despuÉs del parÉntesis

Premio Nobel

La historia se constata: la grande lideresa de la oposición venezolana es consagrada con el Premio Nóbel de la Paz, para disgusto del grande Donald Trump. De donde se advierten los fundamentos políticos fidedignos para el caso: el gobierno, esto es Maduro, que representa al chavismo, frente a sus contrarios. Pregunta oportuna: ¿qué representa la señora María Corina Machado? Y se constata: lo que sustancia a la Venezuela de los últimos años es lo que políticamente esa entidad construyó. Aparte del designo progresista de nacionalizar el petróleo (Carlos Andrés Pérez) y dejar fuera del juego a empresas independientes que daban sustento a las infraestructuras y etc., lo que arrima esa conciencia al pueblo singular es la repetición de las consignas y resabios de las fuerzas conservadores (copeyanos y adecos) que se repartieron por tiempo el poder allí. Jamás atinaron a proponer el reparto de riqueza o a asentar los principios del desarrollo que eran posibles (industria, agricultura, comercio…) Se perpetuaban consagrados en el timón y sin resultados manifiestos, pendientes de la corrupción y de la desigualdad. Y en eso se alzó Hugo Chávez, un ex golpista convertido en demócrata. Decidió: la transformación de las consignas administrativas, sociales, económicas y productivas de Venezuela. Ante esa posibilidad, los grupos organizados decidieron: las fuerzas de izquierda, de los socialistas a los comunistas, optaron por Chávez y formaron parte del gobierno. Se constató: gobierno hacia los sectores desplazados, aparte de otras medidas intervenciones, o lo que es lo mismo, por primera vez los ciudadanos que en verdad conceden los votos se precisaron protegidos. ¿Dictadura? Habría de analizarse convenientemente este asunto, por más que Chávez/Maduro persistía en perpetuarse y en no perder. Y en ello la reivindicativa Machado. ¿Qué aporta? No acude a entrevistarse con el presidente de España, que es un presumido chavista. Mientras Sánchez, contra su arrobamiento y sumisión, se planta ante Trump y le hace frente, mientras se reúne con los dirigentes de izquierdas del planeta para combatir el sectarismo reaccionario, ella se da abrazos y recibe honores de la derecha y de la ultraderecha. Porque eso es lo que representa, esa es la Venezuela que quiere hacer resurgir, cual se oyó en la calle, con el cantante oportuno a la cabeza; eso significa la devota de Feijoo, de Ayuso, de Abascal y de los caros suecos que la encumbraron. Y lo que nos partió el alma a algunos de los españoles que contemplamos: el sumo Felipe González, en vez de conceder valor al trabajo y a las manifestaciones de su presidente, se arrima a la dicha derecha para arropar (desde ese lado, dirán) a la susodicha. No resulta un horror, se sufren los alaridos. Porque a estas alturas solo falta que el gran preboste de la izquierda que fue pida militancia en el PP para dar sentido definitivo a su enemistad con Pedro Sánchez, secretario general del PSOE que es. Eso son: la cándida María Corina Machado y el glorioso Felipe González.

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