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La APT premia a Carmelo Rivero por su “ejercicio incesante” del periodismo

El consejero editorial de DIARIO DE AVISOS recibe el Patricio Estévanez, con el que se le reconoce un compromiso con el oficio que se prolonga ya más de 50 años
Salvador García hizo entrega este viernes a Carmelo Rivero del Premio Patricio Estévanez. / Fran Pallero

La Asociación de Periodistas de Santa Cruz de Tenerife (APT) hizo entrega este viernes de su Premio Patricio Estévanez a Carmelo Rivero. Una distinción que, en palabras de Salvador García Llanos, reconoce el “ejercicio incesante y el compromiso fehaciente con el periodismo” del galardonado. Y es que, recordó en su intervención el presidente de la APT, Carmelo Rivero Ferrera (Santa Cruz de Tenerife, 1957), exdirector y actual consejero editorial de DIARIO DE AVISOS, “atesora una carrera de más de medio siglo dedicado de pleno al periodismo, al que se asomó siendo un niño de solo 12 años con sus primeras colaboraciones en el desaparecido diario vespertino La Tarde”.

Desde entonces y hasta hoy, como puso de relieve Salvador García, Carmelo Rivero “ha construido una trayectoria tan brillante como densa en la que ha tocado todos los palos del oficio, prensa, radio y televisión, con la misma impronta rigurosa, ya fueran noticias, crónicas, retratos o entrevistas”.

Durante la ceremonia estuvo muy presente un nombre, el de Martín, hermano del homenajeado y fallecido en 2023, quien, al igual que Zenaido Hernández, compartió con Carmelo Rivero la pasión por el periodismo, el aprendizaje y los inicios en la profesión. Martín Rivero y él, detalló García, fueron coautores, desde mediados los 70, de “cientos de trabajos con la firma Carmelo Martín, un sello distintivo con el que se dieron a conocer como corresponsales de medios nacionales y en todos los rotativos tinerfeños”.

Ambos codirigieron La Gaceta de Canarias en su etapa fundacional (1989-1991), una labor que más tarde ejercería Carmelo Rivero en DIARIO DE AVISOS (2016-2021), en un nuevo paso por el decano de la prensa de Canarias.

LA PRENSA, LA RADIO Y LA TELEVISIÓN

“Por el camino -agregó el presidente de la APT-, fue una pieza fundamental en el renacimiento de Radio Club Tenerife, impulsado por Paco Padrón a finales de los 70, y luego una voz de referencia en la emisora decana de Canarias de la Cadena SER, en la que trabajó durante más de 30 años mientras incursionaba en el mundo audiovisual con programas de entrevistas en Canal 7 y Televisión Canaria; más recientemente, en Atlántico Televisión, del Grupo Plató del Atlántico”.

En el acto se leyó también un texto de Juan Cruz, escrito para la ocasión y titulado Carmelo ya estaba allí. “He conocido a grandes periodistas, en las Islas y fuera de ellas. Muchos han sido mis maestros, y los son hasta hoy. Carmelo Rivero es uno de ellos. Uno nunca deja de aprender en este oficio. Carmelo es un maestro muy principal”, señaló el periodista y escritor portuense.

“Cuando lo conocí él ya era periodista. Llegaba antes a las preguntas, a las conclusiones, y esperaba a que todo fuera verdad antes de decir lo que sabía. Su obra no tiene una tachadura, su juicio procura la justicia, su esencia es la de un hombre que pregunta y pregunta hasta que ya sabe tanto como la realidad”, añade. “Celebro el premio, y celebro a quienes se lo dan. Sé que en el alma de este premio está el alma de Martín, el alter ego de nuestro ilustre premiado”.

DUGGI

Zenaido Hernández fue el encargado de glosar la figura del galardonado, como colega de profesión, pero, sobre todo, como amigo desde la infancia. Y en su discurso apareció un primer paisaje: el del barrio, el de Duggi. “La casa de los hermanos Rivero, en la calle Duggi -recordó-, se convirtió en nuestro taller de aprendizaje. Yo ansiaba esos momentos. Muy pronto Martín comenzó a trabajar en la Caja de Ahorros; Carmelo, en el despacho del abogado y profesor de Derecho Civil y Mercantil en la ULL Manuel García Padrón”.

Sin embargo, expuso el también periodista tinerfeño, hacía tiempo que los tres habían iniciado “una apuesta por la letra impresa, por captar la noticia, por volcar la curiosidad que nos lleva a interesarnos por tantos y tantos temas”. Una pasión común que tuvo como primera consecuencia su entrada en La Tarde. “Los sábados, con el casete a mano -explicó-, llamábamos por teléfono a nuestros admirados Camilo José Cela, Ramón J. Sender, Rafael Alberti, Severo Ochoa, Miguel Ángel Asturias…”.

“Carmelo decidió vivir entre la tinta que besaba apasionadamente al plomo y que dio el pensamiento impreso en el papel -subrayó Zenaido Hernández en otro momento de su discurso-, y abrió camino a la luz, y también en el éter, y con precisión y rigor ante las cámaras, en el compromiso editorial dando a la prensa diferentes títulos, siempre envuelto en la curiosidad y tratando de responder a su vez a los interrogantes de la vida”.

LA ACTUALIDAD

“Carmelo Rivero sigue al pie de la actualidad, esa absenta que le impide mirar hacia otro lado que no sea la verdad. Así es Carmelo, el vecino del Duggi, que había sido alumno en la calle San Sebastián de otro de los grandes maestros, Juan Antonio Padrón Albornoz; aquel pibe que jugaba a la pelota en la placita de Duggi, donde teníamos por compañero a Pepín, con su futbolín y transistor atento a todos los partidos, el que seguía con interés el rápido movimiento del Lámparas Apa de hockey sobre patines”, concluyó Zenaido Hernández.

La ceremonia de entrega del galardón contó con un amplio auditorio conformado por familiares, amigos y representantes del periodismo, la cultura, la política y la sociedad en su conjunto. / Fran Pallero

‘ESCRIVIVIR’

“En 57 años de periodismo no hemos hecho otra cosa que escrivivir. Más de medio siglo escriviviendo, y hasta que el cuerpo aguante”, manifestó Carmelo Rivero en su discurso de recepción del Premio Patricio Estévanez, ante un amplio auditorio conformado por familiares, amigos y representantes del periodismo, la cultura, la política y la sociedad en su conjunto.

Pero antes hubo una evocación: “Como el título del cuento borgeano, espero que comprendan que en mi caso la vida ha sido un jardín de senderos que se bifurcan. Todo lo que voy a decir es, por tanto, un continuo desdoblamiento. Una doble vida. Hoy no podría hablarles de mí sin rendir homenaje a mi hermano Martín Rivero.

“Al principio, éramos un trío: Martín-Carmelo-Zenaido. Y después un dueto, Carmelo Martín, bajo el nombre unipersonal que nos sugirió Daniel Gavela, jefe de Nacional en El País. Martín sonaba bien como apellido. Gavela inventaba nombres y títulos. Él fue el que tituló nuestra biografía de Iñaki Gabilondo como Ciudadano en Gran Vía”, recordó, para luego trasladar a los presentes a una época anterior: “En la casa donde nacimos, en la calle San Sebastián, el nuestro, el mejor balcón del mundo, aún sigue en pie. Fue el palco donde Martín y yo veíamos en la calle el espectáculo de la vida. Teníamos la radio encendida a todas horas, como nuestro amigo Juan Cruz, que aprendió a leer pegado a un transistor”.

“El periodismo, esa seducción y abducción; un día te sorprende y te rapta como un águila y no te suelta en la vida”

Con sus palabras, Carmelo Rivero fue trazando un itinerario biográfico y emocional con estaciones tan relevantes como la Librería La Prensa, “del tío Paco, en la calle del Castillo, esquina con Suárez Guerra, que iba a ser el Axis Mundi de nuestra pequeña historia, el gran epicentro”, y, a apenas dos pasos de la librería, “la estatua de un águila en el balcón del periódico La Tarde, donde nos hicimos periodistas. El águila dejaba claro que ese iba a ser el punto neurálgico de toda nuestra cosmogonía personal”. “Cerca de allí estaba Radio Club Tenerife, nuestro hogar, donde trabajábamos y vivíamos, por mi parte más de 30 años, como si el destino estuviera escrito en los sitios, y hubiera mitos plausibles en todos los tiempos”, manifestó.

En ese recorrido, el nuevo Premio Patricio Estévanez de la APT también se detuvo en el bufete del abogado Manuel García Padrón -“uno de los hombres más íntegros que he conocido”-, en el que ejerció su primer trabajo. “En aquella encrucijada, el Círculo de Bellas Artes y el Teatro Guimerá nos dieron los primeros cucharones de cultura, de exposiciones y teatro, de conferencias y música clásica”.

“Todo lo que voy a decir es un desdoblamiento. No podría hablarles de mí sin rendir homenaje a mi hermano Martín”

“Cuando cruzamos la calle con osadía y le dijimos al venerable don Víctor Zurita, director de La Tarde, que queríamos ser periodistas, nos la jugamos a cara o cruz. Si don Víctor nos hubiera disuadido por la edad, quizá nunca lo hubiéramos vuelto a intentar. Pero nos abrió las puertas a la primera, y ni preguntó por los 12 años que teníamos”, destacó Carmelo Rivero al mencionar sus comienzos en el oficio. “El periodismo, esa seducción y abducción. Un día te sorprende y te rapta como un águila y no te suelta en la vida. Aún hoy, jubilado jubilosamente, no me deja libre”, aseveró el Premio Canarias de Comunicación de 2004, que recibió junto a su hermano Martín Rivero.

EL DECANO

A partir de esos inicios, desgranó una trayectoria que le llevó en 2016 a volver al decano de la prensa de Canarias para dirigirlo. “Lucas Fernández y yo hemos tejido una fraternal militancia desde la Avenida de Anaga, con Radio Club; hasta la Dársena Pesquera, con DIARIO DE AVISOS. De todos los desafíos que hemos compartido, confieso que dirigir su periódico en mi último arreón me supuso una prueba casi sobrehumana”.

Para finalizar, trasladó un mensaje de esperanza. “El mundo no se nos va a caer encima, eso denlo por descontado. Por más que estemos hablando aquí mientras paramilitares de Trump detienen a niños latinos de cinco años en las puertas de las escuelas. No, el mundo no se acaba aquí. Nos lo vamos a echar al hombro, como Atlas y como fieras. Esta vez los periodistas seremos la vanguardia que triunfe en la batalla final contra la posverdad”.