Vuelve este sábado a Galicia (Vigo, Pontevedra) el acto central del Día de las Fuerzas Armadas, 41 años después del susto de A Coruña en 1985, cuando, afortunadamente, se desbarató a tiempo un plan que pretendía colocar una importante carga explosiva debajo de la tribuna de autoridades. Aunque el viacrucis judicial del PSOE acapara toda la atención, a la espera de la declaración ante el juez del expresidente del Gobierno Rodríguez Zapatero, no me resisto a salirme del monotema y poner hoy el foco en la defensa militar de España
En el enrarecido ambiente de crispación y desasosiego político que vivimos resulta una ilusoria rareza el lema de este año, “Todos unidos defendemos España”. La Defensa es, efectivamente, una de las cuestiones de Estado que debía estar por encima de la bronca de los partidos, y que, sin embargo, el Gobierno gestiona a hurtadillas porque tiene problemas para aprobar el gasto militar en el propio Consejo de ministros y elude el trámite parlamentario porque el PP, que es el otro partido con experiencia de gobierno, coquetea con las inadmisibles imposiciones de Trump para meterle el dedo en el ojo a Pedro Sánchez.
Trump, Putin, Netanyahu y otros de su calaña han volado la arquitectura internacional de seguridad y provocado que la OTAN, hasta ahora nuestro paraguas protector, esté en estado catatónico. En el caos actual, burla del destino, podría hacerse realidad el sueño que alentó el nacimiento de Izquierda Unida, “OTAN no, bases fuera” en 1986. No podían imaginar que 40 años después un botarate presidente de EE.UU. trabajaría para ellos.
Como sentenció Vegecio, cuando se desea la paz hay que prepararse para la guerra, y eso requiere entendimiento político de los grupos parlamentarios, lo que, desgraciadamente, hoy no se puede ni soñar, y dinero para elaborar una propuesta sólida y coherente de contribución a la inaplazable organización europea de defensa. El gasto militar es siempre un quebradero de cabeza. Ahora se puede argumentar con razón que el Gobierno no ha presentado una Ley de Presupuestos, pero, siendo escandaloso e ilegal que el Gobierno se salte la obligación constitucional, hay que reconocerle a Sánchez el malabarismo para trasvasar dinero de otras partidas y cumplir los objetivos y encargos de la OTAN, hasta alcanzar el 2% del PIB, lejos del 5% que Trump quiere que se haga efectivo ya, aunque en la Cumbre de la OTAN de La Haya de 2025 se fijó como objetivo para 2035.
Si España pretendiese alcanzar hoy esa cota debería asignar a gastos militares alrededor de 50.000 millones más de lo que dedica ahora, hasta un total de unos 85.000 millones, que no podría atender sin empantanar el gasto en educación y sanidad. Demasiado arroz para un gobierno en precario, al que no le llega la camisa al cuerpo. El próximo Gobierno debe decidir y hacer público sin tapujos qué recursos asigna a cañones (gasto militar) y cuanto a mantequilla (gasto social), sin desatender ninguna de las dos partidas. Tiene que hacer bien y transparentes las cuentas y pactar un compromiso de medio y largo plazo con el principal grupo de la oposición. Así, tal cual, aunque después ni se miren sus señorías a la cara.
Para estos menesteres es ocioso pensar en el concurso de los grupos independentistas, de derecha e izquierda. Fueron a Madrid a pillar cacho y lo han conseguido de un Pedro Sánchez que necesita sus votos para mantenerse en el Gobierno, pero ya están de retirada. Han presentado las últimas facturas al cobro (la España plurinacional, competencias, dinero y fruslerías) y avisado que esto se acabó. Para el buen nombre del PSOE sería preferible que la Historia pudiese decir que dejó el poder porque perdió las elecciones (si eso se produce) a que fue sacado del gobierno con una moción de censura por corrupción. Hoy solo el PP firmaría la moción de censura con VOX, pero nada es para siempre. Por interés general y del propio PSOE, Sánchez debería convocar elecciones ya.
Vuelvo y termino con Rodríguez Zapatero. Retiró las tropas de Iraq contra el parecer de Aznar y Bush, no se levantó al paso de la bandera de EE.UU. en un desfile, ayudó a Sánchez a ganar en 2023 y tiene amigos venezolanos. Hasta que los tribunales no digan lo contrario, tiene derecho a la presunción de inocencia, pero… yo no recomendaría a nadie los asesores que ha tenido. Mucha ceja y poca vista.
