sociedad

Yaiza, camarera tinerfeña que emigró a Finlandia: “Aquí tu trabajo está más valorado”

Como muchos jóvenes de su generación, tuvo que hacer las maletas rumbo a una de las regiones más frías de Europa: "No me planteo, por el momento, regresar"
Yaiza, camarera tinerfeña que emigró a Finlandia: "Aquí tu trabajo está más valorado"
Yaiza, camarera tinerfeña que emigró a Finlandia. DA

Unas vacaciones en Helsinki hace tres años metieron el runrún en la cabeza de que, quizás, un cambio de aires era lo mejor para Yaiza, una camarera tinerfeña que ahora tiene 29 años y que se ha asentado en el séptimo país más extenso de Europa como es Finlandia, concretamente en Muonio, municipio de la antigua Laponia. Horarios larguísimos, condiciones laborales deplorables y la poca valoración, tanto en lo social como en lo económico, de su labor, absolutamente vocacional en su caso, la impulsaron a hacer las maletas.

“Mi situación en Tenerife no era la mejor de todas”, reconoce mientras rememora su vida a los 26 años: “Vivía en casa de mis padres, sin independencia económica porque lo que cobraba de sueldo no me daba para pagarme un alquiler. Ahora, cuando miro atrás, veo que lo hice porque tu profesión, con la vocación, que tienes, no se valora lo suficiente, y ha sido lo mejor”.

Durante toda la entrevista, Yaiza se expresa con la madurez de alguien que ha tomado una decisión complicada, la de dejar atrás su tierra y su familia, para ganarse un futuro mejor que ve a todas luces imposible en la Isla. Eso no es sencillo a ninguna edad. Con 26, como fue su caso, aún menos: “Llegué y me encontré un país enorme, con una diferencia de temperatura tremenda pero también con una hospitalidad por todas partes”.

Yaiza y su aterrizaje en Finlandia

La tinerfeña se dio cuenta de que con personas de “Estonia, Suecia o Emiratos Árabes Unidos”, trabó muy rápidamente amistad, algo clave para poder integrarse: “Si te escuchaban hablar inglés, porque aún no sabías hablar suomi (finés) rápidamente se adaptaban a ti, te hablaban en inglés para que no te sintieras apartada en la conversación”.

Yaiza se encontró con “gente sumamente educada”, que, por ejemplo, “si ven que vas con prisa, se apartan para que puedas pasar” o que “cuando aterriza el avión, esperan sin prisa que puedas desembarcar con comodidad”. “En lugares como el transporte público no se suelen llenar los silencios con conversaciones banales, tampoco se pone música en alto porque se considera, formalmente, una falta de respeto. Eso da mucha tranquilidad”, insiste.

En el día a día han logrado tener un concepto de comunidad gracias a cumplir con objetivos en beneficio de todos, lo que no solo facilita la integración, sino también la vida en el día a día: “No ves basura ni suciedad en la calle y se incentiva, por ejemplo, el reciclaje. Pagan por reciclar, lo que provoca que la gente quiera involucrarse en ello así como en otros aspectos. Por ejemplo, si llevas bolsas con latas al supermercado llegan a descontarte ocho euros en la compra semanal”.

Una experiencia recomendable

Tras tres años, Yaiza considera que lo que vive es “una experiencia increíble”, algo a lo que anima “a cualquier canaria o canario”. “Es duro, porque dejar a tu familia y a tus amigos atrás te pone triste, pero por tu bienestar llegas a esa decisión porque es lo mejor para ti”, señala.

Tanto es así, que su intención no es la de regresar a Tenerife. Al menos a corto o medio plazo: “Yo bregué por conseguir un trabajo aquí, en uno de los inviernos más fríos de mi vida, porque he llegado a estar a -41 grados. Si me preguntan por poder regresar a la Isla me provoca cierta tristeza, porque no lo veo posible, me da hasta ansiedad”.

Las diferencias de ser camarera en Finlandia y en España

Porque a nadie le gusta verse forzado a dejar atrás su casa para tener que ganarse la vida, pero, por desgracia, en muchos casos es muy necesario. Yaiza completó sus estudios para dedicarse a un sector tan importante -y tan precarizado-, como es la hostelería, algo que en su caso es total y absolutamente vocacional, pero se encontró con malos salarios y jornadas maratonianas. Algo que ha cambiado de forma radical en Finlandia, trabajando en el Hotel Jeris Lakeside Resort (Harriniva Hotels & Safaris).

“Tras 10 años dedicándome a la hostelería en Tenerife, en los que solo en una de tantas experiencias que tuve sentí, de verdad, que mi profesión era valorada, no te planteas regresar. Cuando has estudiado para ello, quizás con la idea de montar tu propio restaurante y ves la realidad, da hasta miedo plantearte volver. Yo estuve durante meses con una baja por depresión porque mi trabajo no me daba para vivir, porque el dinero no te da para vivir don dignidad…”, señala de forma tan clara como dura.

El paisaje en Finlandia es espectacular, como en la foto de la propia Yaiza

En Finlandia se ha encontrado con un panorama totalmente distinto, con empresas que pagan las horas extras -con el doble de salario- o con el abono de la nocturnidad: “Esta es una profesión súper bonita, súper artística y mucha gente la ve como si fuera algo malo, cuando es todo lo contrario. Está muy solicitada, porque cada vez hay menos camareras y camareros, porque nos estamos marchando todos. Ser camarero está tan poco valorado económica y socialmente en España que volver sería el último recurso”.

Por supuesto que tiene cosas negativas, aunque las positivas, y el futuro que se le presenta, las supera con creces: “Hay muchas cosas por hacer. Sales de casa y al lado tienes un parque enorme, puedes darte una sauna calentita cuando fuera hay 30 grados bajo cero -algo que recomiento mucho hacer-, y muchas cosas más, como ver auroras boreales, que es todo una experiencia. Entiendo que para un canario o una canaria es complicado entender que la vida fuera de las Islas puede ser maravillosa, pero es así”.

“A veces, cuando llegas a casa, te sientes solo porque no tienes a tu perro que te salta y te ladra cada vez que llegas a tu hogar. Echas de menos a tus amigos y a tu familia. Cuando llamo a mis padres a ellos les vale con que tú estés bien, a 10.000 kilómetros, en el Polo Norte, pero ellos me dicen, ‘mi niña, no te preocupes, no llores, que todo está bien aquí y nos alegramos por ti’, eso es lo que mis padres me dicen mucho”, recalca Yaiza que, un día, hizo las maletas para marcharse a una de las regiones más frías de Europa buscando una vida mejor. Y la está encontrando.

TE PUEDE INTERESAR