tribuna

Emergencia Nacional

Por una vez, y dada la magnitud de la catástrofe, no hubo dudas y el Gobierno ha tomado el mando de la lucha contra los pavorosos incendios de Madrid y Ávila. Ayuso pidió ayuda e hizo muy bien y Marlasca convocó a la Unidad Militar de Emergencias e incluso solicitó refuerzos a Europa. Incluso Pedro Sánchez se desplazó al centro de mandos de Cenicientos donde trató de infundir ánimo, pero sin dejar de reconocer que “la situación sigue siendo compleja”. Ahora todo depende del viento. En pleno siglo XXI, con la inteligencia artificial invadiendo nuestras vidas, la naturaleza sigue siendo indomable.

Y como ya se ha dicho miles de veces, el fuego se apaga en invierno. No se despide a las patrullas forestales, se deja pastar al ganado donde quiera, se deja que en los pueblos se puedan podar los pinares y aprovechar la leña, se hacen cortafuegos de verdad, no senderitos ridículos. Pero, todo esto ya lo saben las administraciones autonómicas, solo falta que pongan dinero y dejen de proteger tanto los bosques, donde no se puede coger ni una piña.

Las altísimas temperaturas, el monte lleno de árboles secos, ramas por los suelos, son dinamita para unos fuegos cada vez más rápidos y peligrosos. Bien lo saben las casi setenta mil personas que han sido confinadas u obligadas a desalojar sus viviendas y dejar sus animales.

Porque solo los incendios de Madrid y Ávila habían calcinado, hasta última hora del sábado, más de 23.000 hectáreas que tardarán décadas en volver a recuperar su masa forestal. Auguraban los científicos que el cambio climático convertiría la Península en un semi desierto. Lo que nadie imagino es que antes todo sería arrasado por el fuego.

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