Ahora, el impacto de lo real es lo que sustituye a la ficción. Podría decirse que lo novedoso, lo original, es la realidad bruta de la que habla Merleau-Ponty, con los matices que habría que precisar si hacemos una lectura actualizada de este pensador francés. La virtualidad que nos ofrecen los videojuegos bélicos, se queda atrás porque los informativos, gratuitamente, nos retratan como nadie lo que acontece con una estética que parece irreal. Ver a soldados a contraluz bajando y ascendiendo como en una telaraña, a bordo de un petrolero fantasmagórico, nos resulta una secuencia onírica sacada de una siesta. Ver destellos de muerte entre edificios que se derrumban, que humean y se rinden bajo las bombas, en una realidad que no olemos, nos inundan los sentidos y nos entristecen el alma. Uno, que no es experto en nada y que ha sido arrojado sin permiso a esta patria terrenal, se queda perplejo ante las prisas por extender el mal en nuestro tiempo. Entre estas maldades está la llamada guerra cognitiva, que algunos estudiosos que se ocupan de estos asuntos, retratan en diversos trabajos. Daniel Iriarte, periodista, es uno de los especialistas en la materia, y pone la mirada sobre estos temas en su ensayo Guerras cognitivas.
Iriarte, experto en geopolítica, habla de un “canal subterráneo” que nadie ve, que pasa inadvertido, y sigiloso es capaz de distorsionar la realidad e influir en nuestro cerebro, para formar parte de ejércitos virtuales alimentados con noticias falsas. Los memes, más allá de provocar la sonrisa, son usados con intenciones que buscan el descrédito y la manipulación, fomentan el mal rollo y convierten “nuestra mente en un campo de batalla”. Daniel Iriarte mete el dedo en la llaga y nos dice, para concluir ya de remplón, que “El poder de influencia se ha desplazado a la trastienda tecnológica, a los ejércitos virtuales, los bots y las aplicaciones de la Inteligencia Artificial, capaz de manipular informaciones, difundir mentiras, hundir reputaciones, propiciar odios y xenofobias”. Ustedes sabrán, pero yo me voy para Júpiter.
