Si yo fuera jugador del Real Madrid, en vez de hincha, quizá no sería capaz de salir al campo a disputar un partido más de esta terrible Liga sin premios. Los futbolistas han convertido al Madrid en un guiñapo, no han ganado un solo título en dos temporadas y se han dejado su honor en manos de un F.C. Barcelona arruinado, que sabe muy bien huir hacia adelante y nutrido exclusivamente de la cantera. Además, los jugadores madridistas echaron a un gran entrenador, Xabi Alonso, mucho más estrella que ellos en los campos de juego, y el canterano Arbeloa, su sustituto, ha puesto suavidad y constancia, pero los resultados le superan. Es decir, hoy el Real Madrid, considerado por la Federación de Estadística del Fútbol como el mejor Club del Siglo XX, es una caricatura; y su presidente, Florentino Pérez, tendrá que hacer machuca y limpia si quiere enderezar el futuro del equipo. Es curioso: este hombre, Florentino, ha creado un imperio deportivo, pero durante dos años le han fallado los mimbres elementales de toda entidad futbolística: la plantilla. Incluso Vinicius, por primera vez en la historia del Club, le faltó al respeto a su entrenador durante una sustitución en el partido contra el Barça, en una actitud impropia de un jugador del Real Madrid. Y no fue ni sancionado, ni amonestado públicamente y, además, se le premió con la destitución de su entrenador. Esto, el aficionado al Real Madrid no lo toleró, le ha silbado en el campo y esos silbidos han sido su única amonestación, su único castigo, ante una directiva que miraba para otro lado. Ahora se barajan dos nombres para preparar al Real: Mourinho y Klopp. Los dos, grandes entrenadores. Pero las manzanas podridas están en el vestuario, que no tiene vergüenza, ni sabe en qué equipo juegan estos futbolistas. No más humillaciones y a la puta calle quienes no sepan defender los colores del Real Madrid.
