opinión

Desde el corazón del Valle de El Golfo, matando la culebra con Tejeguate

El pasado 18 de abril el Grupo Folklórico de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna -agrupación tradicional fundada hace 45 años- se trasladó a Frontera a participar en el acto de entrega, por parte del Ayuntamiento local, de la Medalla de Oro al Grupo Folklórico Tejeguate, por haber cumplido sus 50 años de andadura. El acto central se desarrolló en el denominado Espacio Cultural El Cine, interviniendo el alcalde, Pablo Rodríguez Cejas, así como el actual director de Tejeguate, Iván Padrón Febles, y el mencionado Grupo Folklórico de la Facultad de Educación, interpretando un total de 10 temas, algunos de los cuales correspondientes al folklore musical de El Hierro, así como de otras islas del archipiélago.

La relación entre los dos grupos citados se inició en el mes de agosto de 1975. Al año siguiente se constituiría oficialmente el Grupo Tejeguate. Y en 1979 sería invitado, fue la primera vez que salió fuera de la isla -tal como acostumbraba a recordar su fundador, Ramón Padrón Cejas- a participar en el II Homenaje Popular al Artesano Canario, llevado a cabo, nos referimos a su apartado más popular, en la plaza del Charco del Puerto de la Cruz. Dicho evento acabaría feneciendo algún tiempo después, muestra palpable del devenir de los pueblos que no son orgullosos, dados, como ha acontecido a lo largo de la historia, a abandonar y olvidar celebraciones y valores tradicionales y muy relevantes.

MAESTROS Y MAESTRAS

Muy notoria e importante ha sido la información que a lo largo de los años (1975-1992) nos fueron proporcionando Maestros y Maestras de la Tierra naturales de los diferentes municipios de El Hierro, muchos de los cuales, nombrados y destacados en el evento celebrado en el Cine de Frontera, eran naturales de los diferentes lugares del Valle de El Golfo: Julio Brito Padrón, Antonio Carballo, Juan Machín García, Benito Padrón Gutiérrez, Gregorio Padrón Padrón, Juana Fleitas, Fernando Padrón Quintero, Ramón Padrón Cejas, Victoriano Fidel Padrón González, Segunda Gutiérrez Morales, Eladia Padrón…

Al día siguiente, domingo 19 de abril, se representó, en el espacio aledaño al Mercadillo, la tradición canaria de origen afro-cubano Matar la culebra, traída de Cuba a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Se organizó en dos islas del archipiélago, La Palma y Tenerife. Ahora bien, entre las poblaciones donde se escenificó, fue en el Puerto de la Cruz donde más perduró, concretamente hasta 1982. Tras años de ausencia, volvió a recuperarse (exposición, publicación de un libro y vuelta a representar) el año 1997. Matar la culebra es uno de los géneros folklóricos más notorios y sorprendentes del folklore musical canario, tratándose de una tradición milenaria y de un claro precedente de lo que hoy conocemos como teatro en la calle, al igual que acontece con la representación herreña conocida como Los Carneros o Correr los carneros, cuyos orígenes se remontan a las fiestas lupercales de la antigua Roma.

SIMBOLOGÍA

Ha discurrido la idea de que el ritual del Mataculebra es una tradición de sentido racista. Nada más lejos de la verdad: “La historia, a nosotros los canarios y canarias, nos ha condenado a ser ignorantes de nuestra propia realidad”. La culebra -que mide alrededor de un metro de largo, construida con pequeños fragmentos de madera, engarzados por mediación de dos alambres- es el símbolo del mal, contemplada como un animal que se camufla con suma facilidad, habiendo tenido a lo largo de los años diversas identificaciones: genios que amenazan la vida de la comunidad, sistema esclavista, dictadura militar, explotación humana, pandemias, guerras…, es decir, entes malignos que hay que combatir y erradicar. Todos los actores del Mataculebra son negros, salvo el mayoral, representante del poder, personaje blanco y barbado que porta en su mano, hostigando a los negros esclavos, el látigo, chucho o rebenque.

Las dos agrupaciones folklóricas que hemos mencionado líneas atrás, artífices del evento que apalabramos, tienen como objetivo el respeto a la tradición, la honorable herencia de nuestros Mayores, el bien más sublime que puede tener un pueblo. Son también conocedoras de la presencia de otra culebra a la que es conveniente y necesario denunciar y enfrentarse; nos referimos a la falta de respeto y apoyo a la tradición. Sus continuados, 50 y 45 años de actividad, los que están cumpliendo uno y otro grupo folklórico, representan su más preclaro aval de lo que ha sido y significado su trayectoria.

Dos días memorables, inolvidables, vimos transcurrir al pie del Risco de Tibataje, acompasados por el sonar de tambores inmemoriales.

*Doctor en Historia y Premio Canarias 2022 de Cultura Popular

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