Aún hoy, muchas personas recuerdan aquel certamen como si el tiempo se hubiera detenido en una noche de luces, música y expectación. Han pasado sesenta años desde su primera edición, pero el Festival de la Canción del Atlántico (1966-1971) sigue viviendo en la memoria colectiva del Puerto de la Cruz. El festival nació en un contexto de profundos cambios. España avanzaba entre planes de desarrollo, transformaciones sociales y una clara reorientación económica hacia los servicios y el turismo. En Canarias, y especialmente en el Puerto de la Cruz, ese impulso se vivía con intensidad. Desde los años cincuenta, la ciudad ya era el principal referente turístico del archipiélago y buscaba nuevas fórmulas para proyectarse más allá de sus fronteras. Bajo la alcaldía de Felipe Machado del Hoyo, y en el marco de las Fiestas de Invierno, surgió la audaz idea de crear un certamen musical que vinculara el nombre del Puerto con la cultura, el espectáculo y la promoción, al ritmo de otros eventos similares a nivel nacional e internacional. El primer escenario elegido fue el Lido de San Telmo, un sitio emblemático, elegante y limitado, pero lleno de encanto. Entre el 8 y el 10 de febrero de 1966, aquel recinto acogió a artistas, compositores, periodistas y a un público entregado que llenó gradas y sillas numeradas. Allí sonaron melodías que hoy forman parte de la historia musical, con la actuación de artistas consolidados y otros por consolidar. Cada sesión, seguida con pasión por la prensa y el público, coronó canciones que todavía evocan aquella época dorada. Más allá de los galardones, el festival dejó una huella emocional profunda. Fue el reflejo de una ciudad que soñaba en grande, que se abría al mundo y que entendía la cultura como un motor de encuentro y proyección. Cinco ediciones más proyectaron esa huella desde el Parque de San Francisco. Su recuerdo permanece como una postal sonora de un tiempo en el que el Puerto de la Cruz creyó, cantó y se reconoció a sí mismo en la música.
