Ayer, día 6 de diciembre, falleció don Ramón Trujillo Carreño, después de una larga vida dedicada a su familia, a la Universidad de La Laguna, donde fue discípulo del profesor Gregorio Salvador Caja (con quien se doctoró), ocupó la cátedra de Lengua española durante casi 40 años y ejerció diversos cargos de gestión académica (director del Departamento de Lengua española, decano de la Facultad de Filosofía y Letras y vicerrector de Extensión Universitaria), a sus discípulos, a la lingüística española y a la sociedad canaria en general. Falleció, pero no murió, porque vivo sigue en los hijos de carne y hueso (Ramón y Érika) que tuvo con su mujer doña Érika Morales, a los que con tanta diligencia cuidó y educó y que con tanto cariño lo atendieron hasta sus horas postreras; en su hermano Juan; en sus hijos intelectuales, que son las decenas de artículos y libros (El campo semántico de la valoración intelectual en español, Elementos de semántica lingüística, El silbo gomero, Edición crítica de la Gramática de la Lengua Castellana, de Andrés Bello, Introducción a la semántica española, Principios de semántica textual…) que sobre su especialidad de semántica gramatical y léxica, crítica literaria, dialectología hispánica y lenguajes silbados escribió, que, por ir al fondo de los problemas del idioma para descubrir lo que de esencial hay en él (“lo invariante” o “formal” diría el maestro), relegando a un segundo plano lo accidental (“lo variante” o “sustancial”), mantienen el mismo interés y la misma vigencia que tenían cuando vieron la luz por primera vez; en los discípulos que dejó, a muchos de los cuales dirigió su tesis doctoral y atendió y promocionó con pareja atención y diligencia; en los cientos de profesores de lengua y literatura de enseñanza secundaria que formó a lo largo de su extenso magisterio, desde la década de los sesenta en que llegó a la universidad hasta su jubilación en 2001; en las instituciones culturales que fundó o contribuyó a fundar (el liberal Colegio Montessori de Santa Cruz de Tenerife, en colaboración con Antonio Castro, el Instituto Universitario de Lingüística Andrés Bello, que quiso ejercer de puente entre la filología española y la hispanoamericana, y la Academia Canaria de la Lengua, en colaboración con Manuel Padorno, Francisco Navarro Artiles, Antonio Lorenzo Ramos, José Antonio Samper Padilla y otros), que tan proficuos servicios han prestado y prestan a la Universidad de La Laguna, en particular, donde, siguiendo el ejemplo de su padre, el excelente profesor de Física don Ramón Trujillo Torres, ejerció su magisterio con rigor, y a la sociedad canaria, en general, con la que se sentía enteramente identificado; y hasta en sus amigos, que en tanta consideración lo tenían, pervive don Ramón porque en ellos alientan muchas de las siempre inteligentes y certeras opiniones que tenía él acerca de los problemas lingüísticos, musicales, pictóricos, políticos, sociales, educativos, etc., del mundo moderno, su actitud socrática ante la vida y su siempre cervantino sentido del humor. Todo ello hace que, pese a la orfandad en que hemos quedado tanto sus hijos de carne y hueso como sus hijos intelectuales, la profunda tristeza que nos ha producido su fallecimiento y el empobrecimiento intelectual y afectivo que para nosotros ha supuesto su desaparición, nos deje “harto consuelo su memoria”.
Don Ramón Trujillo, presente

