opinión

El Tenerife que vuelve a ilusionar

Hay ascensos que se celebran por lo deportivo y hay otros que se sienten como algo más profundo.

El del Club Deportivo Tenerife es uno de esos.

No hablo desde el conocimiento interno del club, ni desde los despachos, ni desde los entresijos que muchos manejan. Hablo desde lo que soy, un aficionado, uno más.

Desde ahí, desde esa mirada sencilla, hay algo que resulta evidente… se respira ilusión.

Ilusión en los jugadores, en la grada, en los medios, en la conversación diaria. Ilusión en la isla. Una sensación compartida de que algo se está haciendo bien y de que el camino tiene sentido.

Gran parte de esa energía nace de una nueva directiva que ha sabido transmitir propósito. Con Felipe Miñambres al frente como presidente, aportando experiencia y estructura. Con Rayco, como máximo accionista, marcando el rumbo.

Rayco García no ocupa el cargo de presidente, pero es evidente que es quien lidera el proyecto desde la propiedad. Quien toma decisiones y empuja. Quien define hacia dónde va el club. Al menos es eso lo que se percibe.

No lo conozco personalmente. No sé cómo trabaja en el día a día ni cuáles son los detalles de cada decisión. Como muchos, lo que conozco viene de fuera, de lo que se oye, de lo que se comenta, de las controversias que inevitablemente rodean a cualquier figura que asume un rol tan determinante.

Con todo esto hay algo que también es innegable. Su aportación y entusiasmo no se percibía desde hacía mucho tiempo.

Cuando un club cambia la dinámica, cuando se ordena, cuando transmite ambición, cuando conecta con su gente… es difícil no reconocer que detrás hay liderazgo. Hoy el Tenerife lo tiene.

Da la sensación de que hay un propósito. Una idea clara. Una ambición que no se conforma con el presente. Que quiere consolidar al club, hacerlo crecer… y por qué no, verlo algún día compitiendo en Europa.

Decir esto no es desmerecer a quienes estuvieron antes. Todo lo contrario.

Estoy convencido de que las anteriores directivas también sienten este ascenso como propio. Porque en el fútbol, como en la vida, los logros nunca pertenecen a una sola etapa. Son la suma de muchas decisiones, muchos esfuerzos y muchas personas que, en distintos momentos, empujaron en la misma dirección.

El Tenerife necesita eso… unión.

Unión entre etapas, personas. Unión entre los que estuvieron, los que están y los que vendrán.

También conviene decirlo. En mi opinión, lo que no necesita, es el uso de su triunfo para blanquear imágenes de políticos.

El Tenerife no necesita eso.

Necesita compromiso real, a las buenas y a las malas. Sin oportunismo. 

Porque cuando un club consigue alinear ilusión, liderazgo y comunidad… pasan cosas.

Hoy, más que nunca, da la sensación de que eso está ocurriendo.

Larga vida al Tenerife. A sus jugadores, su gente y a todos los que suman.

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