Rayco y yo nos conocimos hace ya al menos 13 años. Tenía 27 años, y por supuesto ya traía consigo su enorme perfil emprendedor, su valentía, su honestidad, y su inagotable capacidad de innovar y crear. También su natural inercia de creer en la gente, de ayudar a todo el mundo, y de querer rodearse de buenos profesionales, pero también de buenas personas. En eso coincidimos los dos. Para ser un gran profesional, primero hay que ser una gran persona.
En aquella época, un amigo común nos juntó, y desde entonces no nos hemos separado. Si a algo me he dedicado yo, únicamente, es a ordenarlo, a organizarlo y a darle estructura a su brillantez innata, a su energía incontenible, y a su enormísima visión empresarial, y a darle algún consejo que otro, de hermano mayor, como él me suele decir. Porque Rayco es un visionario, un soñador, con el añadido muy poco común, de que cada vez que persigue un sueño, lo persigue hasta que lo hace realidad.
Así ha ocurrido en su vida personal, empresarial y profesional, y por supuesto en nuestro Tenerife. Como una hormiguita y durante varios años fue apostando y comprando acciones de su Club querido, con un solo sueño, poder ayudar a hacerlo grande. Cuando peor estaban las cosas, cuando todo el mundo se ponía de perfil, él, por supuesto, dio un paso al frente, y por suerte, me invitó a acompañarlo. Como a los grandes generales, él sabe que lo seguiría donde me diga, y solo él y yo sabemos por qué tuve que dar un paso al lado, al menos formalmente, porque sigo y seguiré, a su lado. Eso sí, antes de eso, nos dio tiempo a hacer juntos la dificilísima travesía del desierto de aquellos tres meses que comenzaron aquel maravilloso 17 de diciembre de 2024.
Fue un período convulso, mucho, en lo institucional, y qué decir de lo deportivo, heredado de una etapa para el olvido, pero el objetivo de Rayco era claro, generar estabilidad y crear un proyecto de futuro. Hubo que hacer sacrificios, estrategiar, pelear, y por si no fuera poco, tuvo que sufrir los infames intentos de derruirlo en lo personal. Pero todos esos que trataron de destruirlo, tenían y tienen un problema que desconocían, y que ahora ya conocen. Rayco es irreductible, y los que lo apoyamos somos legión.
Ahora, con su maravilloso equipo de personas, personas con mayúsculas, Ayoze, Antonio, Felipe, Sheila, me temo que no habrá quien lo pare. No se olviden de lo que les decía más arriba. Rayco es un soñador, y hasta el día de hoy, no le he visto, ni una vez, soñar en vano.
