súperconfidencial

¿Cobarde?

A punto de cumplir 79 años, es decir, a un paso de esa frontera de los 80, en la que uno se topa sin querer con todos los riesgos, yo creo que me he vuelto un cobarde. Cada vez me interesa menos lo que ocurre por ahí y cada vez desoigo más la voz de la calle, que es muy cómoda y que te repite cada día, en las aceras, a las puertas de cada restaurante: “¿Y por qué ya no escribes como antes?”. He estirado mi profesión hasta el límite, por mera afición. Ni siquiera coticé en un plan de pensiones, ni trabajé en CajaCanarias, casi toda mi vida fui un autónomo que repartía con los demás -que eran legión- lo que ganaba. Viví, en ocasiones bien pero ficticiamente, de iniciativas propias. No fui de los plumillas beneficiados por el dinero público y me he pasado desde 1970, es decir 56 años, trabajando cada día, produciendo miles de artículos, entrevistas, ensayos, tras convertirme en periodista por la vía académica, doctorarme e intentar, con poco éxito, la verdad, la docencia. ¿Y me voy a morir ahora siendo un cobarde? Pues, sí. Aquel periodista polémico que desafiaba a todos los enemigos con un buen ataque no tiene ya ganas de seguir en la brecha, sino de escribir tonterías y de trasladar anécdotas para que el desocupado lector se ría un rato con sus ocurrencias. Ejerzo de bufón. Esta es la consecuencia de haber elegido mal mi profesión y de incluirme como sargento chusquero en esa legión de robaperas que conforma hoy el periodismo local y nacional. Cualquiera se titula periodista, sin serlo; cualquiera se arroga los méritos para crear opinión y comunicar, y así nos va; cualquiera enseña en las facultades de periodismo, si es que queda alguna. Yo, incluso, tuve la oportunidad de crear (con otros) la de La Laguna. Qué inmenso error, qué idiota he sido.

TE PUEDE INTERESAR