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Otra vez el papa

Desde mi indiferencia religiosa, me rindo ante el despliegue de sensatez del papa Prevost en su primer gran viaje a Europa. El pontífice ha hecho encaje de bolillos en Madrid para que un país difícil, como sin duda es España, se rinda a sus pies. Veremos lo que consigue en Barcelona y en Canarias, sus destinos inmediatos. La Iglesia, con más de dos mil años de historia, tiene por fuerza que ser sabia. El pontífice, que es matemático, ha aplicado la lógica en sus discursos, no ha incomodado a nadie y ha logrado siete minutos de aplausos en un Congreso que es una jaula de grillos, por calificarlo de una manera prudente. No tengo duda de que el Vaticano, que es el Estado más pequeño del mundo, sabe manejar sus hilos, que domina la escena. Posee una información privilegiada porque la Iglesia es universal y en ella trabajan millones de personas muy inteligentes. Prevost, que tiene una mentalidad norteamericana, a pesar de su larga estancia en el Perú, derrocha sentido común, lo que le convierte en una persona diferente. Muy escasos dirigentes mundiales aplican el sentido común a sus actuaciones, más bien todo lo contrario. Creo que el papa está desplegando en España una sabiduría notable, una cercanía prodigiosa y una forma de actuar desenvuelta y agradable. Veremos cómo transcurren los días que faltan para cubrir el periplo completo, pero el ejemplo de su santidad ha resucitado a la dormida Iglesia española, ha influido sobre todo en los jóvenes y se ha convertido en histórico para el país. El papa León XIV se ha acercado a las familias, ha predicado la justicia social, ha alabado a las empresas que cumplen con sus obligaciones y ha aconsejado a los jóvenes que levanten la cabeza y que no tengan miedo. Ya era hora de ver a una persona con tamaña fuerza gobernando una organización tan complicada. Es que los anteriores papas iban con muletas.

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