Lo que para los vecinos de Tacoronte, en Tenerife, es una imagen cotidiana, para el resto del mundo es una “monstruosidad urbana” o una genialidad técnica. El edificio Los Ficus, ubicado en el núcleo costero de Mesa del Mar, ha vuelto a llamar la atención en redes tras protagonizar recientemente un vídeo viral en la cuenta de Instagram Terratrend, donde se describe como una de las curiosidades urbanísticas más bizarras de Europa.
Construido entre las décadas de 1960 y 1970, este edificio de unas 60 viviendas no solo desafía la gravedad, sino que sirve de base física para el último tramo de la carretera que conecta la zona residencial con la costa.
Una “locura” que desafió a la naturaleza
El origen de esta construcción se remonta a una época de expansión turística donde la orografía de las Islas no era un impedimento, sino un reto. Según recoge Luis E. Hernández Gutiérrez en su libro ‘La playa de La Arena en Tacoronte’, la idea fue impulsada por el promotor Arcadio Pérez Dorta.
Incluso sus propios hermanos tildaron la operación de “locura”, dada la abrupta pendiente del acantilado. Sin embargo, Pérez Dorta, junto al promotor Raymon Wilfart y el arquitecto Carmelo Rodríguez, se las ingeniaron para encajar en un espacio ínfimo tanto el edificio como la rampa de acceso necesaria para los vehículos.
¿Cómo es vivir bajo el tráfico?
A pesar de lo que pueda parecer, la vida bajo el asfalto es más tranquila de lo que dictan los prejuicios. Borja, quien residió cinco años en una de las viviendas superiores de Los Ficus, relata a DIARIO DE AVISOS que “los ruidos apenas se oyen, incluso te acostumbras”.
Un icono de la costa norte
Este “edificio-carretera” es solo una pieza del rompecabezas de Mesa del Mar, un lugar que hace 60 años era inaccesible y que hoy, gracias a estas obras de ingeniería y a la posterior regeneración de la playa de La Arena (galardonada con Bandera Azul), se ha convertido en un referente del litoral tinerfeño.
Mientras el vídeo sigue sumando reproducciones en todo el mundo, Los Ficus sigue ahí, demostrando que en Tenerife, a veces, el camino hacia el mar pasa literalmente por encima de tu salón.







