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En un país multicolor

Yo creo que España no tiene remedio, pero renuncio a analizar lo que está ocurriendo, porque me pierdo en una maraña brutal. Por eso no hablo de política, porque sencillamente no tengo ganas. Desde hace meses estoy recluido en mi casa, sin apenas contacto exterior más que mis esporádicas salidas para entrevistar a personajes de la vida científica y cultural de Canarias. Este es un país multicolor, como decía aquella canción creo que de Heidi, o de David el gnomo, que no me acuerdo bien y tampoco quiero acudir a la inteligencia artificial para cerciorarme. El ciudadano español es un hombre y una mujer despreocupados, incapaces de anteponer la pureza institucional a ir a la playa, le importa muy poco lo que ocurre, no lee, no se informa, no tiene zorra idea de lo que ocurre en su país y en el mundo. Las encuestas callejeras hacen que se te caiga el alma a los pies y existe una ola de hipocresía e ignorancia que asusta. Y las comunidades autónomas que Suárez creó, más que un proyecto de unidad nacional y de descentralización, se han convertido en reinos de taifas que son hasta capaces de apoyar hasta lo que nadie en su sano juicio apoyaría. Pero yo no me encuentro con fuerzas para iniciar, como hacía antañazo, una cruzada en defensa de lo que creo justo. Estoy sin fuerzas y muy desanimado y muy cabreado con el país en el que vivo. Si les digo la verdad, ya todo me da igual, así que les dejo a los demás que opinen y yo me resguardo cobardemente del temporal, bajo el techo de una humilde morada, que es la que me ha tocado al final de mi vida. Lo que sí digo es que esto no hay quien lo aguante y que el aguacero tendrá que cesar, más temprano que tarde, porque afecta a la salud.

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