explicó el director de I+D+i en Acción contra el Hambre, Amador Gómez Arriba.

El 70% de los menores de cinco años afectados por emaciación (la forma de desnutrición más inmediata y mortífera) vive en Asia. Más de una cuarta parte, es decir, el 27%, vive en África, la única región donde el número de niños y niñas con retraso del crecimiento ha crecido significativamente en los últimos años.

El informe revela también que los conflictos armados agravan de manera alarmante la situación: la violencia desplaza a millones de familias, bloquea mercados y dificulta el acceso a alimentos y servicios de salud. En Sudán, por ejemplo, más de 30 millones de personas necesitan ayuda urgente y tres millones y medio de menores de cinco años sufrieron desnutrición aguda el año pasado.

Las secuelas de la desnutrición son devastadoras: comprometen el desarrollo cerebral, reducen las capacidades cognitivas y el rendimiento escolar, y aumentan el riesgo de mortalidad infantil hasta once veces en casos de desnutrición aguda severa. Estas consecuencias limitan las oportunidades de las nuevas generaciones y frenan el desarrollo socioeconómico.