El caserío de Masca, en Buenavista del Norte, languidece bajo un contraste doloroso: mientras se proyecta al mundo como el segundo enclave natural más visitado de Tenerife, sus habitantes conviven con la falta de servicios y un abandono institucional que lleva décadas.
Farolas sin bombillas y sujetas con bridas, la ausencia de saneamiento básico en los núcleos de La Vica, El Turrón y El Lomo, una pavimentación deficiente en los senderos peatonales, la escasez de aparcamientos y de viviendas, y la masificación turística, dibujan un escenario precario que dificulta la vida diaria de cualquier ciudadano.
El secretario de la Asociación de Vecinos Barranco de Masca, Javier Díaz, denuncia un déficit de mantenimiento que raya la negligencia. “Es un problema acuciante. Hay puntos críticos, como el camino junto a la plaza, donde el firme es tan resbaladizo que los coches patinan en invierno. Cada vez que llueve, los vecinos quedan atrapados, esperando literalmente a que las piedras se sequen para poder circular por la calzada con un mínimo de seguridad”, detalla.
Los residentes sufren para aparcar debido a la saturación de visitantes que bloquean incluso las vías secundarias. “Hay vecinos que donan terrenos para aparcamientos porque las personas que vienen a trabajar dejan sus coches en el interior y se satura, solo falta que por parte de las administraciones públicas se materialice esa construcción”, sostiene.
El transporte público tampoco ayuda y en ese sentido, la asociación de vecinos trabaja para que se apueste por la guagua. La línea de la empresa pública TITSA que conecta Masca con Santiago del Teide deja a los usuarios en la rotonda de entrada y vuelve a este último municipio a buscar más gente, obligando a quienes viven en los núcleos más alejados, como El Carrizal o El Turrón, a caminar kilómetros hasta sus casas o esperar a que alguien los recoja porque la guagua no recorre los 5 o 10 minutos adicionales que supondría dar servicio a todo el caserío. “Lo lógico sería que en un ámbito rural, donde mucha gente no tiene vehículo, lo hiciera”, afirma. También que se incremente la frecuencia para que los visitantes se acerquen al caserío en transporte público y no en coche.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), a 1 de enero de 2024, en Masca residen apenas 93 personas, con una alarmante media de edad de 60 años. Esta cifra no es casual, es consecuencia de la falta de relevo generacional provocada por todo lo anterior, una burocracia asfixiante que expulsa a los jóvenes y una normativa urbanística estricta que no se ha adecuado e impide un asentamiento de vecinos en Masca y por ende, un relevo generacional. Masca está atrapada en su propio paraíso.
El mayor escollo para la supervivencia en este caserío es, paradójicamente, su propia protección legal. El Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) y las normativas urbanísticas, con más de 30 años sin revisión, actúan como un corsé. “Seguimos esperando por un plan especial pese a que el Ayuntamiento aprobó una moción institucional para revisar el PRUG, un acto de cara a la galería que no tuvo continuidad real”, opina el representante vecinal.
Al respecto apunta que la bolsa de suelo residencial creada en su día es, en la práctica, inútil, ya que la mayoría de los terrenos presentan pendientes muy superiores al 10%, donde resulta imposible construir una vivienda. Recalca que los vecinos “llevan años luchando sin éxito para que se amplíe el perímetro de asentamiento y que las familias puedan asentarse allí y no tengan que irse del pueblo de manera forzada”.
Pone como ejemplo su propio caso. Invirtió más de un millón de pesetas (la moneda de la época) para levantar su casa y todavía está esperando por el registro. Una de las respuestas que recibió de parte de la Administración autonómica era que tenía que esperar hasta que estuviera elaborado el plan especial. “Y ya llevo 30 años”, ironiza.
Ralentización
“Por eso nos quejamos”, insiste, “porque cuando toca impulsar temas turísticos, todo sale de la noche a la mañana, pero cuando son mejoras para la calidad de vida de los vecinos, el sistema se ralentiza”.
A su juicio, “la administración se ha convertido más en una agencia de viajes que una gestora de los asuntos de la ciudadanía. O al menos ese es el sentir que tenemos los vecinos de Masca”, aclara.
Los vecinos no niegan que el turismo sea su motor económico, pero “también tenemos derecho a vivir”, y por eso exigen un equilibrio que en la actualidad no existe.
“Cuando cae la noche y vas por calles destrozadas, caminos que le faltan piedras, farolas rotas o sin bombillas, sin presencia policial ni servicios básicos, y papeleras llenas de basura, te das cuenta que hay un abandono institucional por parte de todas las administraciones”, subraya Javier Díaz. La sensación es la de sentirse ciudadanos de segunda en su propio pueblo.
Una realidad que, a su juicio, “se ve estando en el día a día, no solo viniendo a ver la parte turística para llevarse una buena impresión”.
Por todo ello, Javier y la mayor parte de los vecinos de Masca no se explican que después los responsables políticos acudan a las ferias de turismo a vender Masca como el segundo lugar más solicitado de la Isla “cuando no se está invirtiendo nada en él”.
Los últimos proyectos que han realizado no son para los vecinos. “han hecho un muelle “que es una aberración” y el barranco “se lo cargaron”. Hoy, para una familia canaria, “bajarlo supone un desembolso económico prohibitivo porque el barco solo cuesta 25 euros por cabeza. Están convirtiendo nuestros espacios naturales en atracciones de pago para que venga el visitante”, señala con amargura.
Moneda de cambio política
La sensación en el pueblo es confusa. Sus residentes sienten que son utilizados como moneda de cambio política, que Masca “solo importa” cuando hay que hablar de turismo, de la entrada al barranco, de la nueva pasarela o de fotos bonitas, pero que sus problemas reales, como los que tienen los vecinos del resto de municipios de la Isla, no están en la agenda de ninguna administración pública.
“Toda la planificación y la vida en Masca la están enfocando de cara al turista y no al vecino, es decir, están transformando Masca en Mascalandia, un parque de atracciones o un museo viviente, como se llegó a decir”, puntualiza el secretario.
Los vecinos no descartan encadenarse por fuera del Cabildo para ‘hacerse oír’
Los vecinos y vecinas de Masca están cansados de reclamar servicios que consideran necesarios para el barrio y que ninguna administración los tenga en cuenta. De enviar escritos “que caen en saco roto” y de reunirse en los últimos años con representantes públicos que no actúan ni resuelven carencias que se acumulan desde hace décadas.
Por esta razón, no descartan encadenarse por fuera del Cabildo de Tenerife como última alternativa para ser escuchados “y que nos desalojen por la fuerza”, subraya Javier Díaz.
Esta medida se planteó en la última junta de la Asociación de Vecinos Barranco de Masca y el día 24 volverán a reunirse para tomar una decisión “porque no vemos que haya un avance serio sino de cara a la galería”.
“Nos sentimos abandonados. La administración se ha convertido más en una agencia de viajes que en una gestora de los asuntos de la ciudadanía”, sentencia Díaz.
El jueves pasado se reunieron con el nuevo director del Parque Rural de Teno, Enrique Simó, quien “al menos nos escucha, se sienta con nosotros y va midiendo un poco las cuestiones, pero hay algunas que no dependen de él y está limitado respecto a las decisiones que puede tomar en materia de inversiones o en buscar los técnicos”, añade el secretario.





