El lingüista y poeta Antonio M. Piñero (Santa Cruz de Tenerife, 1998) publica cuando las naranjas, su nuevo poemario. Graduado en Español: Lengua y Literatura y Premio Extraordinario en el Máster Interuniversitario en Lingüística Aplicada, ha desarrollado su trayectoria entre la investigación en torno al español de Canarias y la creación literaria. Su primer libro, Amarillos (2020), fue reconocido con el Premio Bienal de Poesía Emilio Alfaro Hardisson, consolidando una voz marcada por la precisión y la sobriedad expresiva. En este nuevo trabajo profundiza en una escritura más íntima, atravesada por la memoria y la emoción, en la que confluyen su mirada lingüística y una voz poética cada vez más personal. Su labor se ha centrado también en el estudio y la divulgación del español de Canarias, con especial atención a los prejuicios lingüísticos, una línea que combina con su presencia en espacios culturales y académicos.
-En alguna ocasión ha señalado que no leía antes de llegar a la universidad. ¿Hasta qué punto ese descubrimiento tardío de la literatura ha influido en su forma de escribir?
“Creo que ha tenido algunas ventajas el haber descubierto tarde (nunca es tarde si la dicha es buena) la literatura, sobre todo en la línea de ver por dónde quería tirar yo, personalmente, sin la voluntad de imitar a nadie ni ningún estilo concreto. En ese sentido, quizá haya sido positivo. Sin embargo, leer es fundamental para descubrir lugares de la lengua, lugares de ti mismo, de los demás, que no conocías o no de esa manera, y eso te lleva a querer ir también más allá e intentar mejorar con cada poema. Diría entonces que no leer, fundamentalmente, me ha influido de manera negativa, he tardado más en encontrar un hueco cómodo, esa inspiración que son los otros textos. En cualquier caso, se escriba o no, ahora pienso que cuanto antes se descubra la literatura, la que te gusta, muchísimo mejor”.
-También ha defendido que esa falta de referencias inicial le dio cierta libertad creativa. ¿Sigue sintiéndolo así?
“Lo que comentaba, desde una visión inexperta, aquella falta de referentes es cierto que me parecía que daba otra libertad creativa: escribo como a mí me gusta, no como lo hace otra persona. Ahora que siento que no tendré vidas para leer todo lo que quiero, creo que todos los otros textos, buenos, malos, nos nutren muchísimo. Ahora, no hay que caer en la imitación, en seguir los moldes que funcionan, en escribir a base de referencias. Sigo pensando que tenemos que buscar nuestra propia voz, la sincera, y no la que busca ser tan buena como”.
-Dice que prefiere versos pequeños, pero no simples. ¿Dónde está la diferencia para usted?
“Creo que la poesía es el lenguaje de lo íntimo, de lo concreto. Trato de reducir cada verso a sus constituyentes necesarios, los que intuyo que mejor reflejan el contenido deseado. Los versos pequeños, que buscan reducir a algunas palabras todo un imaginario, me parecen de enorme complejidad, porque renuncian a la explicación. Por eso no son simples o, si lo son, son tan simples como lo es la Teoría de la relatividad en comparación con el universo”.
-¿Qué es ‘cuando las naranjas’? ¿Qué le gustaría que entendiera alguien que lo lee por primera vez?
“Cuando las naranjas es un llanto. Una radiografía del dolor, de la pérdida, de las ausencias que me atravesaron durante un año donde casi siempre el día hacía triste. Creo que la poesía no es cuestión de entender, al menos la que a mí me interesa, sino de lo que sea capaz de transmitir. Tenemos que dejarnos atravesar por el dolor, por la pena; lo que diría es que se dejen atravesar, que con-sientan el libro, que vean que, aun cuando tristes, merecen un poema”.
“Sigue existiendo, aunque hayan aumentado las fuerzas a la contra, muchas actitudes negativas hacia las hablas no centrales”
-El poemario nace de un momento concreto en Arrecife. ¿Qué tiene ese origen de casual o de necesario?
“Como no puede ser de otra manera, si te gustan la semántica y la poesía, soy un poco místico. Aquel día, con Elsa López y Paula Fernández, presentando Te pondrán flores en el estómago, tuvieron que darse muchas casualidades para terminar en aquel lugar escribiendo el poema que dedico a Elsa en cuando las naranjas. Y también se dieron casualidades para que se lo leyera, que fue lo que llevó a otros poemas y, al final, al libro. Es una suerte que se den estos encuentros, estas coincidencias, pero también hay trabajo detrás, que es la parte que cuesta más ver, pero también es importante. Para mí, que escribo por dejar memorias de la gente que me importa, era necesario publicar este libro en el que nombro a tantas personas queridas que siguen conmigo o que ya no están”.
-En los versos se percibe mucha carga emocional, familia, memoria… ¿Qué papel tiene la nostalgia en este poemario?
“En general, mis principales motores de creación son la nostalgia, el dolor, o la pena. No sé por qué es así, luego, quien me conoce, sabe que soy una persona más bien alegre, simpático, etc., pero, cuando se trata de soltar las emociones duras, parece que prefiero hacerlo por escrito. No es una decisión voluntaria, simplemente, viviendo, son esos lugares donde caigo al escribir, quizá por eso, porque ya hablo mucho de la lucha social e intento ser agradable, pero las cosas personales, las que le duelen a uno, me cuesta más hablarlas. Creo, de todas formas, que hay que reivindicar esa enorme creación poética que no nace del momento dulce, sino del amargo”.
-Hay una dedicatoria muy fuerte a sus abuelos. ¿La escritura es también una forma de memoria?
“Efectivamente, como te comentaba, para mí escribir es guardar un trocito de memoria y compartirlo con las demás. No la mía, de mi persona, que no tengo interés ninguno en que se me recuerde, sino de la gente que he querido, que me ha querido, y cuyos nombres merecen estar en las páginas de mil libros. Mis abuelas, Elba y Carina, y abuelos, Juan y Antonio, fueron esos primeros nombres que querer guardar”.
-Como lingüista, ha trabajado sobre los prejuicios hacia determinadas hablas. ¿Sigue existiendo ese estigma y en qué ámbitos se percibe con mayor claridad en el caso del acento canario?
“Sigue existiendo, aunque hayan aumentado las fuerzas a la contra, muchas actitudes negativas hacia las hablas no centrales. En la línea del resto de discriminaciones que se están viendo, de nuevo, apoyadas, por otra parte. Donde se hace más notable es en aquellos ámbitos en los que el acento, el habla de la persona, juega algún papel: profesiones de cara al público, relativas a la locución o el cine, a la hora de llamar para acceder a un alquiler, la docencia, etc., son distintos los ámbitos en los que actúa esta discriminación pero no debemos olvidar que tiene consecuencias profesionales y que, al final, lo que se discrimina es a toda una población”.
-¿Cree que todavía se asocia ‘hablar bien’ con sonar más cercano al estándar peninsular? ¿Hay complejos todavía en la forma de hablar aquí?
“Totalmente, tanto en los medios como en la educación seguimos conservando antiguos moldes que desplazan al habla vernácula al lugar de lo que no es el castellano. Tenemos aún complejos, cada vez menos, pero que se basan únicamente en estereotipos sociales y nunca en motivos lingüísticos reales. Y es culpa también nuestra, de las lingüistas, no haber conseguido hacerle llegar a la población la idea de que todas las variedades de la lengua están en pie de igualdad y que no hay unas por encima de otras”.
“Creo, de todas formas, que hay que reivindicar esa enorme creación poética que no nace del momento dulce, sino del amargo”
-Ha mencionado el uso del español neutro fuera. ¿Hasta qué punto es una adaptación y hasta qué punto una renuncia?
“Siempre defenderé el no-uso en ninguna circunstancia de acento neutro. Precisamente porque no es una adaptación a nada sino una creación artificial, innecesaria. Creo que los esfuerzos que se dedican a elaborar ese español neutro deberían dedicarse a promover la variedad dialectal, a que la gente se sienta segura con su lengua, que no quieran aspirar a otra solo por un prestigio que no tiene”.
-¿Se puede divulgar o hacer ciencia sin renunciar a tu acento?
“Totalmente. Desde mi punto de vista, no debería ser algo que plantearnos, debería ser natural divulgar con tu acento. No me imagino a un hablante del español castellano planteándose si debe cambiar su acento; en principio, ninguna deberíamos planteárnoslo. También pienso que hay que plantarse y no renunciar a tu acento si no quieres, y si sí quieres, pensar bien por qué motivo hacer tanto esfuerzo; creo que estamos muy acostumbradas a pasar por el aro cuando se trata de renunciar a nuestra identidad, y eso es un error, que se revierte actuando”.
-¿Siente que hay una nueva generación interesada en la lengua y la literatura?
“Estoy convencido de que sí. Estamos viviendo momentos de gran interés hacia nuestra lengua y literatura tanto desde dentro como desde fuera de nuestro territorio. Lo que están haciendo las compañeras en investigación y divulgación, al igual que todo lo que se está creando en literatura, revela el enorme valor que hay en las Islas, la tremenda cantidad de motivos que tenemos para estar orgullosas de lo nuestro y para, lejos del complejo, llevar nuestra lengua y nuestra literatura a donde vayamos”.
-¿Qué papel tienen las redes en todo esto, aunque a veces desesperen (como dice en Instagram)?
“Yo es que soy muy decimonónico, se me da fatal la tecnología, y no tengo voluntad de cambiar eso. Sin embargo, es un gran escaparate, un lugar de encuentro con personas que, de otra manera, no hubieras conocido y que también ayudan a nutrir nuestro arte, el que creamos y el que disfrutamos. Hay que buscar bien dónde están las cosas valiosas, las que no son solo un producto comercial, pero, sobre todo, no hay que olvidar que lo importante es lo que tenemos al lado: de nada sirve estar todo el día en redes sociales si luego no vas ni a un micro abierto. Se pierde mucho con la distancia”.
-¿Se puede hacer poesía ‘desde Canarias’ sin que te encasillen?
“Desde luego, incluso aunque tu tema sea precisamente Canarias. El valor de una obra no debería medirse por el origen de su autora, sino por su capacidad para generar algo en las demás. En ese sentido, nuestra literatura sale de las casillas de este territorio y va mucho más allá. Es difícil que el ojo ignorante no encasille la realidad para poder simplificarla, pero el ojo ignorante, el económico, el productivo, el mercantil, no tiene que importarnos lo más mínimo”.
-¿Cómo se puede seguir siendo uno mismo hoy, defender lo que se cree y no dejar de lado lo humano en un contexto cada vez más marcado por la inteligencia artificial?
“Como decía antes, creo que estamos muy mal acostumbrados a aceptar las cosas como vienen. Yo sigo sin haberle hecho ni una sola pregunta a estas aplicaciones de inteligencia artificial, porque sigo sin verlo necesario en mi día a día, sigo siendo capaz de hacer esos esfuerzos por mí mismo, y me alegro. Siempre hay que defender quiénes somos, quiénes queremos ser, sin olvidarnos de que nuestro primer propósito, como especie, es la de ayudarnos y apoyarnos. Resulta devastador leer cualquier texto sobre, por ejemplo, las hormigas y su organización, y ver lo tan fracasados que somos como animales, lo bien que lo hacen otros que consideramos inferiores. La actualidad parece alejarse cada vez más de la humanidad y acercarse a lo productivo y frío de las máquinas, creo que, si esto no nos gusta, lo que podemos hacer es seguir nuestro camino, seguir pegadas a lo humano, a la comunidad, a la propia creación artística e intelectual, a lo que creemos, sin que nos convenzan de que esto o aquello es inevitable. No creo que haya nada inevitable más que una cosa, e incluso esa, gracias a lo que es ser humanas, la podemos evitar un poquito”.





