La Audiencia de Santa Cruz de Tenerife ha condenado a ocho años de cárcel al principal encausado del denominado ‘caso Tradex’, Mukesh Daswani, por un delito de estafa agravada, mientras que su socio, Francisco Imobach Pomares, ha sido absuelto.
En la sentencia, a la que ha tenido acceso EFE, la Audiencia multa al principal encausado con 14.400 euros y le ordena a indemnizar a los 128 afectados con cerca de dos millones de euros más un 20 %.
En cambio, lo absuelve de los cargos de frustración en la ejecución y alzamiento de bienes.
El ‘caso Tradex’
El ‘caso Tradex’ está relacionado con una estafa piramidal, que afectó a 128 inversores y movió cantidades cercanas a los tres millones de euros.
En esta trama, Daswani se presentaba como gestor y asesor financiero independiente y ofrecía rentabilidades de hasta el 50 % en un plazo aproximado de dos meses.
Los clientes formalizaban contratos de préstamo o realizaban transferencias bancarias y recibían supuestos reportes —en ocasiones simples ‘pantallazos‘— que reflejaban beneficios inexistentes.
La operativa consistía en captar nuevos inversores para hacer frente a los pagos comprometidos con los anteriores, lo que terminó provocando el colapso del sistema en julio de 2022.
En los días previos, las inversiones se incrementaron y las promesas de rentabilidad se redujeron del 50 % al 30 %. Tras el desplome, cerca de 200 personas presentaron denuncias.
¿Qué dice la sentencia?
El fallo da por probado que, de la extensa relación de contratos suscritos e inversores, se desprende que más del 90 % fueron firmados a nombre de Mukesh Daswani desde el inicio del negocio hasta escasos días antes de su huida a Dubái el 24 de julio de 2022, donde posteriormente fue detenido.
Además, señala que con posterioridad a la constitución de una sociedad el 20 de abril de 2022 en la que supuestamente se iban a encauzar las inversiones, el acusado siguió suscribiendo contratos a su nombre y recibiendo dinero en metálico.
El tribunal considera que el principal socio de Daswani, Francisco Imobach Pomares, suscribió y firmó contratos a nombre de las empresas vinculadas a la trama por lo que la sentencia considera que tuvo una participación en los hechos delictivos más allá de un simple comercial, pero se ha probado que el dinero entregado fue traspasado a cuentas bancarias del principal encausado, a quién se considera “el auténtico, último y único responsable”.
La Audiencia estima que tales hechos evidencian el dominio de Daswani sobre todas las inversiones que se realizaban en Tradex y reitera que era él quien recibía el dinero de los inversores, no apropiándoselo el otro acusado, “quien tampoco estaba al tanto de las cuentas de la empresa”.
De hecho, cuando tuvo conocimiento del fraude, presentó una denuncia en comisaría.
La pareja de Daswani, que figuraba como responsable civil, también ha quedado absuelta al no demostrarse que dispuso de la cuenta titularidad de su pareja.
Cuentas en el extranjero y criptomonedas
La investigación que se llevó a cabo tras las denuncias de los inversiones constató un elevado movimiento de fondos, apertura de cuentas en el extranjero —incluidas en Lituania, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos— y la conversión de dinero en criptomonedas.
También se detectaron gastos significativos en alquileres, vehículos de alta gama, viajes, hoteles, joyas y artículos de lujo.
El principal acusado fue detenido en Dubái tras emitirse una orden internacional de busca y captura.
En el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, admitió su culpabilidad y se mostró dispuesto a aceptar una condena de cinco años de prisión, frente a los doce que proponía la Fiscalía, de los que ya había cumplido tres en el momento de la vista.
Las claves del engaño que cautivó a “todo Santa Cruz”
El éxito del caso Tradex no se basó en complejos algoritmos financieros, sino en la confianza y la apariencia. Los responsables del entramado eran figuras conocidas en la sociedad chicharrera: uno de ellos formado en el prestigioso colegio Hispano Inglés y el otro vinculado a la sección de baloncesto del Real Club Náutico de Tenerife.
Estas conexiones permitieron que el engaño penetrara en estratos sociales donde, a priori, se presuponía una mayor formación financiera. Sin embargo, la exhibición constante de riqueza —con deportivos de lujo y champán en los locales de moda— anuló cualquier rastro de escepticismo entre los inversores.
- Perfil de las víctimas: Desde empresarios hasta deportistas amateur y familias que invirtieron sus ahorros.
- Las cifras del fraude: Las pérdidas por demandante oscilan entre los 2.000 y los 78.000 euros.
- Dinero irrecuperable: De los 120 damnificados iniciales que desfilaron por la Audiencia, 108 no habían logrado recuperar ni un solo euro antes de esta sentencia.
Con este fallo, se cierra el capítulo penal de una estafa que dejó una profunda huella en la capital tinerfeña, aunque la ejecución de las indemnizaciones millonarias será ahora la principal batalla para los abogados de las víctimas.







