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Madrid, pecado mortal

Se ha producido una oleada de apuñalamientos en Madrid, ya se sabe por qué. O la Policía y los políticos que la mandan atajan esta violencia o algo muy malo auguro para la ciudad. Hay más bandas que en West Side Story. Juan Pardo compuso la obra musical Madrid, pecado mortal, con letra de Antonio D. Olano (la D es de Domínguez), que era un franquista reconvertido, un gordezuelo que una vez estuvo aquí, en un Festival del Atlántico, y le disparaba a todo lo que se movía, hablando en la más absoluta metáfora. Si vive, será casi noventón. Bueno, pues la obra, que se estrenó en el teatro Muñoz Seca, tuvo cierto éxito. Creo recordar entre sus protagonistas a Carmen Apolo. Era el año 1977, comenzaba el tránsito hacia la democracia y la escenografía la puso José Asensi, que no sé si es el mismo José Asensi que me enseñó a diseñar periódicos en el Diario Pueblo, o solo una coincidencia en el nombre y el apellido. Madrid, pecado mortal era un musical, pero también una procesión nocturna que organizaba la Cofradía de María Santísima de La Esperanza, para redimir pecadores, en una época en que los pecadores podían salvarse de las llamas del infierno con rogativas. No sé si habrá que pasear otra vez a la Virgen, de noche, para evitar las puñaladas a las puertas de las discotecas, los muertos, las bandas latinas y otros delincuentes propios y extraños –más los extraños— que pululan por la capital de España, sobre todo por los barrios periféricos. Protejamos Madrid, que es un tesoro, y hagamos lo que haga falta para que no se convierta en Caracas, por ejemplo, o en los malos tiempos de Nueva York, cuando el Bronx era el Bronx y Harlem era Harlem. No hagamos de Madrid otro tema de musical, aunque Pardo y Olano estén vivos –y viejos—para contarlo.

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