El día 9 de diciembre de 1803, la corbeta María Pita fondeó en la rada del puerto de Santa Cruz, desembarcando a los miembros de la Expedición Balmis, una expedición sanitaria española, que hizo su primera escala en Tenerife, cuando navegaba rumbo a América, para combatir una grave enfermedad, la viruela, que estaba provocando cientos de miles de fallecidos anualmente. (ver DIARIO DE AVISOS, 7 diciembre 2025)
El pasado día 10 de mayo de 2026 se realizó en Tenerife, en el puerto de Granadilla, el desembarco de un grupo de pasajeros que viajaban en un crucero, el MV Hondius, en el que se había iniciado un brote de una grave enfermedad para los humanos, por un virus zoonótico, el hantavirus, que, aunque ya conocido por la comunidad científica, hasta esos días no estaba en el foco de atención de la OMS como un patógeno potencialmente productor de una pandemia.
La historia ha hecho coincidir en Tenerife, con dos siglos de diferencia, el fondeo de esos dos barcos, la corbeta María Pita en 1803, un barco para combatir la viruela en el mundo en el siglo XIX, cuando aún no existían las vacunas, y el crucero MV Hondius en 2026, un barco en el que se había declarado un brote por hantavirus, en el siglo XXI. En ambos casos, Tenerife jugó un papel decisivo, sirviendo de apoyo logístico y sanitario, para combatir de forma eficaz dos graves enfermedades, la viruela y el brote de hantavirus.
El crucero MV Hondius partió de Ushuaia el día 1 de abril, para recorrer el Atlántico Sur, con destino final en el archipiélago macaronésico de Cabo Verde. Pero tras unos días de navegación, lo que pudo ser un crucero tranquilo y de placer, se convirtió en un crucero de miedo e inseguridad, con el fallecimiento de dos personas, y el contagio de varios pasajeros en días posteriores, obligando al crucero a hacer una escala de emergencia en medio del Atlántico, en la isla de Santa Elena, donde se evacuó al primer pasajero fallecido, y a su esposa, ya con síntomas preocupantes de la enfermedad.
Y simultáneamente, aprovechando esa escala del buque en la isla de Santa Elena, otros 30 pasajeros decidieron abandonar el crucero, para regresar a sus países de origen, sin cumplir unas mínimas normas sanitarias para evitar la posible propagación de una enfermedad, aún desconocida en esos días, por varios continentes, ya que hasta esos momentos, nadie sabía cuál era el origen del brote, ni el patógeno responsable. Ni la compañía holandesa propietaria del crucero, ni las autoridades sanitarias mundiales, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro de Control de Prevención de Enfermedades Europeo (ECDC), ni la Unión Europea (UE) supieron en los primeros días lo que se avecinaba en las siguientes semanas de travesía.
Finalmente, y por decisión de la OMS y los ECDC, siguiendo el protocolo de Reglamento Sanitario Internacional, en coordinación con el Ministerio de Sanidad español, el barco terminó fondeando, en el puerto tinerfeño de Granadilla, para proceder de una forma coordinada, y con un riguroso protocolo sanitario de evacuación de los pasajeros, en un operativo perfectamente diseñado y ejecutado. No voy a extenderme más, porque el resto de esta historia es ampliamente conocida, ya que ha sido difundida por numerosos medios de comunicación a nivel mundial, con todo lujo de detalles, quizá con un desborde excesivo de información, que en situaciones de peligro de brotes, epidemias y pandemias, provoca mucha alarma entre la población local, y mundial, generando una “infodemia”, término acuñado durante la última gran pandemia de Covid-19, para referirse a una cantidad excesiva de información, en algunos casos correcta, en otros no, y que dificulta que las personas encuentren fuentes confiables y orientación fidedigna cuando las necesitan.
Lo realmente importante de esta nueva página de la historia de la medicina, escrita en la isla de Tenerife, que probablemente será conocida como “el brote de hantavirus de 2026”, es que lo que pudo convertirse en una nueva gran epidemia, incluso en una pandemia, ha quedado reducido a un brote por hantavirus. Hasta el 14 de mayo, se han detectado un total de once casos, ocho han sido confirmados por laboratorio, dos probables, y uno inconcluso, con tres personas fallecidas. Y habrá que esperar varios meses hasta que se cierre el circulo de la investigación epidemiológica y el rastreo de posibles casos y sus contactos entre todos los pasajeros y tripulantes de ese barco, no solo en Europa, sino en varios continentes, que están coordinando los responsables de la OMS y ECDC, en el continente europeo, junto a los responsables sanitarios de los 23 países implicados en esta última crisis sanitaria internacional. En estos momentos, el riesgo para la población general, tanto en Canarias como en el resto de la UE/EEE, sigue siendo muy bajo, por no decir, nulo.
Son varias las lecciones que tenemos que extraer de esta nueva amenaza para la salud pública mundial, alguna ya aprendida a raíz de la pandemia de covid-19: la importancia de la cooperación internacional para el control de brotes infecciosos peligrosos, la existencia de Protocolos de Vigilancia Epidemiológica Internacionales y de actuación ante brotes infecciosos de alcance transfronterizo, la existencia del Reglamento Sanitario Internacional (RSI)(2005), un instrumento jurídico de carácter vinculante para todos los Estados Miembros de la OMS, cuya finalidad es ayudar a la comunidad internacional a prevenir la propagación de enfermedades, y dar una respuesta de salud pública.
Es importante que todos estos protocolos continúen perfectamente “engrasados”, para poder actuar con urgencia y eficiencia, con actuaciones sanitarias para la detección, contención y mitigación de brotes de enfermedades infecciosas que puede alcanzar características pandémicas si no se actúa con celeridad, con criterios estrictamente científicos, con medidas técnicas sanitarias y epidemiológicas, lejos de intereses políticos o partidistas, como ha sucedido en este brote por hantavirus. Esta crisis sanitaria de importancia internacional se resolvió en menos de 48 horas, con una estrategia que funcionó a la perfección, desde la evacuación del buque, el traslado al aeropuerto de Tenerife Sur, y el despegue de aviones con personas de 23 nacionalidades, a sus países de origen, todo en un tiempo récord. El propio director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en una carta remitida al pueblo de Tenerife, el día 14 de mayo, confirmó el éxito de la operación logística… “La evaluación del riesgo se mantuvo. Los protocolos funcionaron. El corredor sanitario resistió. La ciencia y la solidaridad actuaron de forma coordinada, como deben hacerlo” (DIARIO DE AVISOS,15 de mayo de 2026). Y aunque la polarización política existente en nuestro país volvió a enseñar su cara más fea, el operativo sanitario funcionó a la perfección, como también han reconocido la Comisión Europea, la OMS, los ECDC y los distintos gobiernos mundiales implicados en la crisis. El fenómeno de la polarización política, no sólo en España, sino en el resto del mundo, puede afectar gravemente en las nuevas crisis sanitarias mundiales, que vendrán, en forma de pandemias por un patógeno X, “que no infecta habitualmente a humanos, pero de riesgo, debido a su origen zoonótico y modo de transmisión, y que desconocemos en estos momentos”. Tal como ha reconocido el Foro Económico Mundial, en su reunión de 2024, entre los diez problemas más graves para los próximos años, sitúa a la polarización política en el tercer lugar de ese listado, además del calentamiento global, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, haciendo todo ello un cóctel perfecto para preparar la aparición de nuevos virus zoonóticos con potencial pandémico.
De la pandemia de la Covid 19 aprendimos muchas lecciones. Desde el mismo año 2020, y hasta dar por finalizada la pandemia de Covid por parte de la OMS, en Abril de 2023, tanto la OMS como los principales organismos internacionales en materia de Salud pusieron en marcha numerosos equipos de trabajo, para elaborar Protocolos de seguridad para la detección temprana y prevención de brotes de enfermedades infecciosas con potencial pandémico, como el Grupo de Preparación y Respuesta ante Emergencias Sanitarias de la UE (HERA, por sus siglas en inglés), cuya responsabilidad consiste en garantizar que la UE y los estados miembros estén preparados “para actuar ante las amenazas sanitarias transfronterizas, y su mandato abarca tanto el fortalecimiento de la preparación ante futuras emergencias como la implementación de una respuesta rápida y eficaz una vez que se produce una crisis”. Y esto es exactamente lo que ha acontecido en la crisis del hantavirus, con su principal base de operaciones en Tenerife, Canarias. Una hazaña de la que debemos sentirnos muy orgullosos, tanto los profesionales sanitarios como el pueblo de Tenerife.
Lo que está claro es que habrá nuevas pandemias, no sabemos que patógenos las ocasionarán, ni cuándo aparecerán, pero tanto los responsables nacionales e internacionales en materia de salud, como la ciudadanía, tenemos que estar preparados para saber afrontar con prontitud y con seguridad los primeros signos de que una nueva alarma biológica pueda estar iniciándose, o un brote infeccioso con riesgo de convertirse en pandemia.
Cuando se producen brotes de enfermedades graves, como el del hantavirus, la población puede sentirse preocupada y asustada. Suelen existir muchas incógnitas y la situación puede cambiar rápidamente. Es natural que la población busque respuestas a sus preguntas e inquietudes, incluso, que desarrolle sus propias teorías sobre las causas del brote.
Según fuentes de los ECDC, es bien sabido que, junto con un brote epidémico, suele observarse un aumento de la desinformación. Creer en la desinformación depende de muchos factores, como la confianza en la fuente o si coincide con los conocimientos o creencias previas de la persona. Nuestro entorno informativo, guiado por algoritmos, también influye considerablemente en el tipo de desinformación e información veraz que encontramos.
En lo que respecta a la información sobre brotes, siempre es mejor consultar los medios de comunicación habituales (prensa, radio y televisión), y las páginas web y los canales de redes sociales de las autoridades sanitarias oficiales verificadas, o de organismos internacionales como el ECDC, la OMS y el Ministerio de Sanidad español.
En España, para afrontar con rigor científico, y sin disputas políticas y partidistas, urge la puesta en marcha de la Agencia Estatal de Salud Pública, AESAP, (Ley 7/2025, de 28 de julio) , por la que se crea este organismo, fundamental para el adecuado control de crisis sanitarias como la del hantavirus, un organismo ya aprobado por el Parlamento español, pero que tras diez meses de su aprobación, no acaba de ponerse en marcha, fundamentalmente por desacuerdo de los partidos políticos, y nuevamente surge el fenómeno de la polarización como el causante de este retraso en la puesta en marcha de medidas fundamentales de salud pública. Ya es hora de un gran pacto social y político en nuestro país, que nos haga avanzar hacia una sociedad más próspera, saludable y feliz.
*Luis Ortigosa, miembro del Comité Asesor de Inmunizaciones de Canarias y de la Asociación Española de Pediatría.







