Entre “que los desembarquen en Cabo Verde” y “al gobierno de España le importa un pepino Canarias”, Clavijo y Rosa Dávila se han despachado a gusto.
Y, como era previsible, los esbirros de Coalición Canaria en los medios informativos y alguna voz jurídica, dispuesta a defender al presidente de Canarias, siguen y seguirán haciendo su trabajo. De justificar lo que a algunos canarios nos ha indignado y avergonzado.
Canarias es España y es Unión Europea. Y Cabo Verde, no. Y la lealtad institucional empieza por esta premisa. Ni siquiera voy a hablar de la nacionalidad de los pasajeros, mayoritariamente española y europea, ni a hacer comparación entre los sistemas sanitarios de ambos archipiélagos macaronésicos.
La “pertenencia” de Canarias a la UE es una realidad de extraordinaria importancia para nuestro Archipiélago. Y no se puede pretender ser Europa para las maduras y no para las verdes. Porque, como decía el inolvidable Pedro Molina Ramos, “los europeos son rubios, pero no son tontos”.
Algunos canarios, con permiso de los que pretenden apropiarse en exclusiva de Canarias y de lo canario -es el tic del autoritarismo de siempre-, creemos que la actitud de las Islas y de sus autoridades debe alejarse del patético victimismo, que son incapaces de no practicar cada vez que creen que les conviene, y debe ser digna: exigente y cumplidora. En suma, confiable. Digna, confiable y, por tanto, alejada de la peor versión del cambullonerismo a la que Clavijo and company son irremediablemente adictos.
La lealtad institucional no es un latiguillo que uno pueda usar así, en abstracto, para salir del paso.
La valoración jurídica de cualquier episodio o acontecimiento no puede consistir en alegar principios abstractos. Requiere un análisis del “caso” concreto, de los actos de las personas -en este caso autoridades- y del entorno. Es decir, de las circunstancias.
Para empezar, en nuestro sistema de gobierno territorial, el Estado autonómico, o en el de cualquier federalismo contemporáneo, no hay compartimentos competenciales completamente estancos. Pero la responsabilidad de tomar decisiones corresponde , en relación al asunto que nos ocupa, a quien tiene atribuida la competencia exclusiva en materia de sanidad exterior, es decir al Estado. Y tomarlas no frente a una situación remota, sino frente a una emergencia sanitaria de alcance internacional, “en la que existe un interés prevalente en la protección de la vida y de la salud de las personas que se encuentran en el barco”, como declaró la Audiencia Nacional.Y la competencia es un poder de actuación, sustentado por el Derecho, que no solo implica la facultad de actuar sino el deber legal de actuar. Y la responsabilidad derivada del no ejercicio de las competencias propias. Y la lealtad institucional de los demás poderes territoriales empieza por respetar y no intentar boicotear las competencias que corresponden “en exclusiva” a otros poderes territoriales, al Estado en este caso. Ni tratar de impedir el cumplimiento por parte de España de sus obligaciones con la Organización Mundial de la Salud de la que es Estado miembro. Y son las Instituciones estatales las que detentan la competencia “exclusiva” en materia de Relaciones Internacionales (149.1.3ª de la Constitución).
Clavijo nos representa a los canarios, en la misma medida a la que alcanzan las competencias de la Comunidad Autónoma. No es una representatividad urbi et orbe. Ni más ni menos. Y el Gobierno de España también nos representa a los canarios en el ejercicio de las competencias estatales. Claro que a quienes niegan que España sea una comunidad política, la que se constituye en Estado social y democrático de Derecho (proclama la Constitución, nada más abrirla), esto debe sonarles a swajili. España existe como país, como comunidad humana, y no es simplemente un mero artefacto de dominación,”el Estado”.
Por mí, que sigan pensando como quieran. Pero que pretendan sin más dar por establecidas esas “creencias” y que los demás canarios las acatemos “por sus bemoles”, de eso nada.
Y Canarias forma parte de esa comunidad política, que es y se llama España. Digo “forma parte”, como las demás comunidades territoriales, y no “pertenece” de España. Singular, alejada, ultraperiféricos, atlántica…pero tal vez por primera vez en su historia, no es una pertenencia con muchos rasgos coloniales; sino que forma parte de la España constitucional, de un país plural que articula la convivencia democrática entre sus territorios y sus habitantes sobre una fórmula federalista: unitaria, plural y solidaria.
Y a algunos canarios ni Clavijo, ni los sectores e intereses a los que representa; ni ningún exponente del centralismo o del españolismo autoritario (me refiero al PP o a Vox, socios de Coalición Canaria en el gobierno autónomo y en algunos municipios) nos va a imponer cuáles deben ser nuestras lealtades: como canarios, como españoles, como europeos, como ciudadanos de este Mundo cada vez más despiadado con los pueblos y las personas sumidos en la pobreza. Y también la lealtad a los propios valores y convicciones, a la ideología. Porque cada uno tenemos el derecho inalienable de administrar las propias lealtades.
Decía Eric Hobsbawn, en “La Era del Imperio 1875-1914”, que “La Nación era una nueva religión cívica de los Estados…un nexo que unía a todos los ciudadanos con el Estado…y una forma de contrapeso frente a todos aquellos que apelaban a otras lealtades por encima de la lealtad al Estado…sobre todo a la (lealtad) a la clase (social).
Esta es una clave esencial de todo nacionalismo, también el nacionalismo pintoresco de Coalición Canaria. Apelan a la diosa Canarias, de la que sólo ellos son el colegio sacerdotal, para zafarse de sus propias responsabilidades y, especialmente, para camuflar los intereses de los influyentes sectores sociales a los que representan, cada vez más fácilmente identificables simplemente con observar qué hacen al frente de las Instituciones. Y, sobre todo, qué no hacen. Me puede explicar alguien, por ejemplo, por qué han tardado años y años en desarrollar verdaderos hospitales públicos en el Sur y en el Norte de Tenerife. En fin, podría poner ejemplos legislativos, presupuestarios, portuarios, infraestructurales, medioambientales…, que están en la mente de todos.
Posdata.- Para ponerles un ejemplo del “colonialismo” que sufrimos. La Monarquía de los Austrias y de los Borbones exigió y endureció la aplicación de la alcabala a sus dominios americanos. Como impuesto sobre las ventas era de lo más parecido al IVA de estos tiempos. IVA que en Canarias no se aplica, porque aquí existe el IGIC, cuya recaudación se destina íntegramente a las Instituciones canarias. Y, al tiempo, los municipios canarios participan en pié de igualdad (al 100%) con los municipios peninsulares en el porcentaje de participación en los ingresos del Estado, que se nutren fundamentalmente de la recaudación de los impuestos de la sobre la renta y del IVA. Y eso por no hablar de lo que supone la Reserva de Inversiones (RIC) de Canarias en la recaudación del Impuesto de Sociedades. Curioso colonialismo. Ya “tá” bueno de tanta demagogia y de tanta impostura.


