de remplón

El mundo de las aves

De las aves que vuelan no solo me gusta el guirre, porque tiene las plumas con que se escribe, según la voz popular. Me gusta el guirre, el alimoche, porque ha sembrado la tradición majorera con una leyenda que hace de él un ejemplar casi inmortal de nuestra avifauna. El guirre, cuando le llega la hora, se eleva a los cielos y se deja llevar por las corrientes de aire, asciende en una espiral infinita hasta que lo perdemos de vista y se funde con las criaturas celestiales. La tarabilla canaria o pájaro estallón, por su parte, se deja ver en lugares húmedos y te sigue sin cortarse un pelo o una pluma, es un pájaro muy delicado, de patitas frágiles. En el pasado, el alcaudón real avisaba a los majoreros de la llegada de una visita, de alguna noticia, sin recurrir a ningún otro medio como la radio o el móvil; el alcaudón se cierne en el aire como el cernícalo y tiene su despensa en alguna aulaga despeinada. Y no digamos nada de la avutarda, la hubara canaria, que es escurridiza y mimética en los pedregales ocres de la isla Maxorata, donde luce el plumaje en una exhibición estética difícil de describir. Desde siempre, me han gustado las aves, ya lo saben. Tuve palomas en una inmensa azotea, huérfana de escaleras vecinales. Era solo mía. Y de mi perro Lar, y de mis palomas bautizadas con su nombre de pila, y de los vecinos mirones que observaban mis ocurrencias infantiles. Y, luego, supe que había guías de aves para identificar pájaros al vuelo, que te indican cómo distinguir el canto o el reclamo de estos fascinantes seres con alas. Son muchos los viajeros que recalan por Canarias en busca de aves migratorias, de especies endémicas que vuelan por los cielos isleños. Estos turistas son de otro tipo, invisibles diría yo, no pertenecen al llamado turismo de masas. No es tan fácil, cuando uno se adentra en el mundo de la ornitología, distinguir las diferentes especies en la primera excursión. Por eso ya tengo en mis manos Todas las aves de Canarias, una guía actualizada donde se recogen los diferentes hábitats, la taxonomía y la distribución de las diversas especies que podemos observar en las islas. La obra es un riguroso trabajo de dos canarios, Airam Rodríguez, científico del Departamento de Ecología Evolutiva del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, y de Beneharo Rodríguez, biólogo, dos hermanos de toda la vida.