Antes de aprender música, Fito Travieso ya la intuía. Nacido en La Orotava el 4 de febrero de 1956, encontró en la percusión una forma natural de expresión que acabaría definiendo toda su vida artística. A los trece años inició su formación con Ernesto Beteta en La Orotava. Aquella etapa concluyó con la marcha del maestro a Santa Úrsula, pero ese mismo año se incorporó a la Orquesta Orotava. Era el más joven del grupo y apenas alcanzaba los pedales de la batería. Su manera de tocar, alejada del estilo clásico de orquesta, aportó un pulso distinto y despertó su interés por la música sudamericana, que pronto comenzó a interpretar en el Puerto de la Cruz, en distintos espacios de la ciudad turística. Aproximadamente con dieciocho años nació el Trío Aicá maragá, junto a Sixto Sánchez Perera y Dácil Travieso, un nombre de grupo inspirado en la cultura guanche. Desde entonces, el folclore de Iberoamérica -especialmente el argentino y el chileno- y la música canaria marcaron su camino.
El bombo legüero argentino se convirtió en su instrumento de referencia, aprendido de forma autodidacta tras años de experiencia con el bombo herreño. En ese recorrido destaca también el grupo Acanto, con más de cuatro décadas de trayectoria coherente y fiel a una misma línea musical. Casiano Hernández Luis o Casiano el de la cuevita, a quien Fito define como “nuestra universidad del folclore”, fue una figura clave en su formación. También es agradecido con Casiano García Torréns, quien lo llevó a El Médano para descubrir el bombo legüero que lo acompaña desde hace décadas.
Entre espacios emblemáticos como La Talla y numerosos proyectos culturales, Fito Travieso fue además fundador -junto a otros- de La Guanchería, sembrando lugares de encuentro, identidad y música compartida. Su vida ha sido un latido constante, tejido de ritmo y memoria colectiva. A Fito Travieso, gracias por su entrega silenciosa, su generosidad infinita y su fidelidad a una música que también es la nuestra. Feliz cumpleaños.
