La Sinfónica de Tenerife propone este viernes un programa que explora dos miradas musicales desarrolladas en la misma época a ambos lados del Atlántico: la elegancia orquestal de Maurice Ravel en el París de entreguerras y el lenguaje propio que George Gershwin forjó en la Nueva York del jazz. El concierto, titulado Rhapsody in blue, alude a la obra que enlaza conceptualmente ambas tradiciones y resume el espíritu del programa: una música que nace del cruce entre culturas, ciudades y ritmos.
La cita comienza a las 19.30 horas en la Sala Sinfónica del Auditorio de Tenerife, bajo la dirección de la estadounidense Karen Kamensek, que debuta al frente de la orquesta, con la pianista asturiana Noelia Rodiles como solista invitada.
La primera parte del concierto reúne dos obras de Ravel que muestran la amplitud de su lenguaje. La valse (1920) despliega un vals que emerge gradualmente de la penumbra para transformarse en una danza poderosa, entre el homenaje a la Viena de Strauss y la mirada melancólica a un mundo que se desvanecía tras la Gran Guerra. Le sigue el Concierto para piano en sol mayor (1931), una partitura brillante que integra influencias clásicas, ritmos del blues y una escritura pianística de gran sutileza. El Adagio assai se ha convertido en uno de los pasajes más admirados del repertorio francés del siglo XX.
Con el título de ‘Rhapsody in blue’, el nuevo concierto de la temporada se configura como un puente entre ambos lados del Atlántico
Para Noelia Rodiles, interpretar este programa supone “una gran alegría”, por la oportunidad de abordar dos obras que considera esenciales. “Ravel y Gershwin se admiraron e influyeron, y sus obras están cargadas de creatividad, luminosidad y una riqueza melódica impresionante, que las convierte en auténticas joyas del repertorio”, afirma la pianista.
La segunda parte del concierto se adentra en el universo sonoro de Gershwin, figura clave en la integración del jazz dentro de la música sinfónica. Su Rhapsody in blue (1924), célebre por su inconfundible glissando inicial de clarinete, combina blues, ragtime y escritura orquestal en una obra que retrata la vitalidad cultural del Nueva York de comienzos de siglo. Gershwin describió la partitura como un “caleidoscopio de América”, una mezcla de ritmos y paisajes urbanos convertida en sonido.
El programa concluye con Un americano en París, un paseo sonoro por la capital francesa repleto de color, movimiento y humor. Cláxones, ritmos urbanos y melodías nostálgicas conviven en una partitura que ilustra el intercambio artístico entre Europa y Estados Unidos, eje central de esta velada.





