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El diario de mi vida

Fin de semana agitado. De una parte, mi obligada ausencia de una comida a la que me hubiera gustado asistir: la conmemorativa de los 80 años, espléndidos, de mi amigo Joaquín de Suñer, que comenté ayer. Los partidos del Mundial, menos la primera parte del de Colombia y Portugal, un desastre. Con lo pequeño (grandísimo en historia) que es el país (Portugal), vaya jugadores que tiene. Ah, los comentaristas de DAZN, por fin, identificaron a Marco Rubio, secretario de Estado USA, en la tribuna del estadio, junto al presidente de FIFA, Infantino. El viernes murió mi gran amigo Óscar Monzón, una grandísima persona, un gentleman, un tipo con un sentido del humor poco común. La reacción en las redes de la gente que lo conocía ha sido fantástica. Tienen una entrevista con Óscar en esta edición, que data de noviembre de 2019 y que retrata su personalidad. No quise que pasaran sus respuestas desapercibidas, tan alegres, en los tristes momentos de su desaparición. He caminado algo más de lo normal y me entraron dolores –superados— en los gemelos. No sé si les he contado que desde el covid me encerré y he salido muy poco, sólo para las entrevistas en Los Limoneros y algunas reuniones con amigos, tampoco me he subido en un avión y no he caminado apenas por las calles, donde ya me siento un extraño. Preocupado por Venezuela, he recibido dos mensajes de Paco González Yanes, que está en Caracas, pero no he logrado conectar con él por teléfono. Se encuentran bien, él y su familia, según me dice. Y añade: “Pero ha sido muy duro”. Me ha venido a visitar mi amiga la catedrática Carmen Rubio, con su hijo Pablo. Carmen acaba de regresar de Washington, donde ya saben que ha sido nombrada miembro de la directiva de la Sociedad de Toxicología de los Estados Unidos. Un logro para la ciencia española, aunque ella sea también norteamericana.

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