Las ratas han invadido el barrio residencial de La Paz, en el Puerto de la Cruz. Un lecho de votos del PP, así que póngase las pilas el regidor municipal. Los nidos están en el parque El Laurel, que el Cabildo construyó para los niños y hoy se encuentra destrozado, descuidado y con restos de comidas que dejan ahí los cochinos que van a merendar en sus bancos. Las palmeras tampoco han sido dotadas de cintas de aluminio, luego las ratas suben y bajan por sus troncos como Pedro por su casa. Los roedores se han metido en los garajes comunitarios de la zona, en los apartamentos de las primeras plantas y en los locales comerciales. Las quejas al Ayuntamiento son como si lloviera. El otro día, en el mismo centro del Puerto, donde vivo, un extranjero que paseaba a un perro mató con una piedra a un pedazo de rata, que parecía un gato, antes de que se metiera en la rejilla de ventilación de La Caixa. A mí me dan mucho asco estos animales, no digamos a los habitantes de La Paz, que se tienen que bajar de sus coches, en los garajes, temiendo si van a pisar una rata despistada. La culpa es del descuido y de la suciedad. Si queremos mantener en condiciones una ciudad turística, jamás podemos descuidar los servicios. Yo lo digo con ánimo constructivo, no para que lo aproveche la oposición en su beneficio. Porque a mí el beneficio de la oposición me importa un carajo; lo que quiero es que en el Puerto de la Cruz se pueda vivir sin ratas. Y si la competencia es del Cabildo, el inútil de esa corporación que tenga que ver con el asunto, pues que también se ponga a ello. Porque, si no, mejor que se vayan todos a la mierda.
