El apoyo a la regularización de inmigrantes en nuestro país; el mensaje de humanidad ante la mejora de la atención y la acogida compartida de los niños y niñas que llegan en pateras y cayucos a nuestras costas; el posicionamiento en la defensa de la paz mundial y el respeto al derecho internacional; los acuerdos para la resignificación del Valle de Cuelgamuros, o el apoyo y el reconocimiento explícito del papa al Gobierno de España y, en concreto, a la sociedad canaria por mostrar al mundo su solidaridad y capacidad para atender -con todas las garantías- a los pasajeros y a la tripulación del barco afectado por hantavirus el pasado mes de mayo. Son algunas de las cuestiones en las que el Gobierno de España y la Iglesia coinciden plenamente. Y lo hacen por una razón básica: se trata de Derechos Humanos. La visita del papa León XIV a Canarias refrenda ese mensaje humano que compartimos quienes anteponemos la solidaridad al egoísmo. A quienes, desde la acción política, ciudadana o espiritual, pensamos primero en el interés común. A quienes, en nuestras acciones cotidianas públicas y privadas, desterramos el odio y la xenofobia. Y a quienes defendemos los más básicos valores de la democracia. Eso es Canarias. Porque así somos los canarios y canarias. Y por primera vez en la historia un papa va a pisar esta tierra y podrá comprobar personalmente nuestra realidad. Va a sentir de primera mano que somos una sociedad acogedora, abierta, inclusiva y que ha luchado por los derechos y libertades que hoy disfrutamos en igualdad de condiciones. Un pueblo que ha prosperado y que se ha sabido adaptar a los tiempos a pesar de la lejanía y las enormes dificultades por las que hemos pasado a lo largo de nuestra historia. Una tierra en la que sabemos qué significa emigrar por la fuerza, huir de la pobreza o de la represión, y cruzar el océano en busca de nuevas oportunidades. Todo esto lo va a sentir el papa cuando miles de canarios y canarias hagan latir un solo pulso, sin intermediarios. Lo va a sentir cuando recorra nuestras calles o en los grandes eventos que hay programados en Gran Canaria y en Tenerife. Porque ¿cómo no vamos a entender al emigrante? ¿Cómo no vamos a auxiliar al marinero desvalido, ya sea a bordo de una patera o de un crucero? Si nosotros, en estas ocho peñas, somos igual de navegantes y arrastramos el mismo cansancio viejo que arrastra la Humanidad entera. ¿Cómo no vamos a ser como somos? Es nuestra naturaleza: somos faros y luz de la esperanza en este punto del Atlántico. Y el papa lo va a percibir. Se puede llamar caridad, que es la virtud de amar incondicionalmente a los demás. Se puede llamar solidaridad, que es la adhesión desinteresada a la causa de otros. Se puede llamar empatía, que es la capacidad de comprender y compartir el sufrimiento ajeno. A mí, ese impulso a tender la mano al prójimo me gusta llamarlo justicia social, que es un término que usó también el papa en su discurso en el Congreso de los Diputados, esta semana. Porque el concepto de justicia social unifica todas las razones anteriores, pero bajo el principio de la igualdad plena entre todos los seres humanos. Los valores que promulga el papa, de protección a los más vulnerables y la defensa de la dignidad de cualquier ser humano, van inexorablemente de la mano con las políticas que impulsa el Gobierno de España, que tiene a la Constitución y a la Declaración Universal de los Derechos Humanos como guía para ir todavía más allá y seguir ampliando derechos. Además, el papa ha defendido los verdaderos valores de concordia y de la paz, cimentados en la memoria, que es un elemento para la búsqueda de la verdad y de reconciliación. Coincido plenamente con él también en la reivindicación del diálogo y en la necesidad de desterrar la polarización y la crispación. Es indispensable apartar la descalificación y el odio para el avance de nuestra sociedad.
Ya el papa Francisco, a quien conocí personalmente en la Santa Sede, puso su mirada llena de bondad y compromiso social en Canarias. Y ahora, el papa León XIV hace real la promesa de visitar nuestras Islas. Es un tremendo honor para quienes habitamos este Archipiélago.
Vamos a vivir un momento histórico. Único.
León XIV será recibido en Canarias con toda nuestra alegría y con la esperanza puesta en un mundo mejor. Un mundo más humano.
Bienvenido.
*Ministro de Política Territorial y Memoria Democrática
